Estamos viviendo un momento crucial en la historia - un punto de inflexión para el mundo. Estamos entrando en la era de la Cuarta Revolución Industrial.

Dependiendo de las decisiones colectivas que tomemos - como consumidores, como comunidades, como líderes de negocios, de gobiernos y de la sociedad civil - estos avances tecnológicos podrían darnos el poder de avanzar hacia un mundo más próspero, siendo más sostenibles y más inclusivos. Alternativamente, podríamos crear un mundo en el que nuestros sistemas económicos, políticos y sociales son más rígidos, más desiguales y más conflictivos.

Es imprescindible entender y enfrentar las opciones que podemos y debemos tomar hoy, lo cual sustenta la decisión del Foro de abrir una oficina en San Francisco - un centro internacional que es equidistante del de Europa, Asia y América del Sur. Hace más de 70 años en esta misma ciudad, la Carta de las Naciones Unidas se firmó al finalizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional.

En la sesión de clausura de la conferencia, el presidente estadounidense Harry Truman dijo: "La Carta que acaban de firmar es una estructura sólida sobre la cual podemos construir un mundo mejor." Hoy en día, estamos decididos a contribuir a un mundo mejor mediante el lanzamiento de una iniciativa de relevancia global.

Desde aquella conferencia en 1945, el mundo ha cambiado drásticamente. Se ha vuelto más complejo, más interconectado, más acelerado, y sin duda más difícil de navegar Lo que se mantiene sin cambios, sin embargo, es que con el fin de que abordemos estos retos, todas las partes interesadas de la sociedad global - y vuelvo a citar al presidente Truman - "deben colaborar para hacer que funcione".

Un mundo cambiante

¿Cuál es nuestro punto de partida? A pesar del pesimismo que impera en la sociedad actual, por muchas medidas objetivas, éste es el mejor momento de la historia humana que nos ha tocado vivir.

Entre 1990 y 2010, el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza a nivel mundial se ha reducido a la mitad. Esto significa que más de mil millones de personas viven con mejor calidad de vida. La esperanza de vida a nivel global ha aumentado significativamente en el último siglo. En Asia oriental, por ejemplo, la esperanza de vida en 1950 era de 45 años. Hoy en día, es de más de 74. Los niveles de guerra y crímenes violentos son más bajos a pesar de las tragedias en lugares como Siria, y de otros focos de violencia en otras partes del mundo. En términos de condiciones materiales y del estado de la seguridad humana, vivimos, en promedio, mejor que nunca.

Al mismo tiempo, el sistema que hemos construido nos está fallando en otras formas. Muchos de nosotros estamos preocupados por diferentes riesgos - desde el cambio climático a la inestabilidad geopolítica - que podrían revertir los logros.

Se habrán dado cuenta de que he dicho que es el mejor momento para estar vivo “en promedio". Una de las cuestiones que más deberían preocuparnos es el creciente nivel de desigualdad. En muchos países desarrollados, incluyendo EE.UU., los ingresos medios se han estancado o han caído, y muchas personas creen que su nivel de vida será peor en el futuro - no sólo para ellos, sino también para sus hijos. Millones de personas en todo el mundo no solo carecen de oportunidades económicas, sino, más importante aún, de esperanza y de sentido en sus vidas. En este sentido, tenemos que tener un enfoque amplio de miras para evitar el clamor popular que ya domina nuestras discusiones políticas.

El papel de la tecnología

La tecnología ha jugado un papel fundamental en la configuración tanto de los logros como de las divisiones que existen en nuestras sociedades y economías en la actualidad. Y ahora, en la era de la Cuarta Revolución Industrial, la tecnología es cada vez más influyente en la formación de nuestras sociedades, de nuestros valores y políticas.

Hoy en día, tenemos una ventana de oportunidad. Vivimos en un momento en el que se están estableciendo las normas, valores y regulaciones de los sistemas tecnológicos de la Cuarta Revolución Industrial. No debemos perder la oportunidad de asegurar que estos sistemas están cuidadosamente alineados con la idea de un mundo abierto, incluyente, próspero y dinámico.

El lema del Foro Económico Mundial desde su fundación hace más de 45 años ha sido siempre "el espíritu empresarial es del interés público global". Estamos profundamente comprometidos con la actividad empresarial como el motor del desarrollo económico y el progreso social. Y tenemos que actuar rápido si queremos evitar las desastrosas consecuencias de la erosión del apoyo popular hacia nuestros sistemas de orden nacional e internacional. La globalización y el capitalismo son percibidos como la principal razón del descontento general, pero la más profunda ansiedad proviene de las nuevas tecnologías disruptivas como la robotización, el big data, la inteligencia artificial, y otros.

Sabemos que estos acontecimientos son muy prometedores, pero también plantean cuestiones legítimas. La economía mundial puede haber entrado en una "nueva normalidad" - como lo llaman algunos - pero la sociedad se enfrenta a un "nuevo desconocido", añadido a la penumbra general.

Una revolución tecnológica que beneficie a todos

Para reducir el "nuevo desconocido", tenemos que integrar el concepto ​​en las etapas más tempranas de la disruptiva tecnológica. De esta manera, podemos asegurar que se adopta una perspectiva global y reducir al mínimo las consecuencias negativas no deseadas. A esto lo denomino "gobierno ágil" - para asegurar que los responsables políticos y la sociedad no tienen que ponerse al día más adelante. Esto también es de gran interés para los negocios. El papel de las nuevas tecnologías, y la difusión de centros de innovación, es aún más importante cuando los principios y normas universales son compatibles con esta implementación global.

Soy un fan de la tecnología y un optimista por naturaleza. Cuando hablamos de la cuarta revolución industrial, no hablamos solo de las propias tecnologías. Nos referimos a la creación de nuevas posibilidades para la humanidad y el planeta. Se trata de comprometerse con los avances tecnológicos - no como fines en sí mismos, sino como un medio para crear sistemas económicos y sociales más inclusivos.

Por consiguiente, la Cuarta Revolución Industrial debe ayudar a los líderes de negocios, los gobiernos y la sociedad civil a encontrar nuevas formas de crear valor entre ellos. Ayudar a las comunidades a crecer y ser más resistentes. Potenciar, apoyar e incluir la participación de las personas que de otra forma se verían excluidas de los grandes avances que se están realizando.

Debemos recordar que las revoluciones industriales no están distribuidas de manera uniforme en el tiempo y el espacio. Todavía hay muchas personas alrededor del mundo que no se han dado cuenta de los beneficios que otras revoluciones industriales anteriores han generado. Alrededor de mil millones de personas no tienen acceso a la energía. Más de dos mil millones no tienen agua potable y saneamiento. Más de cuatro mil millones no tienen acceso a internet. La Cuarta Revolución Industrial puede servir como un formidable acelerador de la inclusión social. El Foro Económico Mundial está llevando a cabo muchas iniciativas en este sentido, tales como Internet para Todos, u otra sobre inclusión financiera.

La cuarta revolución industrial no debe limitarse a los países ricos o individuos ricos - sino que debería ayudarnos a resolver los problemas sociales, económicos y ambientales que hemos creado en revoluciones industriales anteriores.

Como comenté en mi libro - que introdujo el concepto de la Cuarta Revolución Industrial y fue publicado a tiempo para Davos, en enero de este año - hay que poner a los seres humanos en el centro de los sistemas que estamos desarrollando, y crear una revolución de valores, de cultura, y de la industria. Esto significa que todos nosotros debemos pensar en las consecuencias, y trabajar para integrar valores positivos en todos nuestros sistemas tecnológicos.

¿Cómo hacemos esto?

Todos tenemos la capacidad de dar forma al futuro de la tecnología. Y todos tenemos la enorme responsabilidad de asegurar que la tecnología permite ese futuro al que aspiramos. El Foro es muy consciente de esta responsabilidad, y actúa como una plataforma para la gente de todos los países y sectores, para hacer un cambio positivo.

Estoy muy orgulloso y emocionado de anunciar oficialmente que el Foro inaugura el Centro para la Cuarta Revolución Industrial en San Francisco. Pretende ser una plataforma global para el diálogo, para conversaciones complicadas, para el intercambio de ideas y experiencias, así como para la acción conjunta sobre cuestiones de estrategias, políticas y gestión relacionadas con el impacto de las nuevas tecnologías digitales.

Les invito a todos a participar en el nuevo centro, y jugar un papel fundamental en la creación de estas conversaciones. Estamos muy interesados ​​en comprender sus perspectivas, sueños y preocupaciones acerca del papel de las tecnologías emergentes; y con ganas de poner sobre la mesa las voces, esperanzas y temores de aquellos que no siempre son parte de la conversación sobre tecnología global.

Este artículo se basa en un discurso pronunciado durante la apertura del nuevo Centro del Foro Económico Mundial para la Cuarta Revolución Industrial.