Ahora que Estados Unidos se prepara para encerrarse en sí mismo, la importancia internacional del desempeño económico de China es más grande que nunca. Que China logre un crecimiento sostenible en los años venideros dependerá de diversos factores clave.

Uno de los principales factores externos que definirán el futuro de China será su relación con Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump. Lo ideal sería que ambos gobiernos trabajen juntos para negociar acuerdos de comercio e inversión que beneficien a ambas partes, teniendo en cuenta los desafíos a que se enfrenta cada una. Pero es perfectamente posible que suceda lo contrario: una escalada de disputas mutuamente perjudiciales en relación con esos temas.

También está el aumento de la incertidumbre política en Europa. Si bien su efecto sobre China no será tan directo como el de las acciones de Trump, es una fuente de importantes riesgos a mediano plazo para toda la economía mundial.

En Asia, un factor fundamental que definirá el futuro económico de China es el avance de sus propuestas de acuerdos regionales de comercio e inversión. En particular, las inversiones en desarrollo regional a través de la iniciativa “un cinturón, una ruta” y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura pueden producir un aumento del comercio y del crecimiento en Asia (y el resto del mundo), aunque los efectos no serán inmediatos.

El cuarto gran factor externo es el tipo de cambio. En la actualidad el yuan está sujeto a una importante presión a la baja, que se debe en gran medida a un aumento de los egresos de capitales. Al mismo tiempo, el dólar estadounidense se fortalece en previsión de la expansión fiscal del gobierno de Trump. El desempeño de China dependerá en parte de cómo evolucione esta dinámica.

Pero además de las incertidumbres y limitaciones externas, China se enfrenta a una multitud de desafíos internos que pueden ser incluso más peligrosos para su economía. Estos desafíos (entre ellos: debilidades en la economía real y el sector privado, exceso de capacidad, elevado endeudamiento y altos precios inmobiliarios) derivan en gran medida de problemas crecientes del sector financiero, que la dirigencia china no ha podido resolver.

Piénsese en los intentos de promover la inversión en el sector real. El Banco Popular de China ha estado inyectando golpes de liquidez en el mercado, con la esperanza de aliviar las restricciones financieras a las empresas e industrias productivas privadas. Pero el mecanismo de transmisión de la política monetaria está roto, y la liquidez no llega a la economía real; en cambio, los bancos chinos siguen asignando la mayor parte del crédito a empresas estatales y a instrumentos financieros municipales.

Los préstamos al sector estatal, en vez de invertirse en mejoras de la productividad, terminan en el mercado inmobiliario (donde impulsan burbujas de precios) y en industrias con exceso de capacidad (donde contribuyen a aumentar ese exceso y ahorran a las empresas encarar reestructuraciones muy necesarias). En cuanto al crédito barato a los municipios, aunque estos lo dedican a inversiones en infraestructura, el rendimiento social de esas inversiones suele ser bajo, y el rendimiento marginal está en caída, dado el veloz ritmo de construcción de infraestructuras en las últimas décadas. Mientras tanto, los municipios están cada vez más endeudados.

Además, con el dinero recibido en préstamo, las empresas estatales pueden ir al sistema bancario informal (no regulado) y prestárselo a tasas más altas a empresas privadas que no pueden endeudarse en forma fiable en el sistema bancario formal. Mientras el tipo de interés de un préstamo a un año en la banca formal se sitúa cerca del 5%, en el sistema informal en Wenzhou (por poner un ejemplo), la tasa promedio a un año en noviembre era cercana al 16%.

Esta situación es un peligro para toda la economía. Mientras los bancos salvan compañías en bancarrota, las empresas privadas (especialmente las pymes) están cada vez más constreñidas. Como por lo general el sector privado es mucho más productivo que las empresas estatales o que los instrumentos financieros municipales, con retornos sobre la inversión mucho más altos, la falta de sujeción de las empresas estatales en dificultades a límites presupuestarios estrictos es un problema que hay que resolver.

Por supuesto que la dirigencia china lo sabe hace rato, y tiene en marcha planes para reformar las empresas estatales y liberar el potencial del sector privado. Pero todavía es una tarea incompleta. Convencer a los bancos para que asignen el crédito a empresas privadas, en vez de a empresas estatales o instrumentos financieros municipales, demandará cambios estructurales importantes en la economía china.

Para las instituciones financieras, las empresas privadas suponen mucho más riesgo que las estatales o que los instrumentos municipales (sin importar su grado de endeudamiento o falta de competitividad), ya que como en el segundo caso hay garantía implícita del gobierno central o de los municipios, el riesgo de impago es muy bajo.

Los bancos saben (o creen) que si los deudores del segundo tipo caen en problemas, el gobierno los rescatará con subsidios y políticas favorables, rebajas de impuestos y financiación a bajo costo. En algunos casos, los bancos no tienen más opción que prestar a empresas estatales inviables: a veces sus gobiernos provinciales les exigen otorgar crédito barato a empresas improductivas en problemas, sobre todo cuando su aporte a las arcas locales y el empleo es importante.

Las empresas privadas no gozan de esas protecciones oficiales, es decir, corren con desventaja, porque están obligadas a ser mucho más productivas y competitivas que las estatales. Y además son vulnerables a cambios de políticas sin otro objetivo que mejorar la situación de sus competidoras estatales en dificultades, lo que aumenta la desventaja.

En síntesis, la preferencia del sector financiero por las empresas estatales contribuye a algunos de los riesgos más grandes para la economía china, y puede ser que la percepción de esos riesgos por parte de los inversores sea una de las causas del egreso de capitales; es decir, los incentivos distorsivos del sistema financiero también aumentan la presión bajista sobre el tipo de cambio.

Estos últimos años China hizo grandes avances en la implementación de reformas para impulsar el consumo privado interno. Y a pesar de los obstáculos que enfrenta, el sector privado se ha vuelto muy dinámico e innovador. Las primeras reformas ya están rindiendo frutos, y esto ayudó a sostener el crecimiento económico.

Pero para lograr un crecimiento más veloz y sólido, China debe eliminar los sesgos, las protecciones y las garantías implícitas que favorecen a las empresas estatales en el mercado y en el sistema financiero. Sólo entonces la política monetaria podrá lograr su objetivo: apoyar la inversión productiva, la innovación, el aumento de escala de las empresas del sector privado y el crecimiento económico real.