Este artículo forma parte de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2017

Los avances de la neurociencia nos enseñan que los padres y cuidadores, los profesionales de la salud y de la educación primaria, los gobiernos y las sociedades pueden mejorar la estructura cerebral de los niños enriqueciendo y protegiendo su entorno, desde el momento en que son concebidos hasta que llegan a los cinco años.

En términos neurocientíficos, el desarrollo óptimo del cerebro en los niños equivale a la conexión de 1000 neuronas por segundo. Estas conexiones neuronales forman la arquitectura del pensamiento, el aprendizaje, la salud, la memoria, la capacidad de sentir empatía y muchos otros componentes vitales de los niños que les ayudan a llevar una vida de calidad. El hecho de que no tengamos que depender únicamente del ADN de un niño para determinar su salud, crecimiento y felicidad, su éxito en la escuela, o incluso cuánto ganarán cuando lleguen a la edad adulta, es una oportunidad increíble, y de enorme responsabilidad.

Siendo madre de dos niños que están en el período de máximo desarrollo del cerebro, definitivamente siento el peso de esta inmensa oportunidad y responsabilidad, lo que seguramente también le sucede a muchos padres en todo el mundo. Cuando miro a mis hijos, me pregunto: ¿estoy haciendo todo lo que puedo para ayudar a que sus cerebros crezcan fuertes? ¿les doy suficiente amor, protección y nutrición para un desarrollo óptimo? ¿mis acciones contribuyen de manera positiva en sus experiencias y, en última instancia, en su desarrollo cognitivo, social y emocional? Creo que sí, y tengo la suerte de poder proporcionarles estos elementos esenciales para su desarrollo en la primera infancia.

Pero hoy en día, millones de niños pasarán sus primeros años privados del amor, la buena alimentación, la protección y los juegos que sus cerebros necesitan. La falta de estimulación, seguridad y atención, que puede inhibir las conexiones neuronales, no es culpa del niño y, a menudo, tampoco de sus padres o cuidadores. Todo lo contrario. De hecho, es un problema social. Hay muy poca conciencia y apreciación de los elementos simples del desarrollo en la primera infancia que son absolutamente fundamentales para el crecimiento, no solo para los niños y sus familias, sino también para toda la economía. Lo que es más, todavía no hemos comprendido plenamente el costo potencial de la inacción para las generaciones venideras.

Invertir en el desarrollo de la primera infancia es una de las formas más rentables de aumentar el capital humano. El crecimiento inhibido de los niños puede ocasionar un menor nivel educativo, menores ingresos cuando sean adultos y enfermedades crónicas. Un estudio demostró que los niños desfavorecidos que recibieron apoyo de los programas de desarrollo de la primera infancia ganaron un 25% más de adultos que los niños desfavorecidos sin apoyo.

Una solución es dar a los padres de recién nacidos y a las mujeres embarazadas el conocimiento, las oportunidades y el tiempo que necesitan para ser los padres que necesitan ser. El sector privado debe invertir en su fuerza de trabajo ahora para asegurarse de que la próxima generación de trabajadores esté equipada con las habilidades y la capacidad cerebral necesarias para el futuro. Además, al priorizar la inversión financiera en programas que apoyen el desarrollo en la primera infancia, el sector privado está invirtiendo en el futuro de su fuerza de trabajo.

Otra solución es invertir en las familias más excluidas y vulnerables para ofrecerles el apoyo que necesitan para brindar a los niños protección y cuidados, y un entorno enriquecedor donde reciban amor y estímulos, ayudándoles a romper el ciclo intergeneracional de pobreza y privación. Apoyar a los padres y cuidadores más vulnerables puede significar un costo relativamente pequeño, desde tan solo 50 centavos por habitante al año, si los programas de cuidado de los padres están incluidos en los servicios de salud ya existentes.

Durante el tiempo que le llevará leer este texto, el cerebro de un niño pequeño bien cuidado habrá hecho alrededor de 600.000 conexiones neuronales.

Un movimiento a favor de la primera infancia es necesario ahora. Los gobiernos y el sector privado deben invertir en políticas que apoyen a los padres y que les den los recursos y el tiempo que necesitan para amar, cuidar y proteger a sus hijos pequeños. Necesitamos invertir en programas de cuidado infantil. Y finalmente, necesitamos que los padres entiendan sus derechos sobre el tiempo y el conocimiento que necesitan para criar hijos felices, saludables y creativos.

Ahora sabemos más que nunca que hay maneras de darle al cerebro de cada bebé la oportunidad de desarrollar su capacidad óptima, de darle a cada niño la oportunidad de alcanzar su pleno desarrollo cognitivo, social, emocional, lingüístico y motor. Es hora de desarrollar la ciencia y mejorar las vidas y el futuro de las generaciones venideras.