Las redes de protección social —donaciones en efectivo que se entregan regularmente a los hogares pobres a cambio de que los niños asistan a la escuela o sean sometidos a exámenes periódicos de salud— se han convertido en una de las estrategias más eficaces de reducción de la pobreza, ayudando a los pobres y vulnerables a afrontar crisis y catástrofes.

Cada año, los programas de este tipo en los países en desarrollo ayudan a salir de la pobreza absoluta a unos 69 millones de personas y mejoran la situación de unos 97 millones de habitantes ubicados en el 20 % más pobre de la población, lo que constituye un aporte considerable a la lucha mundial contra la pobreza.

Número estimado, en millones, de personas que salen de la pobreza gracias a las redes de protección social. Nota: La pobreza absoluta se define como el porcentaje de personas que subsisten con menos de USD 1,25 al día (PPA); la pobreza relativa se define como la pertenencia al 20 % inferior de la escala de distribución del ingreso/consumo per cápita de un país. (Fuente: Base de datos ASPIRE).

Ahora observamos una duplicación en el número de países en desarrollo —de 72 países en el año 2000 a 149 en 2017— que proporcionan programas de protección social a sus ciudadanos. Esto significa que casi todos los países en desarrollo tienen una diversidad de programas y otras medidas de protección social —transferencias monetarias condicionadas y no condicionadas, pensiones para adultos mayores y programas de alimentación escolar y obras públicas—, todas intervenciones que ayudan a los hogares pobres a gestionar los riesgos y les permiten mantener sus medios de subsistencia.

También es evidente el compromiso con la ampliación de la cobertura en los países que tienen programas de larga data. Lo vemos en Colombia, Perú y Filipinas, (PDF, en inglés) donde los programas pasaron de cubrir a menos del 5 % de la población en sus inicios a incluir entre el 15 % y el 20 % de la población una década más tarde.

Además, ahora vemos cómo los programas de redes de protección social pueden desempeñar una función importante en la preparación para los desastres y la respuesta después de una crisis. Cuando la región de África meridional fue afectada por la peor sequía en 35 años, las transferencias de efectivo fueron la respuesta primaria para ayudar a la recuperación de unos 32 millones de personas que sufrían inseguridad alimentaria debido a dicho problema. Pero si bien estas tendencias mundiales en redes de protección social muestran avances significativos, es necesario hacer más para subsanar las brechas en materia de cobertura. Esto es especialmente crítico en los países de ingreso bajo donde solo el 20 % de los hogares pobres está cubierto por programas de redes de protección social.

Para abordar los desafíos y proporcionar una cobertura eficaz a quienes más lo necesitan, debemos garantizar que los programas produzcan mejores resultados para los beneficiarios. Por ello, nos centramos en promover tres esferas críticas para mejorar el alcance y el impacto de los programas de redes de protección social:

1. Inclusión y graduación productivas: agregando medidas que proporcionen ingresos o (auto) empleo como condición para participar en el programa o conectando a los beneficiarios con otros servicios sociales proporcionados por el Gobierno. En El Salvador, por ejemplo, un proyecto de asistencia económica y empleabilidad provee ayuda a grupos vulnerables afectados por la crisis alimentaria, energética y financiera. Los beneficiarios recibieron USD 100 por mes a cambio de participar en programas de capacitación y proyectos comunitarios. En nuestra evaluación de impacto concluimos que el proyecto permitió a los participantes estar mejor preparados para encontrar un trabajo y aumentó su disposición de iniciar un negocio. El objetivo primordial es que los participantes se “gradúen” de los programas —es decir tengan una “manera de salir” de las condiciones de pobreza— y al hacerlo cuenten con mayores capacidades y mejor acceso a las oportunidades.

2. Indicaciones de comportamiento: un concepto de la ciencia del comportamiento que aboga por el refuerzo positivo y las sugerencias indirectas o “indicaciones” que pueden influir en los motivos y las decisiones de los participantes. Estas “indicaciones” tienen el potencial de dar lugar a resultados duraderos, como hemos visto en nuestro programa en Madagascar, donde las intervenciones conductuales ayudaron a cambiar la mentalidad con respecto al género y capacitar a las mujeres en habilidades de liderazgo, planificación financiera y desarrollo de negocios.

3. Sistemas de prestación y de información: un registro social que sirve como puerta de entrada para que las personas o familias sean consideradas en uno o más programas sociales, y un sistema de prestación eficiente que tenga una estructura básica que incluya datos e información, aplicaciones informáticas, gestión de bases de datos y una infraestructura de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) confiable.

La comunidad mundial reconoce el papel fundamental de la protección social universal —incluidos los programas de redes de protección social— para lograr nuestro programa de desarrollo. También me alegró escuchar los compromisos de los ministros de todo el mundo en una mesa redonda realizada la semana pasada durante las Reuniones de Primavera del Grupo Banco Mundial y el FMI. Los líderes mundiales y los asociados en la tarea del desarrollo trabajan de manera conjunta para ayudar a los países a subsanar la brecha de cobertura y asegurar que nadie quede rezagado.