La tecnología, especialmente internet y las grandes cantidades de datos e información -el big data-, están transformando la infraestructura urbana y los servicios sociales en ecosistemas que buscan articular ciudades inteligentes. Pero, ¿qué son las ciudades inteligentes? Y más importante aún, ¿para quién son inteligentes?

A partir de la Revolución Industrial, la tecnología ha impulsado el desarrollo de centros de concentración urbana, conectando ciudades mediante nuevas vías de comunicación y acelerando el intercambio de información entre gobiernos, instituciones y personas. La velocidad de distribución del conocimiento y los recursos materiales permitió mejorar la infraestructura de las ciudades, los servicios públicos y privados, así como también la calidad de vida de las personas. En el siglo XXI, la interactividad entre la ciudad, la tecnología y el conocimiento está impulsando la creación de ciudades inteligentes.

¿Cómo se construye una ciudad inteligente?

La construcción de una ciudad inteligente se puede abordar desde diferentes ángulos. A modo de ejemplo, el lector puede imaginar que mientras que un ingeniero se enfoca en el potencial de eficiencia y optimización, un urbanista pinta una visión de nuevas interacciones sociales y experiencias en lugares públicos, y, a su vez, un alcalde busca fortalecer la democracia e incrementar la participación ciudadana. Las ciudades inteligentes deben esforzares por coordinar la realizacion de todas estas actividades.

En su forma más básica, una ciudad inteligente utiliza las tecnologías de la información y de comunicación (TIC) y el conjunto de sensores y otros dispositivos que componen el Internet de las Cosas - IoT, por sus siglas en inglés – para mejorar no sólo su funcionamiento, sino también los servicios que ofrece a sus ciudadanos. Estos servicios incluyen transporte y manejo del tráfico, construcción y edificios, suministro de energía y agua, así como también la gestión y administración pública, salud, seguridad, cultura y educación.

Para que las ciudades inteligentes funcionen al servicio de sus habitantes, deben contar con un diseño centrado en las personas, teniendo en cuenta los intereses de los ciudadanos en todo el proceso. Lo que realmente hace a una ciudad "inteligente" no es la tecnología en sí, sino la aplicación de la misma para resolver los problemas más urgentes de la ciudad.

La construcción de una ciudad inteligente cuenta con cinco pilares:

Urbanismo: las infraestructuras físicas y digitales comprenden el urbanismo sostenible. Como ejemplo se pueden nombrar los edificios, las redes para servicios públicos y movilidad, todas en su carácter inteligente.

Conectividad: implica el transporte de datos e información, del nivel sensorial al almacenamiento para un posterior análisis.

Sensores: son dispositivos inteligentes que miden y monitorean diferentes parámetros de la ciudad y su entorno.

Análisis de datos: el análisis de datos recolectados por diferentes sistemas tecnológicos de infraestructura ayuda a predecir algunos eventos (como la congestión del tráfico).

Automatización: interfaz de habilitación digital que permite la automatización y escalabilidad para un gran número de dispositivos a través de múltiples dominios y verticales.

La implementación de tecnologías para ciudades inteligentes a menudo requiere una solución robusta y confiable. El tener una red de fibra óptica, también contribuye a un ecosistema eficiente para el Internet de las Cosas (IoT) y la capacidad de hacer uso de los datos acumulados.

Todos estos datos le sirven a la ciudad para mejorar la calidad de vida de las personas a través de la optimización del transporte público, el cuidado y monitoreo de las condiciones medioambientales, mejorando la oferta de servicios públicos para los ciudadanos, y ofreciendo un gobierno más inclusivo, receptivo y transparente.

¿Cómo funciona una ciudad inteligente?

El desarrollo "inteligente" de las ciudades consiste en dedicar tiempo, recursos y esfuerzos en las áreas del sector público en donde se logren obtener beneficios en la calidad de vida de las personas.

El término ciudad inteligente es estudiado desde la academia, los negocios y el gobierno, y puede ser interpretado de dos formas. Por un lado, la noción de que la ciudad está construida y monitoreada cada vez en mayor grado por la computación que interconecta el tejido urbano y social (ej. redes de telecomunicación, infraestructura de transportes, sensores, cámaras, etc.). La ubicuidad de la información y los dispositivos móviles permite monitorear, administrar y regular flujos y procesos de la ciudad en tiempo real, utilizando los datos que los ciudadanos generan al interactuar y circular.

El otro sentido de una ciudad inteligente es asociado con el desarrollo de la economía del conocimiento en una región, es decir, de una economía y gobernanza impulsada por la innovación, creatividad y emprendimiento de las personas. Desde esta perspectiva, las TIC sirven como una plataforma para el flujo y la realización de ideas e innovaciones, especialmente con respecto a la industria y servicios profesionales. Desde este punto de vista, la forma en que las TIC - junto con el capital humano- fomentan la elaboración de políticas que impulsan el crecimiento y la administración del desarrollo urbano, es lo que hace a una ciudad inteligente.

¿Cual es el papel del ciudadano en una ciudad inteligente?

El diseño de las ciudades impone un orden en la socialización de la población, y a medida que la tecnología se vincula con la ciudad, ésta se vuelve más receptiva a sus patrones de movilidad e interacción. Por esto, es responsabilidad de los ciudadanos participar en los procesos políticos para crear y salvaguardar un ecosistema urbano que beneficie a todos sus habitantes.

Muchas ciudades cuentan con un gran número de personas con conocimientos técnicos que constantemente reflexionan sobre la ciudad y sus problemas. La generación digital y los técnicos de la información tienen la capacidad de crear herramientas tecnológicas para colaborar con el gobierno en proyectos de innovación de infraestructura, así como también en desarrollo económico y social.

Los ecosistemas urbanos que impulsan la innovación cívica cuentan con laboratorios de innovación social, grupos de diseño de impacto social, aceleradoras, incubadoras, así como iniciativas de gobierno abierto y responsable.

Además de las tradicionales conferencias, seminarios, mesas redondas y demás, en muchas ciudades se organizan hackatones cívicos, eventos en los que participan programadores, técnicos municipales, emprendedores, diseñadores y ciudadanos interesados. El objetivo de estos es colaborar en la elaboración de herramientas digitales que contribuyan a mejorar los servicios de las ciudades, utilizando datos abiertos proporcionados por los gobiernos y otras organizaciones.

Las ciudades inteligentes requieren ciudadanos reflexivos, que busquen soluciones inteligentes que sean verdaderamente inclusivas, innovadoras y sustentables. Los ciudadanos deben jugar un papel importante en el proceso de diseño de la ciudad, ya que para que una ciudad inteligente sea verdaderamente inteligente, debe cumplir con mejorar la experiencia personal de sus residentes.