En las graduaciones universitarias, como las que ya comenzaron a celebrarse en algunos países de la región, los oradores de las ceremonias alientan a los flamantes graduados a ir detrás de sus sueños y encontrar su camino a través de la vida. Eso podría ser inspirador. Pero conseguir un empleo es mucho más difícil hoy que cuando esos oradores fueron a la universidad hace unas décadas. Más gente ha adquirido educación superior, la competencia es más exigente, y los requisitos para incluso los empleos de nivel inicial son más desalentadores que nunca. Los graduados que no han perfeccionado sus habilidades y cultivado sus mentes desde pequeños quizás no solo no logren forjar sus propios destinos. Quizás no logren conseguir un empleo.

Este es un desafío clave para países desarrollados y en desarrollo, y es una fuerza motriz detrás de nuestra próxima publicación insignia del 2017, titulada Aprender mejor: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades (puede registrarse para recibir actualizaciones sobre el libro y una copia en PDF cuando esté disponible).

Nuestro estudio aborda varios temas clave. ¿Qué pueden hacer los gobiernos en América Latina y el Caribe para ayudar a sus ciudadanos a desarrollar las habilidades que necesitan en un mundo cada vez más competitivo? ¿Qué políticas pueden adoptar para desarrollar esas habilidades desde la primera infancia y hasta que son adultos? ¿Y cómo se están desempeñando los gobiernos en esas misiones hasta ahora?

Cuando nuestros investigadores le daban los retoques finales al libro, les hicimos cinco preguntas a lectores de blogs del BID relacionadas con el desarrollo de habilidades, que iban desde qué políticas del gobierno les parecía que funcionaban mejor hasta las habilidades más demandadas por los empleadores.

También les preguntamos sobre la calidad de la educación que recibían sus hijos.

Muchos lectores parecían pensar que los sistemas de educación en sus países los estaban decepcionando. Las escuelas no preparaban a sus hijos para el mercado laboral del siglo XXI, y sus fracasos tenían un impacto desde el inicio del proceso educativo, cuando el aprendizaje es más crucial. Además, esto sucedía en una etapa donde las investigaciones del BID muestran que la cobertura debería ser casi universal, con marcados aumentos del gasto en los últimos años. “Tenemos muchos niños que están terminando la educación básica y no saben leer y escribir”, se lamentó un lector desde México.

Muchos maestros, como reveló un blog reciente, dedican demasiado tiempo a cuestiones administrativas del aula y muy poco a enseñar. O enseñan información incorrecta y no corrigen a los estudiantes cuando cometen errores. Los resultados del examen internacional más reciente para jóvenes de 15 años, el Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), refleja fracasos reales. El promedio de 10 países de la región está rezagado en 2,5 años de educación escolar respecto a la OCDE.

“La educación de nuestras escuelas y universidades no prepara a los jóvenes para el trabajo o el mercado, ni tampoco para que sean ciudadanos en nuestra sociedad”, dijo Fernando de Nielander Ribeiro, de Brasil.

Parte de la culpa la tiene una enseñanza que fija conocimientos de memoria, en lugar de desarrollar un pensamiento creativo, según Andrea Ixquiac Velásquez, de Costa Rica. Como muchas otras personas que respondieron nuestra encuesta, la lectora también señaló un fracaso del sistema educativo en desarrollar habilidades socio-emocionales. Esos atributos clave, como la empatía y la capacidad de trabajar en equipo, son esenciales tanto para tener una vida social saludable como para hacer frente las demandas de la economía moderna. “El aprendizaje es mínimo”, dijo Edwin Melgar Ortiz, de Bolivia. “Así como las clases de los maestros, que carecen de actualizaciones pedagógicas y de conocimientos”.

Nuestro libro propone reformas críticas y costo-efectivas, desde mejoras en la pedagogía hasta herramientas motivacionales para los estudiantes, que podrían sacar a los sistemas educativos de la región de su actual letargo. Además, explora el aprendizaje basado en computadoras, incluida la educación interactiva, que podría “alterar la educación” con el dinamismo que necesita.

En una columna reciente en The New York Times, Thomas Friedman habló de un futuro, que está casi entre nosotros, donde los vehículos sin conductor, programados por un teléfono inteligente, reloj o anteojos, dejan sin trabajo a los conductores de camiones y taxis, y donde el poder expansivo de los microprocesadores potencialmente deja a los contadores sin empleo. Es un mundo donde un trabajador de una plataforma petrolera o un mecánico de autos ya no es tanto un trabajador manual sino un experto informático, que puede aprovechar la tecnología moderna para cumplir su labor.

“La idea de que podemos ir a la universidad por cuatro años y luego usar ese conocimiento durante los siguientes 30 años ya no existe”, escribe. “Si quieres ser un trabajador para toda la vida hoy, en cualquier lado, debes aprender durante toda la vida. Y eso significa: ahora hay más que depende de ti. Y eso significa que la auto-motivación para aprender y seguir aprendiendo se convierte en la habilidad más importante en la vida”.

Es un mensaje que vale la pena que tengan en mente quienes están terminando la universidad. También es clave para los gobiernos. La globalización, la automatización, y una serie de otras fuerzas modernas están cambiando de forma irrevocable las reglas del juego. Reformar los sistemas de educación y asegurarse de que los graduados futuros adquieran los conocimientos básicos de lectura, matemática y ciencias; desarrollen habilidades socio-emocionales, y aprendan cómo seguir aprendiendo no sólo es clave para el éxito de los individuos. Determinará cuán productivas y exitosas pueden ser las economías en un siglo que se mueve rápido y cuyos avances apenas podemos predecir.