António Guterres define con una palabra lo que se le viene encima en su primera Asamblea General como jefe de las Naciones Unidas. “Va a ser como un tiovivo”, dice el anfitrión. La lista de mandatarios, ministros y otras autoridades que pasarán esta semana por la puerta giratoria del organismo es interminable. Sin embargo, matiza con ironía diplomática, no usará “desinfectante para manos”.

La cita en Nueva York reunirá a 129 jefes de Estado y de Gobierno. Será también la primera vez que el presidente Donald Trump se dirigirá desde el solemne plenario a una comunidad internacional ansiosa por conocer las implicaciones de la política del “América primero” ante retos globales como el terrorismo, la migración, la proliferación nuclear, el cambio climático y la desigualdad.

“Las expectativas son bajas”, señalan los expertos del think tank Council of Foreign Relations al hablar de un eventual cambio en la retórica del presidente estadounidense, “cualquier gesto puede jugar a su favor”. Emmanuel Macron también debuta esta sesión. El presidente francés se ve como un contrapunto a la visión de Donald Trump, porque está plenamente comprometido con el multilateralismo.

El morbo que genera esta coincidencia, admiten en los pasillos, ayuda a captar la atención del mundo. Guterres es un puente entre países con posiciones enfrentadas en cuestiones críticas. El exprimer ministro portugués (1995-2002) se puso al frente de la ONU en enero. El proceso de adaptación fue rápido. Conocía la estructura desde dentro, de su etapa como alto comisionado para los refugiados, cargo que desempeñó entre 2005 y 2015.

El consenso general entre las delegaciones es que es líder efectivo. “Habla sin notas, conoce las carteras y es un constructor de consensos”, señalan, “además es una persona a la que no le tiembla el pulso”. A comienzos de mes dio prueba de ello, haciendo algo que no se había visto en las últimas tres décadas, desde que la institución estuvo dirigida por el peruano Javier Pérez de Cuellar, quien estuvo a cargo del organismo entre 1982 y 1991.

António Guterres pidió por carta al Consejo de Seguridad, el órgano con más poder en la estructura de la ONU, que interviniera para poner fin a la violencia en Birmania. La anterior vez que se hizo algo similar ante una crisis fue por Líbano, en 1989. Su acción es la muestra más palpable de hasta donde quiere llevar su función de secretario general, un cargo más bien administrativo.

Pilares de su agenda

António Guterres insistía en la rueda de prensa previa a la Asamblea que la ONU debe trabajar para garantizar la paz y una vida digna en un planeta sostenible. Esa visión condesa los tres de los cuatro pilares de su agenda. “Tiene el desafío de cambiar el mundo, haciendo frente a todos los conflictos, a la vez que cambia la organización”, comenta una fuente diplomática que lidió con los anteriores secretarios generales Ban Ki-moon y Kofi Annan.

Los que le tratan directamente resaltan que tiene una fibra sensible muy especial por las víctimas de atrocidades. Es un factor, como señala el think tank Chatham House, que jugó en su nombramiento. Está siendo muy persistente con la guerra civil en Siria, la hambruna en Somalia, Yemen y Sudán, las ambiciones nucleares norcoreanas, la crisis migratoria y el conflicto entre Israel y Palestina.

La enviada especial de ACNUR, Angelina Jolie, es recibida por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, en la Sede de la ONU en Nueva York, 14 de septiembre de 2017.
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“Ejerce con gran equilibrio su liderazgo”, valora Angelina Jolie, que como enviada especial para los refugiados dio durante 10 años visibilidad a la frustración de António Guterres por la incapacidad de los Gobiernos de responder ante conflictos humanitarios. Se reunió el jueves con él aprovechando que estaba en Nueva York para promocionar su película sobre las atrocidades en Camboya.

Pero los países miembros valoraron especialmente su capacidad de iniciativa y su voluntad de liderar la transformación que requiere la organización. “Es un reformador”, insisten. Guterres tiene que ajustar las tuercas en una organización que utiliza a 34 agencias, misiones, programas y fondos para cumplir su misión. Hasta los más fervientes defensores admiten que hay demasiada burocracia.

Difícil equilibrio

Los diplomáticos en la ONU que tienen una relación estrecha con el portugués destacan, de hecho, el esfuerzo que está haciendo en el arranque de su mandato para adaptar al organismo a los nuevos restos. Reforzando la institución, indica el propio secretario general, “conseguiremos mejores resultados para la gente a la que servimos”. Pero Naciones Unidas es un lugar complejo.

Guterres debe buscar siempre el equilibrio entre los intereses de los miembros. Cada uno tiene una prioridad diferente. Al país que ve subir el nivel del mar, le preocupa el cambio climático. Al que sufre la persecución, los derechos humanos. Al que le explota una bomba en el metro, el terrorismo. “Nadie puede afrontar todos estos retos por sí solo”, reitera en defensa del multilateralismo.

Miroslav Lajcak, que se postuló también para la secretaría general, recuerda que la ONU es muy diferente del organismo que se estableció en 1945. El ministro eslovaco de Exteriores ejerce esta sesión como presidente de la Asamblea General. Será una pieza clave para dar un impulso a la visión de António Guterres. “Reforma significa algo nuevo”, señala, “evolucionar y revitalizarse”.