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¿El Ocaso del Dólar?

Felipe Larraín B.

El patrón oro fue la forma en que se mantuvieron las paridades en el sistema monetario internacional hasta la década de los treinta (con una importante interrupción durante la Primera Guerra Mundial y en los años subsecuentes). Luego, cuando la Segunda Guerra Mundial expiraba, más de cuarenta países firmaron el acuerdo de Bretton Woods, que estableció un sistema de tipo de cambio fijo entre los países miembros del Fondo Monetario Internacional, que abarcaba a la mayoría de las economías de mercado del mundo. El acuerdo estipulaba que quienes lo firmaran debían fijar el valor de sus monedas con relación al dólar de los Estados Unidos, y el dólar sería convertible en oro a un precio fijo de 35 dólares la onza. El acuerdo de Bretton Woods se mantuvo vigente hasta 1971 cuando el presidente estadounidense Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro y cambió unilateralmente la paridad del dólar con respecto a las demás monedas internacionales.

Desde 1973 y hasta 1999 (fecha en que once países adoptaron el euro), el dólar estadounidense, el yen japonés y las monedas europeas operaron en un esquema cambiario de "flotación sucia", es decir, se permitía a las monedas moverse de acuerdo a las fuerzas del mercado, pero el banco central de cada país solía intervenir para presionar al tipo de cambio en una u otra dirección. En general, los tipos de cambio entre las monedas europeas se mantuvieron dentro de una banda estrecha desde 1973. El marco alemán y el franco francés, por ejemplo, flotaron libremente con respecto al dólar, aunque entre ellos se mantuvieron dentro de una banda estrecha la mayor parte del tiempo, en virtud de un acuerdo que llegó a conocerse como el Sistema Monetario Europeo. En enero de 1999, once países europeos adoptaron la misma moneda, el euro, emitida y administrada por el Banco Central Europeo, que se mantiene flotando respecto del dólar de igual forma como lo estuvieron las monedas europeas hasta 1999. Hoy ya son trece los países que han adoptado el euro y dos más lo harán en 2008.

Luego de que el Acuerdo de Bretton Woods fue desechado, el dólar se mantuvo como el eje central del sistema monetario internacional. En este sentido la evidencia es clara. En 2000 más del 70% de las reservas mundiales estaban en dólares. Pero dicha proporción ha caído año a año, llegando casi un 65% al segundo trimestre de este año. ¿Quién ha ocupado el espacio que el dólar ha dejado? El euro, que ha pasado de ser poco más del 18% de las reservas mundiales en 2000 a casi el 26% en 2007. También la libra a mostrado un ligero aumento, pero sólo llega al 4.7%.

En este sentido, al considerar el anuncio que varios países (entre ellos China) han hecho respecto de diversificar sus reservas para disminuir la proporción de estas que se mantienen en la moneda estadounidense, la pregunta que debemos contestar es si estamos o no frente a un punto de inflexión en el sistema monetario internacional. ¿Puede el dólar llegar a perder su rol como moneda de reserva? ¿Quién lo reemplazara? ¿El euro?

Para contestar las preguntas anteriores es necesario tener algo muy claro. Cualquier cambio que pudiese ocurrir no tendrá lugar de la noche a la mañana. Estos cambios son por definición paulatinos y por ello no podemos esperar modificaciones bruscas en el sistema monetario. Una vez claro lo anterior podemos responder las preguntas que nos hemos planteado. ¿Puede el dólar perder su rol como moneda de reserva? Si, claro que puede. Esto dependerá crucialmente de lo que haga el actual y el futuro gobierno de Estados Unidos. ¿Quién reemplazará al dólar? De acuerdo a las cifras del FMI sólo el euro muestra avances en participación de las reservas internacionales que permiten suponer que sea dicha moneda la que destrone al dólar.

El punto de fondo es que efectivamente podría ocurrir que el dólar pierda su rol protagónico en el sistema monetario internacional. Y la probabilidad de que ello ocurra ciertamente aumenta al mostrar la economía estadounidense signos de debilidad en el escenario macroeconómico, con un déficit de cuenta corriente en torno al 6% del PIB y que lleva varios años con déficits de similar magnitud. Además, a esto se suma un gobierno del todo inactivo que no puede hacer las reformas necesarias tanto por su baja popularidad, como por estar concentrado en la guerra en Irak.

El desafío de la nueva administración, posiblemente demócrata, no es menor. Debe devolver la fuerza al dólar, debe tratar de ponerlo nuevamente al sitio que ha mantenido ya desde 1973. Así también, será necesario que impulse las reformas que se requieren para revertir el déficit de la cuenta corriente y también para afrontar el retiro de los baby bommers. Claramente el desafío no es menor.

Por último, es necesario notar que la situación a la que se enfrenta el dólar no es algo irreversible. Aunque los indicadores macroeconómicos están débiles y hay mucha incertidumbre, Estados Unidos muestra una fortaleza y dinamismo en el entorno microeconómico que muchos países, incluidos los Latinoamericanos, deberían envidiar. Sigue siendo una de las economías más competitivas del mundo y no hay señales de que ello vaya a cambiar. Por lo mismo, si bien es cierto que hasta hoy el escenario no es muy favorable para la moneda estadounidense, aún la economía mundial no ha dictado sentencia definitiva al respecto. El dólar puede volver a ejercer el rol que desempeñó durante los últimos años, pero para que ello ocurra es necesario que, entre otras cosas, las autoridades estadounidenses implementen las reformas necesarias. El punto es que dada la situación de la actual administración, parece que será la siguiente la que tenga que tomar dicha decisión.

    
 
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