El número de horas que duerme la persona promedio se viene reduciendo en la mayoría de países europeos, pero todavía ignoramos sus efectos sobre la actividad económica y el rendimiento económico. España, en particular, se posiciona entre los países de Europa que menos se duerme.

Entre los factores importantes que lo explican está el ‘reloj biológico’, esto es, el hecho que la temperatura nocturna tiende a ser más elevada que en otros países y, además, la mayor exposición a horas de sol. Por otra parte, también se puede argumentar que en países mediterráneos el ‘reloj social’ no está pensado para que la población alcance las horas idealmente necesarias (entre 7 y 9). Entre los factores que afectan al reloj social están los horarios poco racionales (e.g., se empieza a trabajar temprano y se acaba tarde, aunque se interrumpa la jornada), el ruido y, finalmente, el acceso 24 horas al día a la tecnología de información y el entretenimiento. En muchos casos, ni siquiera somos conscientes del efecto del ‘reloj social’, ya que forma parte de nuestras rutinas desde siempre (especialmente si uno no ha vivido en otros países diferentes). Finalmente, en otros casos, la deficiencia de sueño nos puede venir como consencuencia de motivos "menos" predecibles o anticipables. Por ejemplo, los cambios en el sueño derivados de tener hijos (si bien alguno/as son más eficientes en tomar el sueño que otros), o la fiesta no anunciada del vecino del vecino.

El caso es que la falta de sueño provoca un estado de fatiga que puede socavar significativamente el rendimiento económico. La privación del sueño en general, incluso cuando es moderada, resulta ser perjudicial para los comportamientos de empleo. Sin embargo, la cuestión de si dormir es una actividad productiva o no ha recibido una atención muy limitada en la investigación económica hasta el momento.

Se puede afirmar que el sueño suele pasarse por alto en los modelos económicos de uso o distribución del tiempo, y ello a pesar de sus obvios efectos restauradores sobre la salud humana, la plasticidad cerebral y el bienestar emocional. Tampoco las recomendaciones de política económica a menudo tienen en cuenta la importancia del sueño. Frecuentemente asumen que simplemente escogemos entre trabajo y ocio, y poco más. Claro está que hay algunas excepciones como el trabajo de Biddle y Hamermesh (1990)donde utilizan datos de distribución del tiempo de la encuesta sobre el uso del tiempo. Dichos autores estiman que un aumento de una hora en el trabajo remunerado reduce el sueño en 10 minutos y, más generalmente, revelan el efecto del coste de oportunidad del sueño sobre los salarios. Mas recientemente, Hamermesh et al (2008) estudian el efecto de programas de televisión y la luz solar sobre el sueño y la coordinación.

Otros estudios analizan el efecto del ingreso y la educación. Por ejemplo, se observa una asociación entre ingreso y sueño (Gardner et al., 2010), que desaparece cuando uno controla por diferencias en salud y otras características individuales. Antillon et al. (2014) examinan el efecto del desempleo sobre el sueño y encuentran pruebas de que el sueño es anti-cíclico. Finalmente, Gibson y Shrader (2015) también con datos de uso del tiempo de EEUU de sección cruzada estiman que el efecto a corto plazo de una reducción del sueño de una hora sobre los salarios es del 1,5% y a largo plazo del 5%. La ventaja de los datos de EEUU es que uno puede utilizan los cambios de huso horario como experimentos ya que el cambio de hora no coincide con los cambios en exposición a la luz. Pero las estimaciones que se obtienen no permiten ser interpretadas como efectos individuales.

El sueño de los hijos como un experimento

En mi investigación con Sara Fleche hemos analizado los efectos del sueño sobre el empleo utilizando datos del Reino Unido (Costa-Font y Fleche, 2016) . Para estimar el efecto del sueño en el empleo, necesitamos una fuente de variación exógena del sueño de las personas, y la encontramos en la variación del sueño de sus hijos (o así lo creemos después de múltiples test de robustez y de analizar mecanismos alternativos). En particular, analizamos los cambios en el sueño de padres e hijos en 14.000 familias británicas desde practicamente el parto hasta los 25 años. La base de datos contiene información muy precisa sobre la calidad del sueño del niño, incluyendo si el niño se despierta durante la noche, el tiempo de sueño y el sueño diurno, así como las rutinas de sueño del niño y los factores ambientales que influyen en la calidad del sueño. Podemos entonces relacionar estas medidas con medidas objetivas y subjetivas de la calidad del sueño de los padres, incluida la duración media del sueño, y si la madre o el padre sienten que han dormido suficiente. Otra ventaja es que los datos nos proporcionan información sobre las características del empleo materno y paterno, incluyendo la situación laboral, el número de horas trabajadas, la satisfacción en el trabajo y los ingresos de los padres de manera longitudinal.

Las figuras 1 y 2 muestran la asociación entre dos resultados de empleo (tanto la probabilidad de empleo de la madre como su ingreso familiar) sobre el número de veces que el niño se despierta por la noche para una muestra de 10.000 niños. En ambos casos, las cifras muestran una fuerte y robusta relación negativa. Lo que nos lleva a confirmar que la relación entre el sueño y el se produce a través de los canales esperados: (i) la calidad del sueño del niño es un factor importante en la calidad del sueño de los padres; (ii) la calidad del sueño de los padres está fuertemente correlacionada con el empleo de los padres, las decisiones sobre el tiempo de trabajo y el ingreso.

Figura 1 - Relación entre probabilidad de empleo y número de veces que el hijo/a se levanta por la noche

Figure 2 - Relación entre renta del hogar y número de veces que el hijo/a se levanta por la noche

Nuestros resultados indican que una mejora de una hora en la duración media del sueño nocturno de la madre aumentaría la probabilidad de empleo en 4%, el número de horas trabajadas en un 7%, el ingreso familiar en un 11% y, finalmente, la satisfacción laboral, aunque esta última en menor medida. Estas estimaciones varían en función de la educación de la madre y se reducen significativamente cuando la madre tiene una elevada calificación laboral.

Así pues, dormir importa

Dormir bien o no tiene consecuencias más allá de la experiencia de bienestar de las personas. Es un factor determinante del empleo y, nuestras estimaciones parecen sugerir que el sueño merece algo más de atención al diseñar las políticas económicas. Quizás algunos países podrían mejorar su productividad simplemente racionalizando los horarios laborales para evitar perder horas de sueño, flexibilizando los contratos laborales que permitan acomodar los efectos de una mala noche (por ejemplo con una jornada más larga otro día). Otra implicación es que, ceteris paribus, dados los efectos del sueño sobre la productividad y los ingresos, los trabajadores con hijos pequeños deberían tener alguna compensación ya sea económica o en términos de tiempo. Nuestra investigación actual, con Ricardo Pagan precisamente aborda esta última cuestión con más detalle, así como los efectos económicos y sociales, más allá de los laborales. Ya os contaremos...