San Pablo, la ciudad más grande de América Latina, fue alguna vez una de las más violentas de la región. Pero la bulliciosa metrópolis de más de 12 millones de habitantes ha experimentado un descenso notable en los homicidios. La tasa de homicidios cayó de un máximo de 52,5 por 100.000 en 1999 a solo 6,1 por 100.000 en la actualidad. La tasa actual es cinco veces menor que el promedio nacional. Además, la mayoría de las formas de delincuencia disminuyeron, aunque de manera no tan marcada, durante el mismo período. ¿Cómo se logró esto?

Existen muchas explicaciones contradictorias de por qué San Pablo experimentó mejoras tan importantes en la seguridad. Por ejemplo, algunos científicos sociales creen que la caída del homicidio coincide con una disminución en la cantidad de hombres jóvenes y la caída del desempleo. Otros sostienen que está más relacionado con los controles más estrictos en los accesos al alcohol y armas. Algunos académicos creen que las reducciones en el crimen se deben al predominio de una sola pandilla, PCC, que impuso orden en la delincuencia.

Cualquiera que sea la explicación, la gran caída de la delincuencia en la ciudad no recibe mucha atención internacional.

Uno de los análisis más convincentes atribuye el descenso de la tasa de homicidios en San Pablo a los cambios en las prácticas de imposición de la ley. El desencadenante de la reforma policial surgió, como suele ser el caso en Brasil, de una crisis. En 1997, el llamado incidente de la "favela naval" reveló cómo la policía estatal extorsionaba y torturaba a los residentes en un suburbio de San Pablo llamado Diadema. Los eventos fueron transmitidos por la televisión nacional y seguidos por disturbios.

Enfrentados a la creciente presión pública, las autoridades estatales lanzaron una ola de reformas a fines de la década de 1990, comenzando con el reemplazo del comandante de la policía militar. Las innovaciones incluyeron el despliegue de unidades de policía comunitaria que trabajan en áreas difíciles, nuevas directrices sobre el uso de la fuerza, herramientas de mapeo de los crímenes en base a datos (llamadas Infocrim), recompensas por el buen desempeño, los derechos humanos y la capacitación técnica, las mejoras en la investigación y una mejor coordinación entre las fuerzas policiales militares y civiles.

La noticia no es totalmente positiva. De hecho, la policía de San Pablo sigue involucrada en más del doble de los asesinatos de civiles en comparación con la tasa promedio nacional. En 2015, fueron responsables de uno de cada cuatro homicidios en el estado. La participación de la policía en las llamadas muertes por "autodefensa" tiene un efecto corrosivo en la seguridad pública. Esto explica el énfasis que las autoridades públicas de San Pablo ponen no solo en la supervisión y capacitación de la policía, sino en cambiar la cultura de lo que ser un oficial de policía significa.

La reforma de la policía es una estrategia necesaria, pero probablemente insuficiente, para mejorar la seguridad urbana. Uno de los méritos reconocidos del programa innovador lanzado en 2002 en Diadema es el cambio de la seguridad pública a un enfoque municipal. Después de demostrar los vínculos entre la victimización y las áreas donde se agrupaban los bares, las autoridades locales introdujeron controles sobre la venta de alcohol después de las 23:00 h e instalaron sistemas de monitoreo para rastrear a los vendedores de bebidas alcohólicas. También introdujeron alumbrado público y cámaras de seguridad, así como cambios en la rutina de los guardias municipales de la ciudad.

Los resultados de los proyectos piloto en Diadema fueron impresionantes. Antes del estudio, Diadema registraba una de las tasas de homicidio más altas de Brasil. En solo dos años del lanzamiento del proyecto, la tasa de homicidios de la ciudad disminuyó en un 44 % y los ataques contra las mujeres cayeron en un 56 %. La clave para el éxito inicial del programa fue la educación pública y la fuerte aceptación de la comunidad, el control permanente a los vendedores minoristas de alcohol, la aplicación de las normas y las sanciones por incumplimiento.

La situación de seguridad en San Pablo dista mucho de ser perfecta, pero una combinación de vigilancia e innovación social ha marcado una diferencia notable.