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La Matriz Energética y el Escenario Político Regional José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA En el océano de incertidumbres en que se ha convertido el tema de la energía en nuestros días, existen sin embargo tres islotes de certeza irrefutable: la primera, que la energía es un tema de preocupación crítica para todos los países del orbe, sin importar su tamaño; la segunda, que la energía es un requisito esencial para el desarrollo; y la tercera, que la distribución desigual de los recursos energéticos -en escala mundial y regional- tiende a generar situaciones de tensión entre los países. Nuestra región no escapa a la realidad que esas certezas reflejan y de ahí la inquietud creciente sobre el tema. La abundancia de recursos energéticos de nuestra región contrasta severamente con un escenario de crecientes necesidades insatisfechas. En la actualidad todos nuestros países, incluidos los exportadores netos de energía, enfrentan problemas relacionados con el suministro, la distribución y la generación de este elemento. La situación de inseguridad energética que este hecho genera es puesta en evidencia por el hecho que en la actualidad alrededor de 50 millones de personas en América Latina y el Caribe carecen de un acceso confiable a la energía eléctrica o que esté efectivamente al alcance de sus posibilidades económicas. Mirando hacia el futuro, en 2030 - según datos del Banco Interamericano de Desarrollo- la demanda de energía en América Latina habrá aumentado un 75 por ciento y la capacidad de generación eléctrica necesitará aumentar un 144 por ciento. ¿Seremos capaces de superar ese desafío? De mantenerse las tendencias actuales ciertamente que no. La matriz energética de nuestra región se basa en gran medida en combustibles fósiles. Esta amplia dependencia plantea una amenaza grave que afecta incluso a los grandes productores de petróleo de la región, que en la actualidad enfrentan amenazas severas sobre la eficiencia de sus industrias, cuyas reservas por lo demás se habrán agotado antes de que culmine este siglo. En el campo del gas natural la situación tampoco es enteramente satisfactoria, pues las reservas de América Latina representan sólo un 4,1% del total probado a nivel mundial y con un desarrollo del sector relativamente atrasado, en circunstancias que su consumo representa un 6,8% del total mundial. En ese contexto nuestra región tampoco escapa a la tercera de las certezas del mundo energético: la distribución desigual de los recursos energéticos y los efectos de ésta sobre el escenario geopolítico regional. El fuerte desequilibrio regional entre países productores y países importadores de recursos energéticos no sólo lleva a que los países vivan de manera distinta y a veces totalmente opuesta la evolución del mercado mundial de la energía, sobre todo en lo que se refiere al aumento de precios, sino que permite a países productores generar áreas de influencia u obtener concesiones especiales de parte de los países importadores. ¿Cómo superar esta situación? En primer lugar, naturalmente, es fundamental promover la eficiencia energética en todos los sectores de la economía ya que un kilovatio ahorrado siempre resulta más barato que un kilovatio generado. Las medidas de conservación energética ofrecen una solución rápida, barata y limpia de ampliar el suministro de energía, disminuir la necesidad de futuras inversiones y liberar capitales. Como una solución estructural creo que en todos los casos, y no sólo para los países que estén en una situación desventajosa, se debe promover además la diversificación de la matriz energética, buscando un adecuado equilibrio entre diversas fuentes de modo de asegurar una mayor seguridad en la disponibilidad de los recursos y una mayor independencia de sus proveedores. Ya hacen esfuerzos en ese sentido Brasil y Chile, que son los mayores consumidores de gas natural de la región y que han decidido ampliar su matriz energética incorporando gas natural licuado, que pueden importar desde muy diversas fuentes intra y extra regionales. El uso de fuentes alternativas y renovables es una vía particularmente propicia para diversificar la matriz energética. Baste recordar que la nuestra es una región favorecida por una gran diversidad de recursos naturales renovables que pueden ser convertidos en energía limpia en la forma de electricidad y/o combustibles líquidos tales como el etanol y el biodiesel. Hay que considerar, además, que el uso de energías renovables no es nuevo en el hemisferio y buscar diversificar la matriz energética por ese medio no representa ni un gran riesgo ni una aventura. Menciono sólo el caso de la energía hidráulica, que ha sido parte importante de la matriz energética de la región durante muchos años y que abastece aproximadamente el 90 por ciento de todas las necesidades de un país de tan importante demanda energética como Brasil. Otra posibilidad significativa en este terreno es la que aporta la energía nuclear. Los países de América latina y el Caribe, que han contribuido durante cuarenta años a la no proliferación de armas nucleares por intermedio del Tratado de Tlatelolco, que rechazan firmemente las armas nucleares y que denuncian de manera permanente su uso o la amenaza de su uso como una violación del Derecho Internacional, no deben sentirse inhibidos de investigar, desarrollar y producir energía nuclear con fines pacíficos, con el objeto de facilitar el acceso a combustibles nucleares a precios razonables para abastecer reactores destinados a generar energía eléctrica. La electricidad que generan las plantas nucleares no produce emisiones sulfurosas o de mercurio, ni gases que provoquen el efecto invernadero. Por otra parte, considerando los actuales precios de los combustibles sólidos, la energía nuclear podría llegar a ser más barata que la producida mediante petróleo o gas natural. Si exploramos todos estos campos, la búsqueda de la diversificación de la matriz energética puede contribuir decisivamente a aumentar la seguridad energética en nuestros países, superar todos los obstáculos que la energía pueda oponer al crecimiento y el desarrollo económico en la región y, sobre todo, eliminar los focos de tensión que el actual desequilibrio energético provoca entre nuestros países. |
