Más del 50% de la población mundial vive en ciudades. Se estima que en 2050 este porcentaje se eleve al 70%, según Naciones Unidas. En este contexto, ciudades asiáticas como Seúl, Singapur o Tokio están liderando la revolución global de las ciudades inteligentes. El exvicealcalde de Seúl Sang Bum Kim (1957, Seúl) subraya la importancia de la tecnología para predecir las necesidades y los peligros en las ciudades y actuar antes de que sucedan.

“En el siglo XXI convertirse en una ciudad inteligente es la única opción”, señala Kim, que además es secretario general adjunto en CityNet, la mayor asociación de agentes urbanos comprometidos con el desarrollo sostenible en la región de Asia y el Pacífico. Las ciudades que no lo hagan, según explica, se quedarán atrás. Es decir, perderán competitividad y se encontrarán con más dificultades a la hora de mantener las infraestructuras.

Las ciudades que deseen ser competentes no deben dar la espalda al ‘big data’: “Los datos son muy útiles a la hora de prever cuál va a ser la demanda en un futuro para que los esfuerzos se pongan, primero, donde hacen falta, y segundo, en la medida en que son necesarios”. Kim pone un ejemplo de Seúl. Hace unos años, el gobierno metropolitano tenía un presupuesto limitado para establecer líneas de autobuses nocturnas. Con el fin de escoger las paradas de las líneas, analizaron en las zonas de fiesta cuántos taxis se cogían, qué peajes se pagaban y hacia dónde iban los vehículos o dónde se reponía gasolina. De esta forma, escogieron las ubicaciones idóneas para los habitantes y consiguieron potenciar la vida nocturna en Seúl.

"La clave no está en la extensión de las infraestructuras, sino en descongestionar las que hay y hacer que sean más eficaces"

Kim, que ha estado involucrado en los principales proyectos de transporte de la capital surcoreana durante los últimos 20 años, explica que en varias ciudades hay una obsesión por extender las redes de transporte y aumentar la capacidad de pasajeros. En Seúl esto ocurrió en la década de 1960, pero llegaron a la conclusión de que no tenía sentido ampliar las infraestructuras sin ningún límite. “Siempre podemos poner más trenes o autobuses, pero en realidad la clave no está en la extensión de las infraestructuras, sino en descongestionar las que hay y hacer que sean más eficaces”, subraya.

Además de los problemas con las infraestructuras de transporte, Kim declara que las ciudades asiáticas y europeas comparten muchos retos y deben colaborar para resolverlos. Por ello considera que son importantes eventos como Asia Innova, organizado por Casa Asia, el Ayuntamiento de Madrid y el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y en el que participó la semana pasada. La iniciativa reunió a más de veinte especialistas en el ámbito de las ciudades inteligentes de Asia y Europa para analizar las posibilidades de cooperación internacional en materia de urbanismo y sostenibilidad.

"Invertir en ciudades inteligentes implica un gasto, pero a largo plazo supondrá un ahorro considerable"

Entre otros desafíos, Kim menciona la eficiencia energética, el cambio climático o la gestión de la contaminación. Para solucionarlos, considera que es primordial tener en cuenta a los ciudadanos. En varias ciudades asiáticas se han desarrollado aplicaciones para que cualquier ciudadano vote a través de su 'smartphone' cómo quiere que sea su ciudad: “La frontera entre la ciudadanía y los gobernantes es cada vez más difusa, las nuevas generaciones están empezando a prestar atención a las tomas de decisión”.

Kim aventura que de aquí a 20 años, las ciudades inteligentes que impulsen proyectos sostenibles se expandirán. Para él, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos no tiene precio. “A nivel económico, invertir en ciudades inteligentes implica un gasto, pero a largo plazo supondrá un ahorro considerable”, concluye.