Bill Gates, revista Quartz: "Los robots que nos quitan nuestros empleos deberían pagar impuestos". Nadie ha hecho tanto por erradicar la malaria y otras enfermedades endémicas de África y lo que le preocupa ahora son las crisis sociales que puede provocar el proceso de automatización en todo el mundo y la creciente sustitución de obreros por robots, aunque las nuevas máquinas no aumentan la productividad en la medida que todos esperaban.

Ilustró su preocupación con una anécdota: si un trabajador contribuye a la cuenta de resultados de su empresa con un valor de 50.000 euros, estará remunerando al capital, pagando las cargas sociales y la futura jubilación. El robot que le quite el trabajo debería pagar un impuesto equivalente. Y si el proceso es lento, por lo menos conseguiremos que sea más difícil destruir los puestos de trabajo. No tiene nada que ver con las amenazas de Trump cuando sostiene que Alemania, China y Japón roban el trabajo de los obreros de las fábricas que luego quedan abandonadas y se oxidan. Los tres países, según él, exportan a Estados Unidos con monedas depreciadas.

Las cosas no son tan simples. Un programa informático, a partir de la segunda copia puede reproducirse un millón de veces a un coste casi cero. Pero los economistas consideran que las inversiones en el horno de una fábrica de acero no deben pagar impuestos, porque son elementos del capital invertido. Sin inversiones no puede crecer el empleo y el Producto Interior Bruto caería y no podrían pagarse los salarios y la Seguridad Social. El Parlamento europeo debatió ideas similares a las de Bill Gates. Para algunos diputados los robots podrían contribuir a pagar las pensiones de las generaciones que envejecen porque se alarga la esperanza de vida gracias a los avances en medicina. Se acordó abordar la cuestión con una nueva legislación.

The Economist ha ido más lejos. Algunos obreros pueden perder sus puestos de trabajo, pero en su conjunto los trabajadores podrían beneficiarse de los robots, porque gracias a ellos los precios de lo que consumen bajarán. Pero a medida que las máquinas más sofisticadas desplacen a los humanos, el ingreso que puedan generar caerá como lo hace la participación de los salarios en la Renta Nacional, que viene disminuyendo durante décadas, especialmente en Estados Unidos.

Para The Economist, los crecientes beneficios de las empresas son un indicador de su poder de mercado. Robert Solow denominaba "rentas" a los beneficios que el capital obtenía por su poder de monopolio. Mientras las empresas tengan posiciones de dominio en los mercados, el desplazamiento de los trabajadores será inevitable y a la larga perderán obreros y máquinas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en La Vanguardia.