La primavera ha llegado. La economía española se está recuperando. El proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno es celebrado. Pero muchos españoles no se sienten partícipes de esta primavera económica. Sienten que alguien les ha robado el mes de abril. ¿Tienen razón? ¿O simplemente deben tener un poco de paciencia y esperar a que la marea del crecimiento nos empuje a todos hacia arriba?

Para responderlo, tomemos cuatro fotografías de la sociedad española y de nuestro estado de bienestar a partir de datos de la OCDE:

1. Tenemos un paro juvenil y de larga duración muy alto

Con una economía que lleva dos años creciendo al 3,2%, y que ha creado 1,2 millones de puestos de trabajo en los últimos tres años, es preocupante ver la resiliencia de dos de los problemas más importantes de nuestro mercado laboral: el paro juvenil y el de larga duración. Ambos han iniciado una tendencia descendente pero se mantienen en niveles muy altos. Casi la mitad de los desempleados llevan más de un año en el paro y el paro entre los jóvenes todavía está por encima del 40%.

2. Tenemos muchos pobres

En España la tasa de pobreza relativa (el porcentaje de la población española que gana menos de la mitad de la renta mediana del país) continúa en la franja más alta de los países de la OCDE. Todavía sigue siendo más alta que la tasa en 2007.

3. Tenemos particularmente muchos niños pobres

La situación es todavía más preocupante cuando desagregamos esos datos y analizamos a un colectivo especialmente vulnerable: los niños. La tasa de pobreza infantil, que ya antes de la crisis se situaba por encima de la media europea, ahora se encuentra sensiblemente por encima.

4. Tenemos un estado de bienestar que ayuda poco a quien más lo necesita

Uno de nuestros grandes problemas es que nuestro estado de bienestar le da la espalda a los más pobres. El 10% de españoles con menos ingresos recibe menos del 5% de las transferencias sociales. Menos que países tan poco sospechosos de abrazar ideas socialdemócratas como, por ejemplo, Polonia y Hungría. Por el contrario, en países como Nueva Zelanda o Finlandia el 10% más pobre recibe más del 20% de las transferencias.

Pero es que en España quienes reciben más transferencias del estado son el 10% de ciudadanos más ricos. Por ejemplo, gracias a nuestras (relativamente) generosas pensiones. A diferencia de lo que ocurre en otros países, en España hay una relación positiva entre tu nivel de ingresos y el porcentaje de transferencias que recibes del estado: cuanto más rico, más recibes.

Estas cuatro postales dibujan un escenario dual para el bienestar en España. Por una parte, las rentas medias y altas disfrutan de una combinación positiva entre una buena coyuntura económica y de un estado de bienestar que, además de proveer unos servicios básicos que, como la sanidad pública, siguen siendo una referencia internacional, gozan de unas transferencias sociales relativamente generosas. Por otra parte, los grupos vulnerables –niños, parados de larga duración, y aquellos que viven por debajo del umbral de la pobreza– sufren del coctel negativo entre su mala situación económica y un estado que, en lugar de privilegiarles en la redistribución de transferencias, les trata comparativamente mejor. Les hemos robado el mes de abril y les hemos regalado el mes de noviembre.