América Latina afianza la recuperación del crecimiento que ya inició en 2017. En los últimos meses, los datos de actividad han sorprendido al alza en la mayoría de países. Al mismo tiempo, los precios de las principales materias primas de exportación se han incrementado significativamente, en buena medida por un empuje de la demanda —acorde con el mayor crecimiento mundial—, aunque también han influido factores que provienen del lado de la oferta en el caso del petróleo —el mantenimiento del acuerdo de la OPEP o un aumento de los riesgos geopolíticos en algunas zonas productoras— y la mayor inversión financiera en el caso del cobre, por nombrar algunos ejemplos.

En este contexto, después de crecer 1,1% en 2017, el PIB regional se expandiría 1,7% este año y 2,5% en 2019. Se va consolidando, de esta forma, el cambio de tendencia después de la desaceleración sufrida durante los cinco años previos a 2016.

El aumento del crecimiento este año y el próximo se apoyará especialmente en dos factores. Por un lado, el sector externo se beneficiará de un crecimiento mundial consolidado y extendido, y de mayores precios de las materias primas. El otro factor será la inversión, tanto la del sector privado (Argentina, Brasil) como la del sector público (Colombia, Perú y Argentina).

Por el lado de los riesgos, las noticias también han sido positivas. Especialmente, al reducirse los peligros asociados a un aterrizaje brusco de la economía china, dada la aparente mayor disponibilidad de las autoridades para atajar sus desequilibrios financieros. Con todo, los riesgos provenientes del gigante asiático siguen siendo significativos, como también lo son los asociados al curso futuro de la política comercial de EE UU, y el impacto del proceso de retirada de los estímulos monetarios por parte de la Fed (como hemos experimentado en los últimos días).

Pero, ¿cuál es el gran reto de la región para el largo plazo? La previsión de crecimiento de 2,5% para 2019 se encontraría ya cerca del crecimiento potencial de América Latina —a partir del cual se alimentan desequilibrios como la inflación o el déficit exterior—. Este nuevo crecimiento potencial, menor que el mostrado por la región en la década de fuerte crecimiento de los precios de las materias primas (hasta 2013), apunta a un nuevo normal, en el cual el crecimiento no sería dispar al registrado por las regiones desarrolladas y, por tanto, será muy difícil ir disminuyendo la brecha de renta per cápita con éstas, como sí hizo América Latina entre 2000 y 2013. Esto pone en evidencia la importancia de retomar el proceso de reformas estructurales para recuperar el crecimiento de la productividad, la gran tarea pendiente en la región.