La economía mundial podría crecer un 3,5% en 2017.

La Comisión Europea pronostica un 2,2% para EEUU y la zona euro. Y para China un 6,8%. América Latina también mejora pero lentamente si lo comparamos con otras áreas y economías emergentes o en desarrollo de Asia y África. No obstante, Méjico, a pesar de las complejas relaciones comerciales con EEUU, crecerá un 2,2%, Argentina ya acelera hacia el 3% mientras Brasil (0,7%) supera la recesión económica. Chile, Colombia y Perú pueden crecer entre un 1,5% y un 2,5%. Pero no cabe echar las campanas al vuelo. Siguen pendientes las reformas estructurales no llevadas a cabo cuando muchos países latinoamericanos disfrutaban del gran boom de las “commodities”, favorecido por la gran demanda china. La brusca caída de los precios dejó unos elevados déficits fiscales y unos endeudamientos públicos y privados, difíciles de corregir. Pero los precios se van recuperando, entre ellos el barril de petróleo que se situaba cerca de los 70 dólares a finales de noviembre. En cambio, las economías de algunos países centroamericanos y del Caribe que no dependen de las exportaciones energéticas van bien. Destacan Costa Rica y Panamá. Pero no acaba de arrancar la economía cubana, que cerró 2016 en recesión (-0,9%), la primera en 23 años y, según CEPAL, solo crecerá un 0,5% en 2017. Cuba sufre los impactos del huracán “Irma”, el colapso de Venezuela y las sanciones económicas impuestas por Trump.

La política comercial exterior de la Administración estadounidense basada en el “América first”, abre unas ventanas de oportunidades políticas y comerciales para la UE. Donald Trump enterró el Acuerdo Transpacífico (TPP) que Barack Obama firmó con 11 países de Asia-Pacífico en 2016 y el Acuerdo Transatlántico (TIPP) que EEUU negociaba con la UE. Bruselas reaccionó acelerando las negociaciones de un Acuerdo de libre comercio con Japón, rubricado el 6 de julio y dio luz verde al Acuerdo comercial con Canadá (CETA) provisionalmente en vigor desde el 21 de septiembre. Ahora, la UE prioriza el cierre de sendos acuerdos de Libre Comercio con Méjico y Mercosur. Cabe recordar que el TPP también fue firmado por tres países latinoamericanos, Méjico, Perú y Chile. Y la UE debe aprovechar las contradicciones del proteccionista Trump, con una firme apuesta por el Libre Comercio que incremente el peso y la competitividad de las empresas europeas al sur del rio Grande. Si la UE no reacciona, el vacío que pueda dejar EEUU será llenado por China que sigue penetrando comercialmente sin miramientos en toda América Latina.

El continente vive un giro político desde la izquierda hacia gobiernos de centro derecha. Un proceso iniciado con Mauricio Macri en Argentina en diciembre de 2015, un liderazgo reforzado en las elecciones legislativas parciales del 22 de octubre de 2017. Argentina tiene otra gran oportunidad para volver a la senda del crecimiento. Macri restauró la credibilidad y la confianza de los inversores internacionales. En cambio. Brasil sigue siendo el gigante enfermo latinoamericano de 208 millones de habitantes. Michel Temer accedió a la presidencia de Brasil tras el “impeachment” de Dilma Rousseff en abril de 2016. Pero persiste una falta de transparencia política que frena las inversiones a la espera de las elecciones presidenciales de octubre de 2018. Brasil precisa profundos cambios si quiere aprovechar el enorme potencial de sus valiosos recursos humanos y económicos. Finalmente se prevé la victoria de Sebastián Piñera en la segunda vuelta de las elecciones chilenas del 19 de diciembre de 2017.

Sin embargo, persisten los riesgos e incertidumbres políticas debido al trepidante calendario electoral en 2018, año en que se celebrarán las presidenciales en Colombia, Méjico y Brasil. Las clases medias y trabajadoras latinoamericanas piden más cambios, escandalizadas por los casos de rampante corrupción como el caso “Odebrecht”, una empresa constructora brasileña que sobornó a políticos y empresarios de varios países de la región. Además el clima de violencia o malestar social no facilita el “hacer negocios”. Las empresas y los ciudadanos exigen más seguridad jurídica. Los cuatro países miembros de la Alianza del Pacífico son los mejor situados en el informe “Doing Business 2018” publicado en octubre por el Banco Mundial. Méjico, Chile, Perú y Colombia ocupan los lugares 49º, 55º, 58º y 59º en una lista de 190 estados. En cambio, los miembros de Mercosur siguen muy rezagados: Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil están en el 99º, 108ª, 117ª y 125º. También Ecuador y Bolivia en el 118º y 152º. El peor, Venezuela en el 188º lugar, solo por delante de Eritrea y Somalia

América Latina no aprovecha los ciclos de crecimiento económico, demasiado dependientes de los precios de las materias primas, para modernizar las instituciones e impulsar reformas estructurales. Cuando, a partir de 2014, cayeron los precios y las exportaciones de los recursos naturales, las finanzas públicas volvieron a resentirse. El continente debe corregir las insuficiencias de cualificación y formación profesional que frenan el cambio tecnológico. Y contar con el marco institucional más favorable a la iniciativa privada y a las PIMES que generan el 90% del tejido empresarial. Urge mejorar su modelo de desarrollo para corregir las desigualdades territoriales y sociales y el fuerte impacto medio ambiental.