Los bosques tropicales son fundamentales para el crecimiento sostenible en África. También tienen repercusiones económicas, ambientales y sociales que se extienden mucho más allá del continente.

Si bien cubren menos del 7% de la superficie terrestre, los bosques tropicales albergan aproximadamente el 50% de los seres vivos de la tierra. Sin embargo, estos bosques se están talando a una tasa de 18 millones de hectáreas al año.

Aunque es difícil calcular con precisión el valor económico de los bosques, una estimación del proyecto “La economía de los ecosistemas y la biodiversidad”, impulsado por el Gobierno del Reino Unido, estimó que la pérdida de biodiversidad causada por la deforestación costaría a la economía global un máximo de 4,5 billones de dólares al año.

Una industria que podría verse afectada en gran medida es la industria farmacéutica. Las selvas tropicales proporcionan los ingredientes clave para un 25% de los productos farmacéuticos y los medicamentos recetados derivados de plantas de la selva tropical se utilizan para tratar el cáncer, enfermedades del corazón, bronquitis, artritis, diabetes y otras afecciones. Sin embargo, solo alrededor del 1% de las plantas se han analizado para determinar sus propiedades medicinales, por lo que la deforestación significa que las especies se pierden antes de que se puedan explorar.

Los bosques tropicales también son importantes en la lucha contra el cambio climático. Como “pulmones de la tierra”, los bosques absorben dióxido de carbono y producen oxígeno a cambio. Cuando se tala un bosque, los árboles liberan en la atmósfera este dióxido de carbono almacenado. A nivel mundial, la deforestación representa alrededor del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero. No podemos resolver el cambio climático sin abordar también la deforestación.

La deforestación también afecta a las lluvias. A nivel local, cambia los regímenes de las precipitaciones y de drenaje de agua, que hacen que los bosques restantes sean más secos. También podría tener repercusiones mundiales con modelos científicos que demuestran que la destrucción total de los bosques tropicales en África Central reduciría las precipitaciones en el sur de Europa y la zona norte y sur del Medio Oeste de los Estados Unidos.

El impacto de la deforestación en los ecosistemas y en el hábitat de los animales también podría tener grandes repercusiones. Por ejemplo, la ministra de Medioambiente de Francia, Ségolène Royal, dijo en una conferencia el año pasado que los investigadores creen que la deforestación en África Occidental incrementó las probabilidades de la epidemia de Ébola en 2014. Es probable que la destrucción del hábitat natural de los murciélagos frugívoros, portadores del virus del Ébola, los desplazara hacia asentamientos humanos para encontrar alimento.

África es el hogar de aproximadamente el 18 % de los bosques tropicales del mundo. El segundo bosque tropical más grande del planeta se encuentra en la cuenca del Congo en África Central y ocupa una superficie de aproximadamente 3 millones de kilómetros cuadrados, que es más grande que toda la masa terrestre de la Argentina.

A pesar de su importancia económica, social y ambiental, los bosques tropicales de África están en riesgo. Casi el 90% de la selva tropical costera de África Occidental ya ha sido destruida, y la deforestación en la cuenca del Congo se ha duplicado desde 1990.

Dos de las mayores amenazas para los bosques tropicales de África continúan siendo la tala y la agricultura. La producción no sostenible del aceite de palma es uno de los mayores problemas

El aceite de palma se encuentra en aproximadamente la mitad de todos los productos envasados que se venden en los supermercados. Ya es una industria mundial de 50 mil millones de dólares y se prevé que para el 2022 crecerá a 88 mil millones. Se espera que África sea la próxima zona de crecimiento para la producción de aceite de palma.

Es importante entonces que siete gobiernos africanos —República Centroafricana, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Ghana, Liberia, República del Congo y Sierra Leona— hayan acordado proteger más del 70% de los bosques tropicales de África de la producción no sostenible de aceite de palma.

Igualmente importante es el apoyo demostrado por las grandes empresas dirigidas a los consumidoras como Nestlé, Colgate-Palmolive y Unilever; productores de aceite de palma incluidos Feronia, GVL, el grupo Socfin y Wilmar; y organizaciones de la sociedad civil como Conservation International, Roundtable on Sustainable Palm Oil (Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible) y World Wildlife Fund (Fondo Mundial para la Naturaleza), entre otros.

Este apoyo es fundamental, ya que es poco probable que los gobiernos puedan frenar la deforestación debida a la producción no sostenible de aceite de palma por su cuenta, como lo demuestra la lucha constante para combatir la tala ilegal. Para alcanzar el éxito, será necesario que una gran diversidad de partes interesadas trabajen conjuntamente para tratar los temas interrelacionados de protección ambiental, derechos humanos (pueblos indígenas que viven en zonas forestales), producción agrícola y asegurar el sustento de los pequeños agricultores.

Las nuevas herramientas tecnológicas también ayudarán. Por ejemplo, Global Forest Watch está utilizando los rápidos adelantos en imágenes satelitales para aumentar la transparencia y mejorar el acceso a los datos relacionados con los bosques. Cualquier persona con una computadora puede crear mapas personalizados, analizar las tendencias de los bosques y descargar datos procesables. En Panamá, las comunidades locales están utilizando aviones no tripulados para controlar los bosques en tiempo real durante todo el año. En otros lugares, los gobiernos están estudiando la forma de aplicar la tecnología de cadenas de bloques al seguimiento de las asignaciones de derechos de tierras.