Tres libros que miran la guerra desde puntos de vista diferentes, pero que nos dejan con los mismos interrogantes sobre su evolución. ¿Qué sorpresas nos trae este nuevo siglo en cuanto al uso de la violencia?

El alcance del último libro del autor israelí Azar Gat es tan ambicioso como sus anteriores contribuciones a la historia militar y la estrategia, ejemplificadas en su obra de 1989 The Origins of Military Thought from the Enlightenment to Clausewitz.

Con el paso de los años Gat ha ampliado su foco y su más reciente ensayo The Causes of War & the Spread of Democracy – But Will War Rebound? nos lleva hasta las causas prehistóricas de la guerra. Los capítulos iniciales del libro deben mucho a la historia de la antropología moderna, pero los ejemplos que usa el autor para argumentar lo horribles que eran antes las cosas —los yanomami del Amazonas— no son aceptados universalmente. Puede que el salvaje de antaño no fuera el buen salvaje imaginado por Jean Jacques Rousseau pero, ¿fue realmente el salvaje que se describe en este libro?

Gat señala que “el hecho evidente de que tanto dentro del cristianismo como del islam se produjeran luchas incesantes a pesar de las condenas religiosas simplemente indica que, aunque se tratara de una fuerza muy potente, la ideología religiosa en la práctica se revelaba impotente para erradicar las motivaciones y realidades que generan la guerra”. La violencia letal y el conflicto no son el resultado de un impulso irresistible ni son una invención cultural, simplemente han estado presentes en nuestro repertorio de comportamientos desde el amanecer de nuestra especie.

The Causes of War & the Spread of Democracy – But Will War Rebound? nos lleva hasta las causas prehistóricas de la guerra.

El libro da lo mejor de sí cuando Gat comienza a analizar las teorías existentes sobre el declive de la guerra, como la “paz democrática” y la “paz capitalista”, que beben ambas de una más amplia “paz modernizadora” que ha ido creciendo desde el Tratado de Viena. Después de 1815, la guerra en el interior de las zonas más desarrolladas del mundo no desapareció, pero se hizo mucho menos frecuente. El título de este libro, sin embargo, delata la ambivalencia del autor, ya que resulta difícil considerar las dos guerras mundiales, especialmente la segunda, como un mero contratiempo

El autor argumenta de forma convincente que el ascenso del moderno sistema de Estados y la transformación socioeconómica que lo acompañó han fomentado los periodos de paz desde comienzos del siglo XIX, antecediendo a la emergencia de la democracia como norma política. John Stuart Mill lo explicó bien: “El comercio fue el primero que enseñó a las naciones a ver con buena voluntad la riqueza y la prosperidad de los demás. Antes, el patriota, a menos que contara con una avanzada cultura, deseaba que todos los países fueran débiles, pobres y mal gobernados, menos el suyo; y ahora ve en su riqueza y su progreso una fuente directa de riqueza y progreso para su propio país. Es el comercio el que rápidamente está volviendo la guerra obsoleta”. La dependencia y la prosperidad mutua, la mayor vulnerabilidad y la apertura de accesos conspiraron para aumentar la abundancia y el confort.

Y, no obstante, el que Mill escribiera esto en una época en la que tanto europeos como americanos daban rienda suelta a sus instintos más agresivos subyugando enormes franjas de África y Asia, suscita la pregunta de a qué nos estamos refiriendo en realidad. Para un indio bajo el Raj o un argelino bajo la dominación francesa tras 1830, para un egipcio bajo dominio británico o un congoleño bajo el rey Leopoldo II de Bélgica, hablar de paz capitalista podría resultar bastante ridículo, por no decir insultante.

Gat examina varias cuestiones de manera minuciosa. ¿De verdad la guerra ha ido en declive? Si esto es así, ¿por qué ha sucedido? ¿Cuál es el marco temporal en el que se ha producido este declive de la beligerancia: el fin de la guerra fría, 1945 o 1918, por no mencionar el siglo XIX? El autor analiza por qué la guerra se volvió poco rentable antes de volverse impensable. Todos estos temas están aderezados con referencias a la antigua Atenas y a Roma y resultan interesantes en la medida en que históricamente “las democracias y las repúblicas demostraron ser especialmente temibles en la guerra precisamente porque eran social y políticamente inclusivas”. Lo que parece ser cierto es que las democracias rara vez se enfrentan entre ellas. Esta proposición sobre la paz (inter-) democrática ha sido justamente proclamada como la ley más sólida descubierta en la disciplina de relaciones internacionales en décadas recientes.

Cuando el imperio soviético se hundió, “la noción de que solo existía una vía de éxito hacia la modernidad —la de la democracia capitalista— se empezó a promover con fuerza como el veredicto de la historia”. La gente pareció olvidar que los modelos alternativos de paz modernizadora ofrecidos a mediados del siglo XX por Japón y Alemania fueron aplastados por el poder de Estados Unidos, lo que inclinó decisivamente la balanza en favor de las democracias. En la actualidad, está por ver si China, en el papel de elefante en la cacharrería de la economía, accede a unirse al juego de la paz modernizadora. En cuanto a Rusia, tiene una larga tradición de una profunda ambivalencia hacia los valores occidentales que se remonta a hace medio milenio.

La Gran Recesión de 2007-2008 ha demostrado que las democracias liberales son más disfuncionales y propensas a las crisis de lo que muchos creían, mientras que el compromiso estadounidense con la teoría de la paz democratizadora parece estar debilitándose. Los desafíos a la teoría de Gat son tres: países que reclaman una modernidad alternativa como China y Rusia y modernizadores fallidos que promueven el terrorismo y métodos no convencionales de expandirlo. El mundo es más pacífico de lo que lo ha sido nunca y aun así las noticias que recibimos a diario no deberían llevarnos a la complacencia. Puede que la segunda parte del título del libro —But will war rebound?— resulte ser la más profética.

The Modern Mercenary es una mirada al trasfondo de la misteriosa industria de los ejércitos privados modernos y los mercenarios

Si se necesitara algún antídoto para el relativo optimismo de Azar Gat, Sean McFate, investigador especializado en seguridad en África, lo proporciona en abundancia con un muy inquietante The Modern Mercenary, una mirada al trasfondo de la misteriosa industria de los ejércitos privados modernos y los mercenarios. El autor ofrece un análisis que invita a la reflexión sobre una forma neomedieval de guerra moderna que cada vez gana más adeptos. McFate conoce bien ese mundo como antiguo practicante de este arte —exparacaidista del Ejército de Estados Unidos y contratista militar en el sector privado—, y tras haber trabajado fundamentalmente en Burundi para la empresa privada militar DynCorp bajo contrato con el Gobierno estadounidense. Sin embargo, sabemos muy poco sobre la estructura de este sector, sus operaciones o hacia dónde se dirige. Habitualmente dirigidas por exmilitares, las organizaciones de contratistas son por su propia naturaleza herméticas. El autor argumenta que incluso el gobierno estadounidense, la entidad que de hecho les paga, sabe relativamente poco. Aunque el gobierno de Estados Unidos y las empresas de este país dominan el mercado en la actualidad, están emergiendo por todas partes compañías de seguridad privadas, especialmente en China. Es difícil superar esta explicación de muchos de los conflictos contemporáneos motivados por el mercado.

Para comprender cómo la proliferación de fuerzas privadas puede influir en las relaciones internacionales, el autor vuelve la mirada a la Edad Media en Europa, cuando los mercenarios eran habituales y la guerra bajo contrato la norma. Su conclusión es que las relaciones internacionales en el siglo XXI podrían tener más en común con la Edad Media que con el siglo pasado. El nuevo “neomedievalismo” contendrá, más que resolverá, los problemas. Este libro, inmensamente erudito y muy bien escrito, es una lectura mucho más perturbadora que la firmada por Gat.

Entre las muchas historias que cuenta se encuentra la de Liberia, que fue una vez considerada la joya de África Occidental, con tres vuelos directos a la semana de Pan Am desde Nueva York. En 1989, un brutal señor de la guerra, Charles Taylor, tomó el poder y para 2003 los ejércitos rebeldes cercaban ya Monrovia, la capital. Liberia se había convertido en el infierno. En 1975 su renta per cápita superaba a la de Egipto y doblaba a la de India. En 2003 era el país más pobre de África. Naciones Unidas intervino junto a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS por sus siglas en inglés) inmediatamente después de la guerra.

Pero desde 2005, la empresa Firestone Natural Rubber Company, que había regresado al país, ha invertido más de 101,75 millones de dólares para mejorar las condiciones en el país, con promesas de mucho más. Únicamente se permitió a dos empresas, Dyson Corp y Pacific Architects and Engineers, pujar por el contrato para reconstruir las Fuerzas Armadas de Liberia, que fue supervisado por el Departamento de Estado de EE UU porque con anterioridad habían ganado un contrato de tipo “entrega indefinida/cantidad indefinida” de cinco años con el Departamento para apoyar estos esfuerzos en África. Este lenguaje maravillosamente orwelliano y el secretismo más absoluto apuntan a la simple realidad de que es improbable que los periodistas y muchas ONG, por no hablar de los diplomáticos, tengan acceso a mucha información en estos casos, que se están multiplicando por todo el mundo. El libro de Sean McFate se lee como un thriller.

Enemies Known and Unknow deja al descubierto con gran esfuerzo la polémica y complicada relación entre la guerra, la tecnología, la violencia y la ley

Enemies Known and Unknown, del investigador del King’s College Jack McDonald, arroja luz sobre la política de asesinatos selectivos que el presidente Donald Trump ha heredado de sus predecesores. Es este un tema que todavía se debate poco en público. Tanto si uno opina que deberían ser condenados como homicidios ilegales y contraproducentes o elogiados como la manera más efectiva que se ha hallado para librar al mundo de terroristas despiadados, este libro deja al descubierto con gran esfuerzo la polémica y complicada relación entre la guerra, la tecnología, la violencia y la ley. Para rastrear el origen de este tipo de asesinatos el autor se remonta a la Segunda Guerra Mundial y la lucha de Estados Unidos contra Japón, pero en los últimos años los asesinatos selectivos se han vuelto mucho más frecuentes. Su uso se ha extendido de EE UU a Francia y el Reino Unido, y Rusia no es ajena a esta práctica. El serio estudio de Jack McDonald ilustra otro aspecto más de la cambiante naturaleza de la guerra. No cabe duda de que el siglo XXI nos ofrecerá más sorpresas en lo que se refiere al uso de la violencia y a cómo esta puede ser contenida. Y, sin duda, las respuestas serán tan complejas como siempre.