Para averiguar la disposición a pagar por el aire limpio, hemos realizado un estudio de mercado de purificadores de aire en China, ya que son la vía principal por la que las familias pueden reducir la contaminación por cuenta propia. El resultado nos reveló que, de media, los chinos están dispuestos a pagar 5,46 dólares para eliminar un microgramo por metro cúbico de contaminación del aire que respiran durante cinco años. Sin embargo, la voluntad monetaria de la gente también varía ampliamente desde cero, en personas con ingresos bajos, a 15 dólares en personas con ingresos más altos.

¿Pero cómo llegamos hasta esas cifras? Vamos a ahondar un poco más en ello. En primer lugar, tuvimos la suerte de tener un experimento natural que parecía hecho a medida para nosotros en China gracias a sus políticas. Una de ellas significaba que el río Huai proporcionaba gratis calor a base de carbón sólo para las personas que viven al norte del río. Esta política hizo que la contaminación fuera peor en el norte, un 30% más de hecho.

Por otro lado, existía otra política que prohibía o desalentaba a las personas a la hora de mudarse a otra ciudad, por lo que las personas han vivido durante décadas expuestas a la contaminación. Lamentablemente, estas dos políticas han hecho que se crearan dos conjuntos de personas expuestas y no expuestas a la contaminación con las que hemos podido trabajar para hacer nuestras averiguaciones.

Nuestra hipótesis para el estudio fue que si la gente valoraba el aire limpio, compraría purificadores de aire que reducirían de manera efectiva la contaminación del aire en el interior de sus casas, y que los que sufren la peor contaminación compararían más de los que ya tuvieran.

Para probar estas afirmaciones, recogimos los datos de ventas mensuales de purificador del aire, los precios medios mensuales que se pagaban por ellos y los atributos detallados del producto como la eficacia en la reducción de la contaminación de los purificadores vendidos en tiendas al por menor de 81 ciudades chinas del norte y el sur entre enero de 2006 y diciembre de 2012. También recogimos datos de los monitores de contaminación e información demográfica del censo chino.

A partir de todos estos datos, comprobamos que nuestras suposiciones resultaron ser correctas. La compra de purificadores de aire en las ciudades del norte aumentó sustancialmente en comparación con las del sur, en concreto un 20%. A partir de ahí, hemos fuimos capaces de calcular el coste por unidad que la gente estaba dispuesta a pagar: 5,46 dólares.

¿Y cómo se puede utilizar este número para juzgar una política específica? Pues a través de un estudio de caso como el que nosotros hicimos. En 2005, el gobierno chino y el Banco Mundial pusieron en marcha reformas piloto para mejorar la política del río Huai. En ese momento, la política ya era tanto inflexible como ineficiente. Mientras, los consumidores todavía tenían poco control sobre el calor y la manera de medir su consumo. La mayor parte del calor era generado y controlado por grandes calderas situadas dentro de los complejos de los complejos residenciales y pagado a través de una tarifa plana.

Para corregir estos problemas, el gobierno y el Banco Mundial instalaron medidores en los hogares e implantaron un modelo de facturación a través del que los consumidores pudieran controlar lo que consumían y pagar sólo por ello. La iniciativa se llevó a cabo en siete ciudades del norte.

Usando cálculos sobre la base anual, encontramos que la disposición a pagar por aire limpio con estas reformas es de 1,88 millones por ciudad y año. Esto indica que las reformas realmente beneficiaron a los hogares. Además, estas reformas costaron 13.000 dólares anuales en cada ciudad y los beneficios que han reportado son mayores que el coste, por lo que son positivas y deberían expandirse.

Por último, es importante señalar que la “disposición a pagar” es una manera segura de indicar cómo valoran los ciudadanos el dinero de sus bolsillos en comparación con el aire que respiran. Además, también es un número sólido que los legisladores pueden utilizar para poner valor real a sus políticas y guiar sus futuras decisiones. Para los legisladores en lugares como China e India, que ahora mismo están deliberando diferentes políticas para luchar contra la contaminación, este número que indica la “disposición a pagar” por aire limpio de los ciudadanos es una herramienta más que llega en el momento adecuado.