Un tercio de los que salieron de la pobreza en América Latina durante la última década probablemente vuelva a caer en ella. Representan 30 millones de personas. Otros 200 millones se consideran vulnerables.

Las soluciones tradicionales (de los gobiernos, organizaciones internacionales y sin ánimo de lucro) para abordar los desafíos sociales son importantes, pero por sí solas, no serán suficientes, en especial si queremos alcanzar los ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

¿Entonces quién o qué puede acortar la brecha? El sector privado.

Hacer el bien haciendo las cosas bien

El sector privado siempre ha desempeñado un pequeño papel a la hora de enfrentar los desafíos de la región, pero no a suficiente escala. Es posible que esto se modifique en la medida que los propietarios de activos, los gerentes de activos y las corporaciones de la región adopten las inversiones de impacto (inversiones que hacen empresas, organizaciones y fondos con la intención de generar un impacto social y ambiental al mismo tiempo que se obtiene una rentabilidad financiera).

Los inversores de impacto trabajan en sectores como la agricultura sostenible, energías renovables, conservación, microfinanzas y servicios básicos asequibles y accesibles como vivienda, asistencia sanitaria y educación. Estas inversiones se están realizando tanto en mercados emergentes como desarrollados y apuntan a una amplia variedad de rentabilidades: desde la tasa de mercado (o superior) hasta inferior a la tasa de mercado según los objetivos estratégicos del inversor. Una encuesta de 2016 reportó más de $77 mil millones de activos en inversiones de impacto, con la intención de aumentar el capital anual comprometido en un 16% para el año siguiente.

Desde luego, por más nobles que suenen estos objetivos, lo que los responsables de la toma de decisiones de alto rango necesitan saber es: ¿tiene sentido a nivel financiero? Los datos que tenemos hasta el momento sugieren que sí.

Por ejemplo, en 2015, GIIN y Cambridge Associates lanzaron el primer punto de referencia de capitales privados de la industria, que ha mostrado rendir de manera similar a los fondos de capitales privados convencionales.

Más recientemente, la encuesta anual sobre inversiones de impacto de GIIN de 2016 concluyó que un 89% de los encuestados logró un rendimiento financiero que alcanzó o superó sus expectativas y que seis de cada diez apuntaron a rentabilidades de tasa de mercado ajustadas al riesgo.

América Latina: dos pasos para adelante, un paso para atrás

En el transcurso de la última década, América Latina ha progresado considerablemente. Por ejemplo, según un estudio reciente del centro de reflexión bruselense Bruegel, la desigualdad de ingresos en la región ha disminuido considerablemente.

Pero la región aún padece una pobreza muy arraigada. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 175 millones de personas en la región viven en la pobreza y un 64% de los jóvenes latinoamericanos provienen de hogares pobres o vulnerables.

Y no parece que las cosas vayan a mejorar pronto. De hecho, se estima que el producto interno bruto dará negativo por segundo año consecutivo en 2016, una contracción que la región no ha experimentado desde principios de los 80.

Un niño frente a su casa en un suburbio en las afueras de Manaos, Brasil, 5 de enero de 2017. Imagen: REUTERS/Ueslei Marcelino

Acortar la brecha

Pero eso es solo una parte de la historia. Porque al mismo tiempo que el crecimiento económico ha retrocedido, los activos bajo administración han estado aumentando de $800 mil millones en 2007 a $1,9 billones en 2015. La riqueza privada también va en aumento. En 2015, creció un 7 % a $5 billones, y se espera que continúe creciendo entre un 9 % y un 11 % por año hasta 2020.

Las inversiones de impacto actúan como un puente entre esta oferta de capital y necesidades sociales de la región. De hecho, durante la década pasada, es justamente eso lo que ha estado sucediendo lentamente.

Entre 2008 y 2013, las inversiones de impacto incrementaron de $160 millones a aproximadamente $2 mil millones. De 2013 a 2015, los inversores de impacto incrementaron sus activos bajo administración en América Latina un 26 % por año.

Esta tendencia parece continuar. En la edición de 2016 de la encuesta sobre inversores de impacto de GIIN, el 44 % de los encuestados respondieron que para ellos América Latina era un área de foco y la región representaba $7 mil millones en inversiones de los $77 mil millones totales de activos bajo administración.

Los desafíos próximos

Esa es una buena noticia. Pero aún hay mucho trabajo que hacer si se quiere que las inversiones de impacto tengan un efecto positivo en la región. A continuación, cuatro maneras de hacerlo suceder.

1. Objetivos de Desarrollo Sostenible

La región necesita un estudio exhaustivo, idealmente producido en colaboración con Naciones Unidas sobre las correlaciones entre las necesidades sociales y la oferta de capital en el contexto de los objetivos de desarrollo sostenible.

Una guía integral sobre los sectores que deberían priorizarse ayudaría a los inversores institucionales y gerentes de fondos a decidir por dónde canalizar ese capital. Actualmente, los gerentes de fondos suelen seleccionar sus áreas de prioridad según la experiencia interna o las rentabilidades esperadas más que basados en la necesidad social específica.

Sin embargo, la investigación de GIIN muestra que los inversores de impacto ven los objetivos de desarrollo sostenible como un valioso marco unificador que podría ayudar a garantizar que los acuerdos individuales sumen a una causa mayor. Un estudio integral los ayudaría a lograrlo.

2. Apoyo institucional

Los inversores de impacto aún operan con un soporte insuficiente de algunos gobiernos y reguladores.

El Banco Nacional de Desarrollo Económico de Brasil y el Banco Interamericano de Desarrollo han realizado significativas contribuciones para irrigar el mercado con capital y credibilidad, pero otras destacadas instituciones financieras como el CAF, el CFI, los fondos de pensión más grandes y bancos comerciales podrían hacerse más visibles para disminuir la incertidumbre y el riesgo legal/regulatorio.

Las organizaciones internacionales, tales como la Organización de los Estados Iberoamericanos, junto a los grandes gobiernos también podrían crear políticas nacionales y regionales sobre finanzas sostenibles, del mismo modo que se está haciendo en lugares como el Reino Unido y Australia.

Obra de la nueva terminal sur del aeropuerto internacional de Tocumen durante una visita organizada de los medios a Panamá el 8 de marzo de 2016. Imagen: REUTERS/Carlos Jasso

3. Porfolio

Varios gerentes de fondos de la región se esfuerzan mucho para encontrar compañías financieramente robustas, tienen el potencial de escalar y cuentan con productos y servicios cuyo impacto puede medirse de manera adecuada. Por ejemplo, Mov, un inversor de impacto líder en Brasil, evalúa alrededor de 100 oportunidades para cada inversión.

Esta es la regla, no la excepción.

Muchos fondos terminan compitiendo por oportunidades de alto calibre, lo que fomenta una cultura de vigilancia más que de cooperación. La consolidación del ecosistema de inversiones de impacto debería trabajarse en conjunto con incubadoras, aceleradoras, capacitaciones para empresas y en la organización de eventos que conecten capital y empresas de manera intencional. El Foro Económico Mundial organiza eventos habituales que promueven intercambios de instrucción entre inversores y empresas sociales (llamados ScaleShops). Deberían sumarse otras instituciones.

4. Recaudación de fondos

Para que se incrementen las inversiones de impacto en América Latina, es necesario expandir las asignaciones de capitales de mercados maduros a la región. Pero la recaudación de fondos aún resulta engorrosa por una variedad de motivos.

Primero, como las inversiones de impacto en la región aún se encuentran en sus primeras etapas, los gerentes de fondos no tienen registro de los casos de éxito y por ello sus credenciales financieras aún no pueden sintetizarse de manera apropiada.

En segundo lugar, la mayoría se encuentra por primera vez en la posición de gerente. Las inversiones de impacto han atraído empresarios, millennials, individuos muy ricos (UHNWI) y ex profesionales multinacionales con poco o nada de experiencia en la administración de activos aparte de la experiencia en capital de riesgo. De los fondos en la base de datos de GIIN disponible para consultas, el 40% ha estado en movimiento durante los últimos tres años, pero en América Latina la cifra es del 8%.

En tercer lugar, la región enfrenta una "trampa en los ingresos medios": por un lado, los inversores institucionales aún lo consideran muy riesgoso y, por lo tanto, preferirían invertir en mercados menos volátiles; por el otro, ya se encuentra por encima del umbral de pobreza establecido por algunas instituciones financieras de desarrollo para guiar sus inversiones. Incluso si algunos países de América Latina tienen un producto interno bruto per cápita inferior a los de algunas naciones africanas, las instituciones financieras mundiales tienden a seguir estrategias regionales, no nacionales o locales.

Las investigaciones consistentemente identifican la disponibilidad de "profesionales con las competencias relevantes necesarias" como uno de los desafíos continuos para el crecimiento de las inversiones de impacto, que explica por qué se necesita mayor acceso a capacitaciones de gerentes de fondos en inversiones de impacto.

Grandes inversores necesitan enfrentar grandes problemas

Los inversores institucionales son de crucial importancia a la hora de aumentar las inversiones de impacto en la región. Para ese fin, necesitamos más datos entre las clases de activos que demuestren que las inversiones de impacto no exigen un sacrificio financiero y pueden ser compatibles con los requisitos fiduciarios. Hacerlo ayudará a las personas a ver que las inversiones de impacto son un beneficio a largo plazo para los propietarios de activos.

Si eso sucediese, los gerentes de inversiones locales deberán mostrar un registro más consistente y el volumen de los fondos de impacto debe aumentar. A nivel mundial, alrededor del 20 % de los fondos en la base de datos de GIIN tiene un activo bajo administración superior a $100 millones; en América Latina la cifra es tan solo del 6%. Si la Comisión de Valores e Intercambio de Brasil y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México, junto con otros reguladores y asociaciones locales, brindan mayor orientación sobre cómo los límites fiduciarios pueden incluir inversiones de impacto, las reglas del juego pueden cambiar mucho.

El futuro de las inversiones de impacto en la región

La colaboración será un elemento crucial para el éxito de las inversiones de impacto en América Latina.

Los expertos necesitan ayudar a estructurar y diseñar productos de inversión para asegurarse que son adecuados para los desafíos venideros. Los grupos comunitarios deben identificar oportunidades en las que las inversiones puedan tener un verdadero impacto. Los organismos gubernamentales deben crear un entorno regulatorio que aliente las inversiones. Los investigadores deberán desarrollar la inteligencia de mercado. Y desde luego, los inversores necesitarán aportar el capital.

Se necesita que todos los actores trabajen en conjunto para garantizar que las inversiones de impacto alcancen su máximo potencial.