El término ‘crecimiento persistente sin empleo’ se refiere al fenómeno en el que las economías que están saliendo de recesiones demuestran crecimiento económico a la vez que apenas mantienen –o, en algunos casos, disminuyen– su nivel de empleo. La escala y significancia de este problema son evidentes en el alto puesto en que aparece esta tendencia, en el lugar dos de las 10 principales tendencias para 2015 en el Panorama de la Agenda Global de este año: un aumento incluso en relación al informe del año anterior, cuando el empleo estructural persistente apareció como la tercera tendencia más preocupante.

Las transformaciones y la pérdida de trabajo asociadas con el progreso tecnológico están ocurriendo de manera más rápida, e incluso podrían ser más dramáticas en su impacto que cualquier cosa que hayamos experimentado en el pasado, y la tarea de proporcionarles un papel significativo y sustancial a todos será de gran importancia. Pero creo que esto nos ofrece una gran oportunidad para aprovechar tanto los bajos costos actuales en los préstamos como los recursos laborales subutilizados y embarcarnos en proyectos de gran escala y reparar la infraestructura esencial en nuestras economías desarrolladas y emergentes.

Si examinamos la información de los trabajadores de 25 a 54 años de edad –el grupo al que consideramos la columna vertebral de la fuerza laboral– el porcentaje de aquellos que no están trabajando ha aumentado por un factor de más de tres durante el curso de mi vida, y esa tendencia parece estar aumentando inexorablemente. Si las tendencias actuales continúan, podría ocurrir que dentro de una generación un cuarto de la población de mediana edad se encuentre desempleada en algún momento. Incluso China, que ha disfrutado un crecimiento sin precedentes en competitividad y exportación, ha visto su empleo en la manufactura disminuir durante los últimos 20 años gracias a esta rápida industrialización y uso de tecnología y automatización. Esta es una tendencia a largo plazo y es posible que observemos estos fenómenos en todo el mundo, incluso en las economías emergentes conforme éstas atraviesan por el bien andado sendero de la industrialización. Las revoluciones de la robótica y de la impresión 3D podrían acelerar esta tendencia aún más, ya que el relativamente bajo costo de entrada de estas tecnologías disruptivas las pone más al alcance de todos, incluso de las economías en vías de desarrollo.

La automatización es ciertamente el factor primordial. Por supuesto que la tecnología puede ayudar en la creación de empleos, pero yo no creo que haya nada automático acerca de este proceso. En la historia de Estados Unidos, los dos presidentes Roosevelt y el presidente Wilson reconocieron e hicieron posible la transformación en el papel del gobierno federal para atender las necesidades de los trabajadores que percibían salarios promedio o inferiores al promedio. Los factores influyentes varían de la creación de la Tennessee Valley Authority a la omnipresencia de la electricidad, de la construcción del sistema de carreteras a las redes de fibra óptica. Todo esto contribuyó para hacer del progreso algo posible.

Si lo consideramos en su totalidad, estamos mucho mejor gracias al progreso tecnológico. Pero, si no actuamos, corremos el riesgo de disfrutar un menor número de adelantos en el estándar de vida y más personas se quedarán atrás. Podría haber una mayor sensación de pérdida de legitimidad y confianza en el gobierno, un mayor recurso del nacionalismo por parte de los líderes políticos y poblaciones más ríspidas y molestas que, por su parte, culparían a las minorías en sus territorios y a supuestos enemigos en el exterior. Es probable que esta sea una de las razones por la que vemos muchos de estos problemas interconectados aparecer entre las tendencias globales restantes.

No creo que ninguno de nosotros sepa con certeza qué tipo de política deberían adoptar nuestros gobiernos: no estoy seguro que esta era haya encontrado todavía su Bismarck o su Gladstone, alguien capaz de enfrentarse a este reto y transformar la política gubernamental para satisfacer las necesidades de su época. Entre las áreas clave que tendrán que cambiar está la educación a fin de que nuestras escuelas y  universidades incentiven las tareas que las máquinas no pueden hacer: la colaboración, la creación y el liderazgo. Al mismo tiempo deberán enfatizar menos los trabajos que las máquinas pueden hacer: el monitoreo, el cálculo y la ejecución.

La ventaja de esta tendencia es que las personas que están perdiendo su empleo debido a la mayor productividad estarán libres para poder laborar en otros sectores. En este periodo hay, por ejemplo, una gran oportunidad para remediar las deficiencias de la infraestructura. Por un lado, en Occidente tenemos una infraestructura en decadencia: aeropuertos, sistemas ferroviarios y sistemas de telecomunicaciones. Por el otro, contamos con intereses de préstamo a un récord bajo, niveles altos de desempleo en la construcción que se aproximan al récord y recursos no utilizados.

A final de cuentas, soy optimista, pero soy creyente en el optimismo cuando esto implica sonar las alarmas. No tomo una posición automáticamente optimista porque creo que la historia nos enseña que la complacencia es una profecía autofrustrada.

Panorama sobre la Agenda Global

Autor: Lawrence H. Summers es presidente emérito y profesor de la Universidad de Harvard.

Imagen: REUTERS/Patrick T. Fallon