La economía de Estados Unidos sigue siendo una cosa admirable. Pese a los discursos que se oyen sobre la decadencia nacional, los estadounidenses siguen viviendo, por lo general, bien.

La economía está cercana al pleno empleo, los titanes corporativos de Wall Street siguen haciendo mucho dinero y la innovación que producen sitios como Silicon Valley no tiene igual en el mundo.

Pero los problemas están ahí

El clima político hace que la aprobación del presupuesto nacional se haya convertido en un melodrama que siempre parece dejar al gobierno al borde de la parálisis.

Se avecina una enorme controversia en torno a una propuesta del presidente Donald Trump para bajar los impuestos, iniciativa que, según sus críticos va encaminada a ayudar a los más ricos a expensas de los demás. Y en medio de todo esto est´a la deuda.

Esta nación de raíces puritanas se acostumbró a vivir endeudada y hoy las finanzas públicas reflejan un gigantesco déficit. Más aún, Estados Unidos tiene un problema que muchos solo asociaban con países en desarrollo: una creciente deuda externa.

Deuda gigantesca

Se estima que la deuda pública de EE.UU. llega a más de US$14 billones. China tiene casi US$1.2 billones en bonos del tesoro.

El economista estadounidense Kenneth Rogoff de la Universidad de Harvard decía en un artículo a comienzos de año que ninguna nación desarrollada en la historia se ha endeudado tanto como Estados Unidos.

¿Es sostenible? ¿Enfrentará en algún momento Estados Unidos situaciones como las que han experimentado naciones como Argentina y Grecia?

"Eventualmente, si mantiene esta trayectoria, Estados Unidos enfrentará una crisis de deuda", explica Marc Goldwein, vicepresidente del Comité por un Presupuesto Federal Responsable, un centro de investigación de Washington.

Solvencia

"No será una crisis de solvencia, no será como lo que vimos en Grecia. En el escenario estadounidense es más posible que se manifieste en los mercados financieros. Los acreedores empezarán a cobrar más interés por prestarle a Estados Unidos y eso tendrá impactos en los mercados financieros", agrega.

"Las tasas de interés están bajas. Pero la deuda está a niveles récord. Y no hay planes de reducirla. Eso es insostenible"

Goldwein encuentra hasta cierto punto preocupante que mucha de esa deuda pública esté en manos extranjeras, aunque piensa que a veces se ha exagerado el peligro.

"Cuando la deuda es con extranjeros, es más difícil para el gobierno aminorar su impacto, por ejemplo, usando el efecto de la inflación para reducir el monto real que hay que pagar a los acreedores", explica.

"También es cierto que algunos de los acreedores no siempre son amigables con Estados Unidos y podría llegar a presentarse un escenario en el que decidan reducir sus préstamos a Washington por razones políticas", lo que tendría especial relevancia en el caso chino, el mayor acreedor de Estados Unidos.

Problema del acreedor

Sin embargo, no es claro que China tendría un interés en hacer esto excepto en circunstancias particulares. Como decía Kenneth Rogoff en un artículo sobre la deuda publicado por Brookings Institute, cuando el deudor le debe al acreedor una cantidad suficientemente grande de dinero, el que tiene el problema es también el acreedor.

Si China castigase a Estados Unidos, por ejemplo, vendiendo masivamente algunos de sus activos en dólares, el precio de la moneda estadounidense caería, afectando el valor de las restantes propiedades chinas, como por ejemplo, los miles de millones de dólares que el banco central chino mantiene como reservas internacionales.

Rogoff estima que una caída del 20% en el precio del dólar frente al yuan le costaría al banco central chino cerca de US$100.000 millones.

"Cuando el deudor le debe al acreedor una cantidad suficientemente grande de dinero, el que tiene el problema es también el acreedor"

Amenaza latente

Estados Unidos no da ninguna indicación de querer reducir sus niveles de endeudamiento.

Si el actual gobierno consigue su objetivo de reducir los impuestos, es bien posible que aumente los déficits y las necesidades de financiamiento externo de Washington.

Por lo que en el mediano plazo, Estados Unidos seguirá siendo una nación cada vez más dependiente del extranjero para manejar sus finanzas públicas.

Y si bien los expertos parecen estar de acuerdo en que el país no enfrentará de inmediato una crisis tan grande como las que han caracterizado los descalabros de deuda externa en otros países, si advierten que Washington está incubando problemas que tarde o temprano tendrán consecuencias sobre su prosperidad económica.