La vitamina D ayuda a nuestros organismos a regular los niveles de calcio y fosfato -nutrientes que mantienen saludables los huesos, los dientes y los músculos-. Muchas veces, la luz del sol en nuestra piel puede ser suficiente para permitirnos producir toda la vitamina D que necesitamos. Pero cuando la luz del sol es escasa, la vitamina D debe ser ingerida, y puede ser difícil cumplir con los niveles recomendados sólo a partir de los alimentos. Esto es importante porque los beneficios para la salud de una ingesta adecuada de vitamina D pueden ser aún mayores de lo que se creía anteriormente.

Las deficiencias de vitamina D son universales: afectan a alrededor de mil millones de personas, de todos los grupos etarios y etnicidades, inclusive en países donde hay luz solar todo el año. Por cierto, son particularmente comunes en Oriente Medio, debido en parte a la prevalencia de ropa que cubre la piel y un hábito cultural de no estar expuesto al sol. Ese mismo hábito, junto con la piel más oscura, contribuye a niveles más bajos de vitamina D entre los africanos.

Inclusive en países industrializados, los médicos están detectando un resurgimiento del raquitismo, una enfermedad que debilita los huesos y que había sido, en gran medida, erradicada a través de leche fortificada con vitaminas y otros productos. Y el raquitismo está lejos de ser la única enfermedad que puede ser generada por una deficiencia de vitamina D. La investigación realizada en los últimos diez años sugiere que la vitamina D desempeña un papel de lucha contra las enfermedades mucho más amplio de lo que se creyó en algún momento.

Por ejemplo, el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud determinó que los hombres con deficiencias de vitamina D tenían el doble de probabilidades de sufrir un ataque cardíaco que los hombres con niveles adecuados. Otros estudios han detectado vínculos entre niveles bajos de vitamina D y un riesgo mayor de insuficiencia cardíaca y muerte cardíaca repentina, derrames cerebrales y enfermedades cardiovasculares en general. Y otro estudio demostró que los suplementos diarios de vitamina D pueden mejorar la función cardíaca en personas con insuficiencia cardíaca crónica.

Otras decenas de estudios se refieren a un vínculo potencial entre niveles bajos de vitamina D y un mayor riesgo de cáncer, particularmente el riesgo de cáncer colorrectal (aunque, en base a la evidencia actual, sigue sin saberse a ciencia cierta si los suplementos de vitamina D efectivamente reducen el riesgo de cáncer). De la misma manera, los niveles de vitamina D en cierto modo sirven para predecir la supervivencia al cáncer (aunque la evidencia sigue siendo limitada también en este caso).

Luego está la esclerosis múltiple, que ocurre a tasas mucho más bajas en climas más soleados, posiblemente debido, en parte, a mayores niveles de vitamina D. Un estudio determinó que, de pacientes que ya tenían esclerosis múltiple, aquellos que tomaron una dosis elevada de suplementos de vitamina D tenían tasas de recaída más bajas. Otro estudio demostró que aquellas personas con los niveles más altos de vitamina D en sangre tenían un riesgo 62% menor de desarrollar esclerosis múltiple que aquellas con los niveles de vitamina D más bajos.

De la misma manera, un estudio de 30 años realizado en Finlandia determinó que los niños que regularmente recibían suplementos de vitamina D durante la infancia tenían un riesgo casi 90% menor de desarrollar diabetes tipo 1 que aquellos niños que no los recibían. Otros estudios de control de casos europeos refuerzan la conclusión de que la vitamina D puede ayudar a proteger contra la diabetes tipo 1.

Hasta la obesidad puede tener conexiones con la vitamina D. Un estudio clínico determinó que proporcionarles suplementos a personas obesas o con sobrepeso que tienen deficiencia de vitamina D ayuda a la pérdida de peso y mejora los beneficios de una dieta reducida en calorías. Otro estudio reveló que las mujeres a dieta con un nivel de calcio insuficiente que tomaron un suplemento de calcio y vitamina D tenían más pérdida de grasas que aquellas que no.

Como si esto no fuera suficiente, la vitamina D también ayuda a combatir la infección. Los científicos han descubierto que la vitamina D es necesaria para activar las células T del sistema inmunológico, que identifican y atacan los patógenos malignos que circulan por el organismo.

Eso puede explicar, al menos en parte, por qué el virus de la gripe tiene picos en los meses de invierno (en climas templados). Esta estacionalidad llevó a un médico británico a la hipótesis de que los brotes de gripe están afectados por un "estímulo estacional" relacionado con la luz del sol. Un ensayo controlado de manera aleatoria en niños japoneses determinó que las tasas de gripe A en niños que consumían suplementos de vitamina D eran aproximadamente un 40% más bajas que en aquellos que tomaban un placebo; no había ninguna diferencia significativa en las tasas de gripe B. Un estudio reciente determinó que los suplementos de vitamina D eran una protección segura, en general, contra infecciones agudas del tracto respiratorio.

El rol de la vitamina D en la lucha contra la infección no es exactamente algo novedoso. Antes de que se descubrieran los antibióticos, la luz solar era parte del tratamiento estándar para la tuberculosis (TB). Un estudio demostró que los pacientes con TB se recuperaban más rápido cuando les suministraba vitamina D junto con antibióticos. Y varios estudios, cuando analizados en conjunto, sugieren que las personas saludables diagnosticadas con tuberculosis tienen niveles más bajos de vitamina D que la gente sana de edad y características similares.

Hace falta más investigación antes de que podamos estar seguros de cualquiera de estos beneficios, pero los resultados recientes son alentadores. En cualquier caso, no existen dudas de que la vitamina D es crucial para la salud humana.

¿Cuánta vitamina D necesitamos entonces para recibir sus recompensas que permiten combatir las enfermedades? El Instituto de Medicina recomienda triplicar la ingesta diaria recomendada de vitamina D para los niños y los adultos en Estados Unidos y Canadá, a 600 UI (15 microgramos) por día. La ingesta dietética recomendada por el Servicio de Salud de Inglaterra para adultos y niños de más de un año es 400 UI (10 microgramos) por día. Considerando la poca cantidad de alimentos que contienen naturalmente vitamina D, alcanzar estos niveles puede exigir un esfuerzo consciente.

Algunas personas pueden necesitar más que la ingesta dietética recomendada -si son obesas o si toman medicamentos anticonvulsivos, inmunosupresores, fungicidas como el ketoconazol o medicamentos para el VIH/SIDA-, aunque es importante consultar a un médico antes de iniciar algún régimen de este tipo. Ingerir demasiada vitamina D -más de 10.000 UI por día- puede causar problemas renales y de tejidos y promover la hipercalcemia (la acumulación de calcio en la sangre).

Todavía nos faltan algunos años para los ensayos clínicos que exploren el vínculo posible entre los suplementos de vitamina D, los niveles superiores de vitamina D y el riesgo reducido de enfermedad. Sin embargo, dadas las implicancias para la salud pública de este tipo de conexión -los niveles bajos de vitamina D han estado vinculados a un riesgo doble de muerte prematura-, la investigación no podría ser más importante. En salud pública, no hay muchos puntos de inflexión. La vitamina D todavía puede demostrar ser uno de ellos.