Los ataques del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York y Washington fueron devastadores, inclusive para decenas de países y ciudades fuera de los Estados Unidos. Las posteriores invasiones de Afganistán e Irak, y la prolongada guerra mundial contra el terrorismo dispararon una reacción en cadena compleja de desestabilización en África, Asia Central y Medio Oriente. También desencadenaron efectos dominó violentos que se expandieron desde América del Norte y Europa hasta el Sudeste asiático. Pocos actos excepcionales han movido tanto el arco de la historia.

Después de 15 años, en lugar de sentirnos más seguros, hay una sensación aceptable de que el terrorismo está fuera de control. Los tan notorios ataques por parte de extremistas en las principales ciudades de Bélgica, Francia, El Líbano, Turquía y los Estados Unidos han colocado al mundo en una situación extrema. Si bien algunos de los atacantes son locales y sus reclamos en parte están relacionados con la región, las motivaciones que manifiestan prácticamente siempre tienen su origen en las crisis interconectadas en el gran Medio Oriente. Los comentaristas hablan de manera preocupante sobre una nueva clase de guerra mundial que alcanza al mundo entero. Los populistas aclaman por el cierre de las fronteras nacionales para mantener a raya a los "potenciales" terroristas.

Un nuevo tipo de guerra

Esta nueva guerra del estilo guerrilla no está librada por fuerzas convencionales, sino por drones y fuerzas contra el terrorismo por un lado y una constelación cambiante de organizaciones como ISIS, Al Qaeda, Boko Haram y Al Shabaab por el otro. Los métodos de estos últimos son descentralizados, conectados y asimétricos. Los objetivos no se restringen a grupos específicos de la población o incluso sitios simbólicos como en el pasado. En cambio, el objetivo de grupos como ISIS es asediar ciudades y cerrarlas con eficacia por el mayor tiempo posible.

Mientras que las estadísticas públicamente disponibles están fragmentadas, no se puede negar que la violencia terrorista está en aumento. Más de 3 700 personas fallecieron como consecuencia del terrorismo en 2014, 80 % más que el año anterior. Los últimos informes sugieren que más de 28 000 personas murieron durante eventos terroristas en 2015 y que probablemente el número sea similar en 2016. Existe una cautelosa resignación de que los ataques son inevitables en Occidente: no se trata tanto de si habrá otro ataque en una importante ciudad del mundo sino dónde, cuándo y de qué magnitud.

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Pero, ¿las ciudades europeas y estadounidenses son realmente la primera línea de un yihad global? Para sumar controversia, ¿es el terrorismo realmente un riesgo clave que contribuye a la fragilidad en ciudades en el siglo XXI? Una forma de responder la pregunta es considerar los números. Esto no está tan claro como suena. La veracidad y el tratamiento de la información sobre la violencia letal es ambivalente pero las estadísticas sobre la violencia en ciudades, es un indicador importante del riesgo real y futuro. Desde esta perspectiva, Bruselas, París, Londres, Niza y Nueva York son datos atípicos cuando se trata de terrorismo. Tan terroríficos como pueden ser los ataques en estas ciudades, se trata de eventos altamente improbables.

La Base de datos global del terrorismo y otros informes emitidos por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, han incluido resultados considerablemente consistentes durante las últimas décadas. La amplia mayoría de los incidentes terroristas constituye una función de reclamos políticos sumamente locales en una cantidad reducida de países. De hecho, menos del 3 % de los crímenes relacionados con terroristas sucedió en Occidente durante los últimos 15 años. Los últimos años no han sido diferentes, con una cantidad apabullante de víctimas concentrada en un puñado de ciudades de Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán, Somalía y Siria.

La magnitud de la violencia terrorista en estos seis países es asombrosa. Albergan a las 20 ciudades más propensas a ser elegidas como objetivo en el mundo durante los últimos cuatro años.

Un análisis del terrorismo en más de 2100 ciudades reveló que las tasas de muerte violenta (por cada 100 000) superaron a aquellas que podrían preverse en una zona de guerra. Aquí se destacan los principales centros urbanos como Bagdad, Karachi y Mogasidhu. No obstante, es poco probable que haya escuchado alguna vez sobre la mayoría de las otras.

De manera previsible, la mayoría de los crímenes terroristas se orienta a zonas con una densa población, especialmente mercados, estaciones de autobuses y edificios públicos en ciudades.

No obstante, un desglose de las estadísticas de terrorismo sugiere que no se trata meramente de un fenómeno urbano, mucho menos de uno limitado a grandes ciudades. También es en función de la magnitud de la urbanización en un país determinado y, igual de importante, de la táctica terrorista, que varía entre los lugares. En Irak, poco menos del 50 % de los crímenes terroristas sucedió en ciudades de más de 250 000 personas. En Siria, la proporción es del 70 %. Mientras tanto, en Afganistán, la proporción es solo del 10 % urbana, mientras que en India cae al 8 %.

Nuestra única preocupación no debería ser el terrorismo

Si bien la preocupación por el terrorismo es justificada, cabe destacar que no es la única, ni la más significativa, causa de muerte violenta en el mundo.

Las muertes relacionadas con el terrorismo decaen en comparación con el alcance y la escala de la violencia homicida en las ciudades. Entre 400 000 y 500 000 personas son asesinadas por año, al menos 10 veces la cantidad que muere como consecuencia del terrorismo. Si bien los eventos terroristas alcanzaron un pico máximo en algunas ciudades occidentales durante los últimos dos años, la cantidad de personas que corren el riesgo de ser asesinadas es considerablemente mayor. Esto sucede especialmente en el caso de hombres jóvenes, para los que el homicidio todavía es una de las más grandes amenazas para su vida.

Tal como en el caso del terrorismo, hay numerosas zonas activas donde el homicidio urbano es especialmente prolífico.