La mayor parte del gas que se consume en España tiene su origen en países del norte de África como Argelia o de países subsaharianos como Nigeria. Estos dos países son objeto a día de hoy de continuos ataques y conflictos internos de baja y media intensidad por parte de grupos fundamentalistas islámicos. De la estabilidad de esta región depende en gran medida no solo la seguridad de la propia zona del Sahel sino de manera más grave, la estabilidad y seguridad de suministros energéticos de Europa, especialmente del Sur.

El gas africano que llega a Europa

En 2016, según datos de la corporación CORES especializada en la seguridad del suministro de hidrocarburos a España, las importaciones de recursos gasísticos a nuestro país se desglosaron del siguiente modo: Argelia (56,5%), Nigeria (14,0%), Noruega (10,7%) y Qatar (9,9%).

Las cifras hablan por sí solas, entre Argelia y Nigeria suministran nada menos que un 70% del gas que llega a España y que luego se redistribuye por Europa. Por lo tanto, la dependencia de estas importaciones africanas es total desde el sur de Europa. Pero la importancia de Argelia como suministrador de gas y petróleo también atañe y mucho al centro de Europa a donde llega el gas a través de Italia, suponiendo una aportación clave especialmente cuando ha escaseado el gas de origen ruso.

Fuente: Eyes on Europe and the Middle East

Pero debemos analizar el caso argelino para comprender por qué la dependencia de estos recursos africanos es tan frágil. Después de Rusia y Noruega, Argelia es el tercer proveedor de gas de Europa y el primero de España. Miembro de la OPEP, es también uno de los principales productores del crudo que adquieren muchos países de Europa. Argelia es a día de hoy el octavo productor de gas mundial y la mayor potencia militar del Magreb. Para Argelia los hidrocarburos representan alrededor del 50% del PIB, suponen el 60% de sus ingresos presupuestarios y más del 95% de sus exportaciones.

Argelia, durante años bajo el gobierno del presidente Abdelaziz Buteflika ha atraído numerosas inversiones de multinacionales del sector hidrocarburos a sus tierras, atraídas no solo por la enorme riqueza de sus reservas localizadas en su mayoría en terreno sahariano, sino también por la estabilidad que brindaba el gobierno del Frente de Liberación Nacional (en el gobierno desde la independencia respecto a Francia en 1962 tras una cruenta guerra). Desde el final de la cruenta guerra civil (1991-2002), el gobierno del FLN ha sabido aplacar la amenaza de los grupos armados de corte islamista que campaban por la región del Atlas y en los desiertos del centro y sur del país. Así las cosas, el gobierno de Buteflika ha mantenido un tenso pulso durante años con grupos como el Grupo Islámico Armado o más recientemente el AQMI (Al-Qaeda en el Magreb Islámico).

El gobierno argelino tenía ganada la batalla en el terreno a los islamistas hasta que este último grupo AQMI asaltó la planta gasística de In Amenas en el sur de Argelia en 2013. Esta planta representa el cuarto complejo de gas argelino por importancia de producción. In Amenas comprende un grupo de varios campos de wet gas o “gas húmedo”, suponiendo el 10% de la producción total de gas argelino.

En el ataque, los yihadistas dirigidos por el caudillo Mokhtar Belmokhtar tomaron la planta como respuesta a la intervención de tropas francesas en el conflicto interno de Mali y con el objetivo principal de tomar rehenes. El resultado de este asalto no pudo ser peor, tanto para los propios trabajadores como para la imagen de Argelia como zona segura dentro de la inestabilidad que se vivía en el Magreb. Treinta y siete rehenes fueron asesinados y todos los terroristas fueron abatidos (29) o capturados (3).

Argelia, tras estos hechos vio debilitada su imagen internacional, especialmente de cara a las inversiones de las industrias de hidrocarburos que se encontraban en su territorio. Multinacionales del sector como BP, Statoil o la española CEPSA comenzaron a evacuar a sus empleados extranjeros de las plantas que tenían. Ésta última, CEPSA en 2013 producía el 17% del gas y el petróleo de Argelia, especialmente en plantas en zonas convulsas como aquellas fronterizas con la agitada Libia y Túnez, zonas de alta tensión por la presencia de milicias yihadistas.

Argelia, desde ese momento hasta hoy afronta un reto doble; por una lado aspirar a una situación de estabilidad y seguridad interna que aún no se ha materializado puesto que los grupos afines a AQMI siguen activos en el país, por otro lado de cara al exterior Argelia debe recuperar su imagen de potencia norte africana en materia energética y especialmente retomar la percepción que había conseguido crear a nivel internacional como un país con un gobierno fuerte que garantizaba las inversiones extranjeras. De estas últimas depende en gran medida la economía argelina que con la pérdida del apoyo financiero de empresas multinacionales del sector hidrocarburos en forma de inversiones en plantas de extracción, abocaría a la economía a una situación aún más delicada dinamitando sus exportaciones a el sur de Europa.

España-Argelia. Relación e impacto de la seguridad interna

Tras las “primaveras árabes” de 2010 que no tuvieron una repercusión notoria en Argelia, la situación interna en términos de seguridad sigue afrontando las mismas amenazas. La porosidad de las fronteras del Este y del Sur del país son puertas abiertas a las filtraciones de elementos terroristas yihadistas que pueden suponer un flujo continuo de radicales a las filas del AQMI y desestabilizar aún más la región.

De la actuación policial y militar del gobierno argelino contra éstos dependerá no solo la estabilidad interna social, económica y política, sino las relaciones comerciales con los vecinos, entre ellos España e Italia.

La presencia de las fuerzas armadas en infraestructuras críticas es clave en la seguridad argelina. Pero con ataques y sabotajes como los de In Amena se ha cuestionado la invulnerabilidad de las instalaciones energéticas argelinas. Este factor había supuesto hasta hace años la gran diferencia que marcaba Argelia como garante de estabilidad y seguridad respecto a sus vecinos del norte de África.

En nuestro país, preocupa y con razón las vicisitudes de nuestro vecino del sur. En primer lugar, por el tema que aquí se trata, el energético. Una inestabilidad crónica en Argelia supondría una caída de las exportaciones hacia Europa y por ende hacia España, comprometiendo así el suministro de gas y petróleo a nuestro país. Una caída de los niveles actuales de suministros solo podría tener consecuencias negativas en la economía española y europea. En segundo lugar, la situación preocupa por la conexión entre los elementos yihadistas de la otra orilla del Mediterráneo con aquellos elementos y células que se encuentran en suelo español.

Las amenazas a la seguridad tanto española como argelina suponen un tremendo reto que se ha de afrontar con una colaboración estrecha entre las fuerzas de seguridad de ambas partes, algo que ya se viene haciendo. Prueba de ello son las continuas detenciones de individuos o grupos ridiculizados de origen magrebí en España y que mantienen conexiones con sus pares en Argelia.

Conclusión

Argelia es probablemente un desconocido para nuestra sociedad, pero son muchos los lazos que nos unen, no solo históricos, sino culturales, así como económicos y de seguridad como aquí se ha visto. La dependencia bilateral es de las más estrechas que tiene España en su entorno, no en vano nuestro país es el segundo mercado del gas de Argelia. Con lo cual, cualquier amenaza que penda sobre la seguridad interna argelina debe ser una preocupación mayor para España, puesto que como ha quedado reflejado, de aquella depende nuestra seguridad y nuestros suministros energéticos.

En definitiva, España y Argelia mantienen una fructífera relación fundamentada en intereses comunes. España debe buscar un mayor aprovechamiento de las relaciones bilaterales con nuestro vecino más rico en términos energéticos, un socio estratégico y uno de los países del Magreb que mejor lidia con una amenaza tan grave como es la yihadista. Un factor clave de este hecho sin duda es su gobierno fuerte y poseer unas fuerzas armadas profesionales y competentes con esta amenaza.

La presencia de grupos yihadistas en Argelia está claro que tiene implicaciones importantes para la geopolítica de la energía en la región. Por ello, tanto España como el resto de países de la Unión Europea dependientes de los suministros argelinos, deben emprender una estrategia de seguridad fiable y real para Argelia y la región del Sahel. El mejor ejemplo a día de hoy son las misiones sobre el terreno que llevan a cabo varios países de la UE encabezados por Francia en Malí y Níger, puntos clave de la región del Sahel y ligados estrechamente a la seguridad de la zona con implicaciones directas en Argelia.

Por tanto, a Argelia le conviene seguir manteniendo esa primacía regional que encanaba hasta ahora y favorecer las relaciones económicas con otros Estados, pudiendo así mantener e incluso extender su influencia en la Unión Europea y salvaguardar su seguridad energética e interna.

Queda por ver si en el futuro a corto y medio plazo, los países del Magreb consiguen aplacar la amenaza yihadista que llega del sur y del este, manteniéndose, así como elementos clave en el juego geopolítico de una región ya convulsa, o si por el contrario ante el debilitamiento de grupos como Al-Qaeda o DAESH en Siria o Libia, ven un movimiento de estos grupos hacia los territorios del Magreb. De producirse esta última posibilidad, las implicaciones para la seguridad y la economía europea podrían ser enormemente negativas. Por esta precisa razón se deben seguir estrechando lazos a ambos lados del Mediterráneo y cooperar en materia de seguridad especialmente para apuntalar la estabilidad de nuestros vecinos, empezando en el Sahel y terminando en Marruecos y Argelia.