En la última edición de los premios Goya, cada una de las cinco películas candidatas al premio principal tenía por primera vez a una productora entre sus impulsores. Como imagen, fue fantástica, pero no llegaba más allá de ser un espejismo. Hoy, CIMA, la asociación que reúne a las mujeres del audiovisual español, presentará su informe anual, y las cifras, tozudas, mostrarán de nuevo la abismal desigualdad entre hombres y mujeres en el cine.

El estudio, titulado La representatividad de las mujeres en el sector cinematográfico español y elaborado por Sara Cuenca —socióloga especialista en género y sexualidad—, se ha realizado tomando como base los 154 largometrajes presentados a los 31ª premios Goya. En ellos, 2.270 personas desarrollaron diferentes cargos de responsabilidad: de ellos el 74% eran hombres y el 26%, mujeres. “Por distintas áreas, se mantiene también un 16% de representatividad femenina en dirección y guion”, apunta Virginia Yagüe, presidenta de CIMA. “Hay más en producción, un 26%, pero seguimos en cifras bajísimas”. Yagüe se reafirma en la importancia del cine como agente socializador: “Por eso, nos interesa incidir en el guion y en la dirección, porque ahí es donde surgen las historias, la posibilidad de luchar contra los estereotipos”. Que se ven incluso en los títulos de crédito de las películas españolas: solo hay un 2% de directoras de fotografía, un 3% de mujeres encabezando equipos de efectos especiales y un 8% en sonido. “Por contra, hay un 83% en diseño de vestuario y un 75% en maquillaje y peluquería. Son las áreas que tradicionalmente se dejaban a las mujeres y se mantienen así, reafirmando el cliché”. Solo se alcanzan porcentajes cercanos a lo paritario en dirección de producción (44%) y dirección artística (44%).

Los datos económicos son aún más llamativos. De media, una película española si la dirige un hombre cuenta con un presupuesto de 2,2 millones de euros; si la dirige una mujer, 1,4 millones. “Hay una diferencia de 820.000 euros. Y ese dinero conforma el tipo de cine que hace una directora. No es que únicamente nos gusten las historias intimistas, es que no nos dejan hacer otras”, dice la presidenta de CIMA.

Como guía de futuro, CIMA señala el caso de Suecia, país en el que desde que Anna Serner se hizo responsable del Instituto del Cine, hace tres años, se ha pasado de un 26% de películas con directoras al 50% en 2015. “Nosotras trabajamos en mesas de trabajo codo con codo con el ICAA [el organismo encargado del cine en el Ministerio de Cultura], y presentaremos el estudio con ellos, pero además de incidir en el ordenamiento que regula por ley las ayudas, o plantearse posibles cuotas, hay que hacer más”. Entre esos datos reveladores surge el porcentaje de ayudas selectivas, un 27,7%, que ha ido a parar a proyectos presentados por mujeres, en su mayoría películas de bajo presupuesto o documentales. “Hemos creado programas de visibilización, de cantera... Hoy, en la jornada que realizaremos alrededor de la presentación del informe, IV CIMA Mentoring, proyectaremos Verano 1993, de Carla Simón, película nacida de estos programas”, cuenta Yagüe, que reflexiona la auténtica solución para esta desigualdad, “que es reflejo de la que vivimos en cualquier ámbito de España”. Y esto se acabará “cuando haya voluntad de bloque, cuando toda la industria cinematográfica decida que de verdad no puede mantenerse ese desequilibrio. En cambio, seguimos igual, y hasta que no hablemos y encaremos cómo alcanzar esta normalización, no tendremos un cine saneado”.