Jim Whitehurst salió de Delta Airlines en 2007 después de concluir la reestructura de la compañía. Tras seis años de trabajo, pensó que era el momento de tomar otro rumbo en su carrera, y las ofertas no le faltaron. En Delta fue el Chief Operating Officer, pero era más conocido como el “Solucionador de Problemas en Jefe”. Con esa credencial, otras grandes empresas buscaron sus servicios.

Jim tuvo que hacer varios despidos como parte del proceso para sacar a Delta de la quiebra, y no quería repetir la misma experiencia en otra compañía. Entre todas las ofertas que recibió, hubo una que captó su atención. Era una compañía de software de código abierto cuyos productos estaban basados en el sistema operativo Linux.

Pese a que era un sector completamente diferente al que se dedicó durante años, accedió a tener una reunión con los directivos de Red Hat. Se dio cuenta de que la cultura organizacional era completamente opuesta a Delta: sin jerarquías que respetar y en las que las mejores ideas triunfan, sin importar de dónde vengan.

Hoy Red Hat es una compañía que ha aumentado 300 por ciento su valor de mercado hasta los 15,600 millones de dólares desde que Whitehurst es presidente y director general. En el último año fiscal tuvieron ingresos por 2,411 millones de dólares y esperan incrementarlos hasta 5,000 millones en 2020, gracias a la mayor adopción de soluciones de código abierto, que pueden ser usadas y escaladas para compañías y gobiernos de cualquier tamaño.

El software propietario que se provee con licencia, como Windows, seguirá existiendo. Pero Jim está convencido de que el código abierto -sin el que Facebook, Google ni Uber serían lo que son ahora- es el camino que las empresas, los gobiernos y las organizaciones en general deben tomar para sobrevivir a la transformación digital que sufren todas las industrias y el mundo.

Jim Whitehurst, presidente y CEO de Red Hat.

“El método con el que planeamos las cosas está muerto”, dijo a principios de mayo en su reunión anual celebrada en Boston. Esta es la historia de esta empresa, sin la cual ni Google ni Facebook (ni muchas otras) existirían.

Un negocio y cultura diferentes

Pese a que Whitehurst se considera un ‘geek’ (tiene una licenciatura en computación), el cambio de Delta hacia Red Hat fue muy difícil, no solamente porque eran negocios completamente distintos, sino por la cultura organizacional. En la aerolínea, acostumbrada a trabajar con el Departamento de Defensa de EU, hay una estructura jerárquica, mientras que en Red Hat un empleado puede cuestionar al mismo CEO.

“Llegar a Red Hat como CEO era mucho más orientado para inspirar, escoger al equipo correcto, la dirección y la estrategia correcta. Fui muy afortunado y entré bien en el equipo”, cuenta Whitehurst a una reunión de periodistas en Boston, en la que Alto Nivel estuvo presente.

Las compañías tradicionales de software comercializan sus productos a través de licencias. Al mismo tiempo el proveedor mantiene el control del mismo y se encarga de las actualizaciones. Mientras que en el software de código abierto permite a los usuarios introducir cambios y mejoras que se comparten entre las comunidades. Los clientes de Red Hat pagan una suscripción en vez de una licencia.

“Una compañía de software se encarga de construir y entregar funcionalidad. Pero en una compañía de software de código abierto, pasamos mucho tiempo pensando cómo construimos este modelo con un contenido libre. Para nosotros el producto es el valor que podemos dar juntos (…) Eso es diametralmente opuesto a lo que hace tradicionalmente una compañía con el control de software”, explica el CEO de Red Hat.

¿El fin del software propietario?

Microsoft, la compañía de software más grande del mundo (y alguna vez enemiga del código abierto), es el ejemplo de cómo el software propietario es muy popular, pero las personas y las empresas están sujetas a las actualizaciones y parches que pongan disponibles, que no necesariamente llegan a la misma velocidad que necesitan los clientes.

Precisamente el código abierto fue lo que facilitó que los gigantes de Internet como Google, Facebook o Uber tengan el tamaño y la posición que hoy ostentan.

“Los grandes de Internet nacieron con código abierto, ninguna pudo haber crecido de esa manera sin usar herramientas. Por temas de escala, no podrían haber hecho sus data centers con software propietario. Hace 15 años decidieron hacer todas sus innovaciones con código abierto”, comenta en entrevista Sebastián Cao, director de tecnología para la oficina de Red Hat en América Latina.

Ante estas ventajas, la pregunta que surge es si el software propietario se acerca a su fin. Cao dice que éste seguirá existiendo, pero el software libre dará más flexibilidad a las empresas para innovar.

“Hay software que tiene muchos años funcionando, va a seguir soportando una parte más pequeña del negocio de nuestros clientes. Lo que sentimos es que el código abierto va a tomar más parte de los sistemas que están construyendo ahora (…) Todas las empresas deben aprender a ser tecnológicas, no importa si son banca, gobierno, aerolíneas.”

Y Red Hat encabeza esta revolución tecnológica. La compañía reportó ingresos de 2,411 millones de dólares (mdd) en el último año fiscal (terminado en febrero de 2017), 18.4 por ciento más que en el año anterior. Las ganancias subieron hasta 253.7 millones de dólares, 27.5 por ciento más que en 2016, según datos de la compañía.

Jim Whitehurst espera que el negocio de Red Hat se duplique a 5,000 millones de dólares, algo que, vistas las cifras a doble dígito, no parece tan difícil de alcanzar.

“La empresa ha demostrado un compromiso absoluto con los principios de código abierto, lo que la posiciona para beneficiarse de la aceptación del código abierto como una metodología viable -incluso preferida- para construir y distribuir software en la mayoría de las geografías y las industrias verticales”, indica la firma de análisis Gartner, que reconoce que Red Hat está penetrando cada vez más en las áreas de tecnologías de información de las empresas, donde antes reinaba el software propietario.

América Latina es una región clave para la compañía, donde crece alrededor de 20 y 30 por ciento anual, más que el promedio anual, no solamente por las empresas, también los gobiernos clientes importantes.

“A los gobiernos les encanta el tema de escala, pueden llevar los servicios a niveles mucho mayores. Si ellos no están contentos con nuestro rendimiento, no renuevan la suscripción. Esto nos autoimpone el deber de realizar bien el trabajo y el desarrollo”, dice Paulo Bonucci, vicepresidente de Red Hat para Latinoamérica, que tiene presencia en Chile, Argentina, Colombia, Brasil y México.

En el sector público, la Procuraduría General de la República (PGR), la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el gobierno de Jalisco y el Instituto de Función Registral del Estado de México son clientes de Red Hat en el país.

Empleados del Siglo XX para trabajos del Siglo XXI

La compañía lleva la filosofía del código abierto hacia las organizaciones. Jim Whitehurst es requerido por otras empresas para dar charlas y asesorías sobre gestión y colaboración. En este sentido, Red Hat es contracultural en un mundo que se rige por la competencia.

“Sí, es horrible”, admite Whitehurst al recordar la forma en que siguen dirigiéndose las organizaciones.

“La principal idea del código abierto son sistemas auto organizados, ‘estrenar más seguido, fallar más rápido’. Una gran pregunta que tienen los directores de empresas es: cómo traslado eso a una compañía tradicional”, comenta Jim, y agrega que este cambio implica muchos desafíos, desde la educación.

“Las compañías tienen que contratar gente que pueda hacer los trabajos del Siglo XXI. Casi todo puede automatizarse, y los trabajos que quedan implican que la gente aplique un juicio, tomen iniciativa y sean creativos. Pero los sistemas educativos en casi todo el mundo están hechos para hacer trabajadores de fábricas del Siglo XX, seguir órdenes y no cometer errores. Ese es un gran problema.”

No obstante, Jim confía en que las generaciones actuales empujen los cambios en las organizaciones.

“La generación Millennial se siente más cómoda siendo abierta, con voz y opiniones, esperando a tener más oportunidad de diálogo que estar en una estructura jerárquica.”

Aunque es poco conocida, Red Hat está presente en muchas de las disrupciones que presentan las industrias y en las empresas que se transforman para ser tecnológicas. Pero también lidera la revolución de las organizaciones basadas en la transparencia y meritocracia.

Jim Whitehurst escribió en su libro The Open Organization que el reto más grande al entrar a Red Hat fue ganarse el respeto de los colaboradores. Ahora, quiere transmitir a las demás compañías, y al mundo, que el éxito de las organizaciones ya no está en las estructuras de mando, sino en la colaboración.

“Encontré que ser muy abierto sobre las cosas que no sabía realmente tenía el efecto opuesto de lo que habría pensado. Me ayudó a construir credibilidad (…) Muchas personas aspiran a puestos porque eso obliga a otros a respetarlos. Pero, para mí, esa es la forma más baja de respeto”, dice en un fragmento de su libro.