América Latina tiene que depender menos del comportamiento de las materias primas como monocultivo exportador, y hacerlo más de una canasta o base exportadora más diversificada, que incorpore productos y servicios de mayor valor añadido.

Por tanto, debe emprender un nuevo proceso de reformas con el fin de diversificar la estructura productiva. Esto exige, definir un nuevo modelo económico de crecimiento dentro de un mundo cambiante, innovador y extremadamente competitivo. A los efectos, las preguntas son múltiples: ¿Debe continuar primando un modelo basado en las exportaciones de materias primas o por el contrario, debe girarse hacia un modelo que las diversifique, incorporando manufacturas y productos con mayor valor que contrarresten el valor de los intercambios desiguales? ¿Las reformas estructurales, deben plantearse como un proceso continuado según los países, y siempre por medio del diálogo social?

Mejorar el desempeño de las exportaciones es una tarea crítica y a la vez compleja, siendo fundamental destacar la heterogeneidad de la región en materia de integración comercial. La prueba es que América Latina, durante las últimas décadas, ha permanecido más cerrada al comercio exterior que otras regiones emergentes como Asia, y el comercio de la mayoría de las economías se sitúa por debajo del nivel que sería de esperar en virtud de sus fundamentos económicos. Esto ha sucedido pese a los esfuerzos de las políticas nacionales y regionales para reducir la brecha comercial, desde la idea de ganar mayores cuotas de participación en los mercados internacionales mediante acuerdos comerciales.

Los acuerdos comerciales deben considerarse como una herramienta para potenciar la competitividad en los mercados internacionales, al tiempo que la región debe evitar el riesgo de crear bloques regionales protegidos o de “reintroducir políticas cerradas, no debiéndose contagiar por las políticas proteccionistas de Trump”.

En América Latina la proliferación de acuerdos comerciales exige una mayor coordinación de las múltiples iniciativas vigentes y previstas, algo que es especialmente pertinente en el caso de Mercosur y la Alianza del Pacífico.

En líneas generales, la región debe impulsar las reformas estructurales que permitan incrementar la productividad, la competitividad y el crecimiento potencial. Pero debe contar con un nuevo modelo económico de crecimiento, que dependa menos de la evolución de las commodities y que incorpore cada vez más productos con mayor valor que permitan ganar cuotas de mercado en los países avanzados, sin lo cual, será imposible satisfacer las demandas de mejoras sociales que hoy se exigen a lo largo y ancho de la región.

La respuesta para escapar de esta situación es establecer un nuevo modelo de crecimiento, y no solo para no quedarse atrás en la nueva era mundial, sino también, para garantizar lo logros económicos y sociales alcanzados. Por tanto, exige estar a la altura de los tiempos si verdaderamente se desea salir al encuentro de esquemas económicos más competitivos y socialmente más equitativos en materia de acceso a las oportunidades de los ciudadanos del siglo XXI.

De cómo se llevaría a cabo este nuevo modelo y a qué velocidad sería adoptado por los distintos países, cabe decir que es necesario un período de transición y muy seguramente, no habrá un proceso único. Serán diversos los procesos de transición que, a pesar de tener características comunes, se diferenciaran sustancialmente entre uno y otro país, tanto por el año en que comenzaran, como por el nivel de profundidad de las reformas necesarias.

El modelo debe ser portador de una fuerte “visión de crecimiento”, una meta ambiciosa que cuente con el compromiso de los líderes empresariales, políticos y sociales para establecer y consensuar los mecanismos necesarios de cara a potenciar la colaboración público-privada.

Esta fuerte visión, debe ser plural con el fin de que participen todos los actores involucrados: partidos políticos, agentes económicos y sociedad civil, de manera que atraiga las mejores energías para demostrar que América Latina es una región activa, innovadora y transformadora, capaz de estar al frente de los países emergentes y de la nueva agenda del comercio mundial.

Ciclos de los términos de intercambio y proceso de ajuste en perspectiva:

Con el fin del superciclo de las materias primas, muchos países de América Latina, especialmente los países exportadores netos de materias primas, han sufrido un importante shock a sus términos de intercambio. En el episodio actual, la mayoría de los países de la región han dejado que su tipo de cambio se ajustara a este shock.

Esto, a su vez, ha ayudado a moderar el ajuste de la cuenta corriente, sobre todo teniendo en cuenta que el persistente deterioro de los términos de intercambio, que se prevé que continúe en el mediano plazo. Tomando como base el análisis de Adler, Magud y Werner (FMI, 2016) este Recuadro pone en perspectiva el tamaño del shock y el proceso de ajuste externo actualmente en curso. A continuación se presentan las principales conclusiones:

  • Con respecto al tamaño del shock, las economías de mercados emergentes y en desarrollo han experimentado un importante deterioro de sus términos de intercambio, particularmente en comparación con las economías avanzadas. En general, el tamaño del shock en América Latina ha sido similar al del resto de las economías de mercados emergentes y en desarrollo y, desde una perspectiva histórica, la caída de los términos de intercambio ha sido particularmente severa para ambos.
  • La respuesta del tipo de cambio real en toda la muestra de economías de mercados emergentes y en desarrollo ha sido leve —y similar a la experiencia histórica— pero estos promedios ocultan importantes diferencias entre los países con regímenes de tipo de cambio fijo o flexible. En los países de América Latina que han adoptado regímenes de tipo de cambio flexible (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú), los tipos de cambio pudieron ajustarse en respuesta al shock de los términos de intercambio. Esto provocó considerables depreciaciones en términos reales, lo que contrasta con las apreciaciones reales registradas en los países con regímenes de tipo de cambio menos flexible (Argentina—antes de 2016—, Bolivia, Ecuador, Venezuela) en ciertos casos impulsadas por la inflación.
  • Si bien el proceso de ajuste externo aún sigue en curso, en promedio las cuentas corrientes se han deteriorado más durante este episodio que la mediana de episodios anteriores. Esto, sin embargo, oculta importantes variaciones en la respuesta de los países. En particular, la flexibilidad del tipo de cambio parece facilitar el tan necesario proceso de ajuste externo; el deterioro de la cuenta corriente de los países con regímenes de tipo de cambio flexible es menor que el de los países con regímenes más rígidos.

Este nuevo modelo que proponemos: “más allá de las commodities”, es lo que plantea el Informe del Banco Mundial: El ciclo de las commodities en Latinoamérica. Espejismos y dilemas. Apuntando al futuro, el informe da cuenta que los países exportadores de materias primas se beneficiarían ampliamente de las reformas que apuntasen a mejorar sus índices de ahorro, impulsar la productividad y fortalecer el crecimiento a largo plazo. Sus consejos para tales logros, pasan por la necesidad de hacer mayor hincapié en el desarrollo de capacidades y la remoción de obstáculos a la actividad económica, como una infraestructura inadecuada y leyes laborales o financieras inflexibles.

“Durante el boom de los commodities, América Latina se convirtió en un ejemplo mundial por su capacidad de lograr que el crecimiento beneficiara a los pobres. La pregunta ahora es si la región será capaz de encontrar la receta adecuada que los beneficie”. “Algunos países cuentan con el espacio para adaptarse gradualmente a este nuevo escenario, asegurándose que ni la actividad económica ni los más vulnerables se vean desproporcionadamente afectados. Otros sin embargo podrían no tener este lujo”, dijo Augusto de la Torre, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial y responsable del citado Informe.