Conforme los países latinoamericanos se han inmerso en entender las necesidades y los efectos de la Cuarta Revolución Industrial (4IR, por sus siglas en inglés), se han dado cuenta que la visión tradicional de la infraestructura ha quedado obsoleta y que se están enfrentando a un problema viejo y nuevo a la vez.

Por un lado, se deben seguir haciendo caminos, puentes, presas, diques, aeropuertos y redes eléctricas. Por el otro, la infraestructura digital tiene nuevos requerimientos que los gobiernos no han traducido en acciones suficientes. Ante ello y en un año eminentemente electoral para América Latina, vale la pena preguntarse: ¿cómo podemos concebir la infraestructura más allá del 2018? ¿Qué tendrían que contener los planes de infraestructura de la región?

El necesario cuestionamiento del Paradigma

La infraestructura está renaciendo como una inversión muy atractiva debido a sus contrastados beneficios: aumento en el corto plazo del valor de obras en 60% por cada dólar invertido, creación de empleos tanto para profesionales como para oficios básicos, mejora en el crecimiento económico y bienestar de las personas, conexión de personas con servicios y oportunidades, así como protección de las naciones ante los cambios del planeta.

Desde hace décadas, los gobiernos se han considerado “donantes” de proyectos de infraestructura, absorbiendo actividades como planeación, desarrollo y financiamiento. Sin embargo, las necesidades en conjunción con la coyuntura actual hacen que se requiera una escala de infraestructura que el gobierno no puede cubrir por sí mismo, abriendo una gran oportunidad para el sector privado en las infraestructuras tradicional y digital.

De hecho, McKinsey ha estimado que el mundo requiere invertir $3.7 billones de dólares (trillions en inglés) anuales de aquí al 2035 para cumplir las proyecciones de crecimiento económico. Al ritmo de inversión actual, aún falta una tercera parte de dicha inversión. De acuerdo con la firma, en promedio se requerirá la siguiente proporción de inversión entre 2017 y 2035, solo para el ramo de infraestructura económica:

Este año, la región renovará las presidencias de México, Brasil, Colombia, Venezuela, Costa Rica y Paraguay. Los comicios abrirán la oportunidad de plantear nuevos programas de infraestructura, inclusive con un enfoque encaminado a las necesidades de la Cuarta Revolución Industrial, por lo que aquí se presentan diez enfoques que valdría la pena tener en mente al desarrollar dichos planes.

1. Cambio de Mentalidad

Entre las mejores prácticas se encontraría:

Antes de realizar cualquier plan, se tiene que definir ¿cuál es la visión del país y a dónde quiere ir? ¿Qué políticas se plantearán para cumplir dicha infraestructura? Y, ¿cuál debe ser el enfoque nacional para responder a los cambios tan profundos y rápidos en la mayoría de las industrias? Igualmente, hay que mantener en la mira que la infraestructura constituye un medio para cumplir las metas nacionales, más que un fin en sí misma.

Se requiere una visión holística de la infraestructura, que vaya desde la planeación y el diseño hasta la construcción, operación y mantenimiento, y que pueda integrar toda la cadena, desde la educación hasta el producto final de la industria.

Contemplar el cierre de infraestructuras que ya terminaron sus periodos de vida y presentar las obras que las deben reemplazar.

Los gobiernos deben definir un esquema unificado para la gestión y dirección de proyecto, que contenga lineamientos para todo tipo de infraestructuras y modalidades (incluyendo la prestación de servicios) y que obligue a una mayor transparencia en las concesiones.

Buscar incrementar la productividad en la construcción, estancada hace décadas.

Promover el uso de tarjetas de calificación para cada una de las infraestructuras.

2. Perfil Institucional y de Servidores Públicos

La 4RI requiere de instituciones tanto reenfocadas como fortalecidas y un nuevo tipo de servidores públicos, entre cuyas características se encontrarían:

Que las instituciones que desarrollan infraestructura tengan autonomía en materia de infraestructura.

Además, hay que fortalecer las capacidades y la autoridad de todos los órganos reguladores de la infraestructura para proteger los intereses de los consumidores.

Garantizar que los titulares y al menos, la mitad de su equipo inmediato tengan formación de Ingenierías, Ciencias, Tecnologías o Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).

Aunado a lo anterior, los tomadores de decisiones dentro de las instituciones deben ser designados por su trayectoria en la institución, capacidad y méritos dentro de las atribuciones del sector.

Los líderes gubernamentales deben “ponerse un nuevo sombrero”, el de facilitadores para conectar dinero de financiamiento con la necesidad de proyectos de infraestructura. El principal reto es desbloquear las barreras que impiden cosechar el potencial de los Proyectos Público-Privados (PPPs).

Finalmente, el liderazgo de proyectos de infraestructura provee desafíos específicos a los servidores públicos, incluyendo facilitar un ambiente legislativo adecuado, sincronizar u homologar las regulaciones con otros gobiernos en proyectos de infraestructura transfronterizos, delinear las funciones de las instituciones públicas y privadas, así como incrementar la confianza de inversionistas y la sociedad en general.

3. Planeación

Este proceso requiere un enfoque más amplio en alcances y perspectivas, pero igual de estructurado como se ha hecho tradicionalmente. Entre las mejores prácticas estarían:

Incrementar la importancia y ambición de las obras de infraestructura, acorde con la visión de país y en coordinación con los planes nacionales de desarrollo.

Aumentar la proporción del presupuesto de infraestructura destinada a planeación.

Garantizar que haya claridad en el qué, cómo y cuándo desarrollar infraestructura, a efecto de que al menos una tercera parte de los proyectos puedan ser transexenales.

Tomar en cuenta factores como la desigualdad en los procesos de planeación.

Incorporar a gobiernos estatales y municipales a la mesa de discusión, a efecto de que los proyectos nacionales se articulen con la planeación del desarrollo local, impulsando la coordinación entre los tres órdenes de gobierno. No hacerlo, por el contrario, incrementa el riesgo político, dado que las personas no podrán ver y participar de los beneficios de los grandes proyectos de infraestructura.

El plan debe tomar en cuenta no solo la construcción de nuevas obras, sino la infraestructura heredada —en algunos casos de los siglos XIX y XX. Para éstas, debe poner al día utilización de infraestructura física ya existente.

Establecer mecanismos que permitan la reducción de los costes del ciclo de vida —especialmente en el inicio y cierre— de obras y un diseño para su reutilización.

Comprometerse con la diversificación de medios de transporte a través del multimodal, ya que el modelo basado solo en autotransporte ya no es competitivo.

Recuperar la caminabilidad como eje troncal de la infraestructura urbana. Además, planear la infraestructura cuidando que no se fomente descontroladamente la dispersión urbana de baja densidad.

Fomentar la generación de sinergias al planear infraestructura que pueda incidir en metas transversales de áreas como salud, medio ambiente y economía.

Crear direcciones de planeación en cada una de las instituciones que realicen infraestructura, las cuáles tengan comunicación horizontal y vertical a nivel gubernamental para la toma de decisiones integrales para diferentes infraestructuras.

4. Implementación

La implementación de las infraestructuras requiere ciertas mejoras a los procesos actuales, entre las que se destacarían:

Mejorar la planeación, preparación, marco legal y proceso de adquisiciones para proyectos fondeados públicamente.

Desarrollar profesionales que tengan el liderazgo y la capacidad de mejorar la ejecución de los proyectos.

Asegurar un enfoque coordinado para esta fase, que derive en la entrega oportuna de la obra y el seguimiento de los presupuestos.

Garantizar que todas las obras de infraestructura que se realicen se encuentren dentro de una cartera de proyectos ejecutivos.

Construir plataformas digitales para poner a disposición de la población información sobre el avance de los proyectos en ejecución, de manera clara, sencilla y amigable.

Se requiere un proceso educativo en el que el ciudadano entienda la creación de infraestructura bien planeada y de calidad como algo que le aportará beneficios. Es necesario mejorar las estrategias de comunicación de estos proyectos.

5. Lucha contra la Corrupción

De acuerdo con el Banco Mundial, para los países en desarrollo, “la construcción está considerada como una de las industrias más corruptas: se usan comúnmente grandes pagos para ganar o modificar contratos y evadir las regulaciones. El impacto de la corrupción va más allá de los pagos de soborno, pues donde más se hace sentir es en la mala calidad de la construcción e infraestructura, en los bajos rendimientos económicos y el pobre presupuesto para mantenimiento.” Ante ello, hay acciones para incidir en las áreas de oportunidad, tales como:

Fortalecer las instituciones que regulan y supervisan la construcción e infraestructura, a efecto de que de verdad tengan mecanismos consecuenciales por corrupción.

Facilitar la creación y fortalecimiento de organismos de sociedad civil que den seguimiento —e inclusive, auditoría— al sector.

Implementar prácticas que eliminen la asignación de contratos a modo, así como los sobrecostos con poca transparencia.

Establecer programas que impulsen y garanticen altos estándares éticos en los jugadores del sector.

Desarrollar mecanismos que aseguren la entrega de los trabajos de acuerdo a lo contratado, —tiempo, calidad, costo, normatividad— ya que, es tan importante el cierre de obras como el inicio.

Comenzar a preparar el marco de ejecución de las obras de infraestructura y sus contratos utilizando la tecnología blockchain. Se puede aprovechar para actividades de levantamiento de capital, contratos inteligentes, eliminación de burocracia, desarrollo de ciudades inteligentes, acceso a servicios electrónicos gubernamentales y monitorización de cadenas de suministro.

6. Inversión y Financiamiento

Estamos en un entorno de abundante capital, en el que el problema es conectar la oferta de capital para financiar infraestructura con la demanda de proyectos y sus correspondientes estructuras. Entre las mejores prácticas estaría:

Incrementar sustancialmente la inversión en el sector. Tomar en cuenta que el promedio de Latam está cerca del 4% del PIB; Europa supera el 6% y China el 9%.

Mejorar la confianza, calidad, cumplimiento y eficacia del conocimiento de los PPPs, que tienen que ser de más calidad y el sector privado tiene que tener un papel más consecuente.

Abrir todos los sectores de infraestructura al sector privado. En el caso de las industrias estratégicas para la seguridad nacional, establecer los parámetros correspondientes para su apertura controlada.

Cuidar los ingresos fiscales para permitir mayores inversiones públicas.

Explorar el crowdfunding para el financiamiento de infraestructura como opción para generar pertenencia e identidad, así como una forma para impulso de una cultura de inversión en la población en general.

7. Impulso a la Industria Nacional

En el mundo globalizado, es tan importante la creación de mecanismos para la atracción de inversión extranjera como la priorización de la competitividad de las empresas nacionales para que puedan ser exitosas en el campo internacional. De esta forma, aquí estarían algunas directrices para el impulso a las compañías nacionales de infraestructura:

Dar preferencia razonable y estratégica a las empresas de origen nacional en la cadena de suministro.

Realizar recomendaciones a partir del estudio de las mejores prácticas en materia de contenido nacional.

Pedir a las Universidades que desarrollen planes de estudios con enfoque ingenieril y constructivo acorde con el Siglo XXI. Complementar esto con la creación de estímulos fiscales para el desarrollo humano.

Impulsar y crear nuevos polos de atracción de turismo.

8. Sustentabilidad y Resiliencia

Por un lado, el enfoque en la sustentabilidad cambió el tablero de juego de los objetivos de la infraestructura, en las últimas décadas. Por el otro, la incorporación de la resiliencia está siendo determinante para afrontar problemas que nunca habían pasado, dados los abruptos cambios en el mundo. En este sentido, las mejores prácticas serían:

Impulsar la edificación de activos que no incrementen la emisión neta de carbono.

Lograr la reducción de residuos en el proceso de edificación y exigir la adecuada disposición de residuos sólidos.

Contemplar que cada día hay menos recursos, se requiere la disminución de emisiones, y que hay más desastres naturales y amenazas cibernéticas.

Hacer que la infraestructura sea resistente y adaptable tanto al cambio climático como a los desastres naturales. Los proyectos de infraestructura deben anticipar el pre-financiamiento que permita la adaptación.

Crear más incentivos para que los inversionistas sigan cambiando los combustibles fósiles por la energía limpia y la transición a la eficiencia energética.

9. Puesta al día en Megatendencias

Los avances digitales en diferentes ramas impactan en la infraestructura, que se convierte en un nodo troncal para el desarrollo de los países durante la 4RI. Entre las mejores prácticas se encontraría:

Hacer una correcta transición de la infraestructura financiada por gobiernos a una en la que las innovaciones pedirán nueva infraestructura, en diversidad e inversión. En pocos años requeriremos puertos para drones, centrales de recarga de energía y se liberará gran espacio en las calles que hoy ocupan los automóviles.

En el rubro de estilo de vida, se deben realizar diseños que impulsen la flexibilidad, habitabilidad y el bienestar de los usuarios finales. Esto requerirá la incorporación de urbanistas, arquitectos, sociólogos, antropólogos, entre otros, para definir el mejor aprovechamiento de los usos de suelo.

Hay que tomar en cuenta los cambios en los mercados y consumidores, ya que los usuarios hoy son más exigentes, los proyectos son más complejos, la infraestructura es más vieja y hay una necesidad masiva de financiamiento.

Con respecto a la sociedad y fuerza de trabajo, las ciudades seguirán expandiéndose y concentrando personas que tienen necesidades de vivienda, confort y salud. Simultáneamente, la fuerza de trabajo envejecerá, lo cual creará presión sobre la infraestructura y sus jugadores.

También cambiará la distribución de empleos, por lo que se necesitarán nuevas oportunidades para los operadores desempleados —comenzando por los conductores, una de las actividades económicas que más genera empleo.

En términos de regulación, se requerirá más agilidad para acometer mayor regulación y mejor cumplimiento del Estado de Derecho.

10. Las infraestructuras digitales como una nueva prioridad

La convergencia de los mundos físico y digital está impulsada por las Tecnologías de la información y la Comunicación. En este rubro, las mejores prácticas incluyen:

Invertir más en infraestructura móvil para ayudar a cerrar la brecha digital.

Preparar la infraestructura para que sea impulsada por el Internet de las Cosas, que será el núcleo para la construcción de ciudades inteligentes.

Crear el puesto gubernamental de Director de Información para integrar todos los elementos digitales a la infraestructura.

Incrementar la importancia de la infraestructura digital en la agenda. Para esto se requerirá mayor trabajo conjunto entre gobiernos y sector privado, así como alianzas con otros jugadores.

En conclusión, los temas aquí abordados parecieran tocar un espectro amplísimo y aparentemente inconexo de temas; esta percepción se da al querer entender esta actividad desde una forma tradicional. Es por ello que se requiere ver a la infraestructura con un nuevo enfoque acorde a los retos y posibilidades actuales, donde miles de millones de personas no conciben su vida sin la interacción digital y de servicios que permite la tecnología. Pero al final del día, la infraestructura no ha cambiado en su esencia: es un medio que revoluciona cómo las personas viven, trabajan e interactúan entre sí.