Apenas unos pocos días antes del referéndum de independencia escocés, el entonces primer ministro de Escocia, Alex Salmond, declaró a la BBC que si la mayoría de los escoceses votaban “No”, no habría un segundo referéndum sobre este tema durante esta “generación política”. Pero eso fue en septiembre de 2014. Menos de tres años después, Salmond —que es ahora portavoz para asuntos internacionales del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) en Westminster— afirma que el nuevo referéndum sobre la independencia está cerca y probablemente se celebrará en el otoño de 2018. ¿Podemos confiar en él esta vez?

El ex primer ministro David Cameron decidió poner en marcha el referéndum sobre la independencia de Escocia con la esperanza de que un resultado decisivo en favor de su permanencia en el Reino Unido sirviera para enterrar este asunto durante mucho tiempo. Y, como todos sabemos, el pueblo escocés al final votó para quedarse en el Reino Unido. Pero el problema para Londres consiste en que el desenlace no fue tan decisivo como había esperado. Con un 45% de los votantes escoceses a favor de la independencia, el resultado del referéndum fue lo suficientemente ajustado como para mantener vivo el sueño nacionalista. Tras la votación la nueva Primera Ministra escocesa, Nicola Sturgeon, afirmó que consideraría la posibilidad de otro referéndum si las circunstancias cambiaban de manera sustancial. Y lo han hecho.

En junio de 2016 Gran Bretaña votó a favor de salir de la Unión Europea. Aunque la mayoría global no fue demasiado grande —un 52% frente a un 48%— la votación puso de relieve lo desunido que está en realidad el país. Mientras que Inglaterra votó arrolladoramente a favor de abandonar la UE, seguida por Gales, con un margen menor, los votantes de Escocia e Irlanda del Norte dijeron que preferían quedarse en la Unión. Eso supuso una llamada de atención para el SNP, que inmediatamente resucitó la idea de un segundo referéndum de independencia. Su argumentación se movía en la línea de: “Todos nos dijeron que una Escocia independiente tendría que ponerse a la cola para entrar en la Unión Europea, pero ahora que nos hemos quedado en el Reino Unido, nos van a obligar a abandonar la UE”.

Aun así, excepto por la constante amenaza de un segundo referéndum de independencia, el SNP no tomó ninguna medida concreta. Más bien, se dedicó a esperar para ver qué dirección tomaría Gran Bretaña en las negociaciones sobre su futura relación con la Unión Europea. La postura oficial de Escocia es que preferiría el llamado Brexit suave, que mantendría al Reino Unido en el mercado único y no afectaría a las cuatro libertades (de circulación de personas, bienes, servicios y capital por las fronteras de los Estados miembros de la Unión).

Los escépticos aseguran, no obstante, que los nacionalistas escoceses en realidad están deseando que la Primera Ministra británica, Theresa May, tome la ruta del Brexit duro para poder celebrar su segundo referéndum de independencia. Sea como fuera, las voces que lo reclaman son más fuertes cada día que pasa. Recientemente, se unió a ellas el ex primer ministro Tony Blair, quien declaró que el contexto para la independencia escocesa era “mucho más creíble” tras la votación del Brexit. Blair realizó estos comentarios durante el lanzamiento de un movimiento para convencer a los británicos para “alzarse” y cambiar de opinión respecto al Brexit. Esto es música para los oídos de Nicola Sturgeon, quien ha repetido que los intereses escoceses están siendo ignorados por el gobierno de Londres en sus preparativos para las conversaciones con Bruselas sobre los términos de la salida de Gran Bretaña de la UE.

Una nueva derrota sí enterraría de manera definitiva la cuestión de la independencia escocesa durante una generación, si no más.

¿De modo que de verdad estamos más cerca de un nuevo referéndum en Escocia de lo que lo estábamos hace solo unos meses? La respuesta a esa cuestión depende fundamentalmente de los cálculos internos del SNP sobre si podría ganarse un segundo referéndum. Sturgeon no se arriesgaría a celebrarlo si no tuviera confianza en poder vencer. Una nueva derrota sí enterraría de manera definitiva la cuestión de la independencia escocesa durante una generación, si no más. Echemos un vistazo a lo que sabemos hasta ahora sobre esos cálculos.

Según diversas informaciones aparecidas en los medios británicos, el SNP solamente pondría en marcha el segundo referéndum si las encuestas muestran al menos un 60% en favor de la independencia. Por el momento, el porcentaje no se acerca ni de lejos a este umbral. Una encuesta realizada en septiembre de 2016 que planteaba la pregunta “Si mañana se celebrara un referéndum sobre si Escocia debería marcharse o quedarse como parte del Reino Unido, ¿cuál sería su voto?” mostraba prácticamente los mismos niveles de apoyo a la independencia que el primer referéndum —45% a favor de irse y 55% a favor de permanecer—. Incluso cuando se les pedía que consideraran la posibilidad de un Brexit duro, la mayoría de los escoceses —54%— afirmaban que preferirían “vivir en una Escocia que formara parte de un Reino Unido que no formara parte del mercado único”. Pero eso fue antes de que el Brexit duro se convirtiera en la opción preferida del Gobierno. Algunos analistas van incluso más allá y afirman que una política exterior británica independiente tras el Brexit, combinada con una UE hostil e inflexible en las negociaciones que están a punto de comenzar, en la práctica dará como resultado un resurgimiento del “sentimiento británico” incluso en Escocia, y el correspondiente declive del apoyo a la independencia escocesa. Improbable, pero no imposible.

Resulta indiscutible que el pueblo escocés votó de modo abrumador a favor de permanecer en la Unión Europea. Pero ¿por qué? ¿Se sienten los escoceses más europeos que otros ciudadanos del Reino Unido? La encuesta realizada el día del referéndum de la UE por Lord Ashcroft mostraba una fuerte relación entre el voto y la identidad, especialmente en Inglaterra. Entre aquellos que se autoidentificaban como “ingleses no británicos”, el 79% respaldaba el Brexit, y entre quienes consideraban el multiculturalismo, el liberalismo social, el feminismo, el ecologismo, la globalización y la inmigración como fuerzas negativas, grandes mayorías votaron a favor de marcharse. La situación en Escocia es diferente, pero no en gran proporción. Un reciente estudio de Jeffery et al muestra que sentirse escocés en Escocia y galés en Gales parece estar asociado a actitudes menos euroescépticas y a una menor preocupación por la inmigración.

Los datos disponibles para el total del Reino Unido revelan otro aspecto importante: cuando la encuesta de Ashcroft pidió a la gente que clasificara por orden de importancia cuatro posibles razones de su voto, los partidarios de quedarse situaban los riesgos económicos de marcharse en primer lugar, la opinión de que el acuerdo actual del Reino Unido con la UE ya proporcionaba “lo mejor de ambos mundos” en segundo lugar, la preocupación de quedarse aislados internacionalmente como tercera razón, y el apego a la UE y a su cultura e historia en común a una distancia considerable como cuarta.

Ni en la Inglaterra anti UE ni en la Escocia pro UE la sensación de pertenencia a una unión de pueblos europeos desempeña un papel importante. Todo el debate se centra básicamente en la relación del Reino Unido con el mercado único de la UE. Incluso en Escocia, aquellos que se muestran esencialmente favorables a permanecer en el club europeo, como el SNP, siguen retratándola sobre todo como un fenómeno económico. Con eso en mente, es probablemente más fácil comprender por qué el Brexit podría no ser un factor decisivo en las consideraciones del pueblo escocés respecto a abandonar o no el Reino Unido.

Dejar el Reino Unido para incorporarse a la UE, lo que no está ni mucho menos garantizado dado el posible veto de países como España, plantearía numerosos problemas para Escocia. ¿Tendrá que adoptar el euro, que es una palabra tabú? ¿Habrá una frontera dura con Inglaterra? ¿Será suficiente la financiación europea para compensar la pérdida de los generosos subsidios que Escocia recibe ahora de Londres bajo la llamada Fórmula Barnett? ¿Merece la pena todo esto?

Hace tres años comenzaron su campaña con, aproximadamente, solo un 30% de respaldo a la independencia y se las arreglaron para elevarlo hasta el 45%

Sean cuales sean las incertidumbres, aparentemente los nacionalistas escoceses están preparándose para el segundo referéndum. Desde el anterior, sus cifras han crecido y disponen de una maquinaria bien engrasada capaz de movilizar a la gente alrededor de una causa ambiciosa. Sí, admiten que el apoyo a la independencia actualmente se sitúa en torno al 45%, pero afirman que ese es un buen punto de arranque. Hace tres años comenzaron su campaña con, aproximadamente, solo un 30% de respaldo a la independencia y se las arreglaron para elevarlo hasta el 45%. Lo hicieron antes, podrían hacerlo de nuevo.