Cuando aparece una oleada de elecciones presidenciales en América Latina, generalmente contextualizamos el momento como un duelo entre izquierda y derecha, socialismo y neoliberalismo, globalización y proteccionismo. En 2018, en Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Paraguay y Venezuela, un total de 350 millones de votantes latinoamericanos, casi el 80 % de la población de la región, deberá emitir su voto. La pregunta es si elegirán mantener el status quo o elegir candidatos que prometan cambiar la corriente política y romper el orden actual.

Este superciclo de elecciones llega en un momento en el que, de acuerdo con el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP), el apoyo a la democracia en América Latina está en franco declive. Los crecientes conflictos sociales y políticos, los mayores niveles de inseguridad entre los ciudadanos y los graves escándalos de corrupción en México y Brasil (inmediatamente posteriores a los escándalos en Honduras y Guatemala) siguen planteando problemas para gobernar en la región. En cuanto a la economía, aunque se espera que crezca más en 2018 que en 2017, este crecimiento seguirá siendo bajo, de solo un 2,2 %, según el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la ONU.

El último informe sobre corrupción en América Latina, Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe, que consolida los resultados de la encuesta del Barómetro Global de la Corrupción de Transparency International publicada en octubre del año pasado, descubrió que las percepciones de corrupción están aumentando y que la lucha contra la corrupción es un tema esencial en este ciclo electoral. De las personas encuestadas, el 62 % creía que la corrupción había aumentado en la región en los últimos 12 meses y solo el 10 % creía que había disminuido.

La corrupción en América Latina es tal vez uno de los males endémicos de más larga duración que las sucesivas administraciones no logran erradicar. El hecho de que las percepciones de corrupción estén en aumento podría considerarse positivo. Los actos de corrupción de alto nivel que se están investigando en toda América Latina sugieren que las estructuras institucionales que deben exponer las malas acciones de los funcionarios públicos finalmente están funcionando.

Todo esto indica que hay un entorno político en América Latina que está preparado para un punto de inflexión. ¿Esto alentará la elección de candidatos de plataformas menos establecidas que pueden considerarse mejor equipados para combatir el "negocio habitual"?

Análisis de los candidatos

Brasil: El Presidente Michel Temer está perdiendo popularidad y el ex presidente y actual candidato Lula da Silva se presenta como candidato mientras enfrenta cargos de corrupción. Esto deja a Jair Bolsonaro, un populista de derecha y declarado partidario de la antigua dictadura militar, en el segundo lugar en las encuestas de opinión, detrás del ex presidente Lula.

Colombia: La carrera presidencial más fragmentada de todas. Hay tres coaliciones compitiendo por la presidencia. La primera es la coalición conservadora liderada por los ex presidentes Uribe y Pastrana, cuyo candidato es Iván Duque. La segunda es una coalición de centro liderada por Sergio Fajardo (Coalición Colombia) y el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras de la centroderecha, y la opción preferida del presidente Manuel Santos. La tercera es una coalición más de izquierda del ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, (Colombia Humana), el ex jefe del equipo negociador del lado del gobierno del acuerdo de paz con las FARC, Humberto de la Calle (del Partido Liberal); y Rodrigo Londoño "Timochenko" de las FARC, que recientemente se convirtieron en un partido político.

Costa Rica: Los principales partidos en las elecciones presidenciales de abril han recibido muchas críticas, lo que ha permitido la aparición de nuevos candidatos, incluido Juan Diego Castro, del Partido de Integración Nacional (PIN), que tiene una ventaja limitada en las encuestas. Le siguen Antonio Álvarez Desanti del Partido de Liberación Nacional (PLN) y Rodolfo Piza del Partido de la Unidad Social Cristiana (PUSC). La pequeña diferencia que separa a los tres principales candidatos, junto con una gran cantidad de votantes indecisos presagia una elección demasiado ajustada para arriesgar un resultado.

Cuba: Se espera que el sucesor elegido por Raúl Castro, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, asuma el trono.

México: El candidato presidencial de izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), encabeza las encuestas en lo que probablemente sea una reacción nacionalista a los sentimientos antimexicanos del presidente Donald Trump. El partido gobernante, PRI, espera atraer a los votantes desencantados con un candidato externo que se describe a sí mismo como un "hombre común", pero los esfuerzos parecen fallar y "los ciudadanos no están comprando la charla tecnocrática de José Antonio Meade", según un informe de Guardian.

Paraguay: El país elegirá a un nuevo líder en la misma fecha que Venezuela, el 22 de abril de 2018. El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y el izquierdista Frente Guasú, con Efraín Alegre del PLRA como su candidato a la presidencia, han formado una coalición opositora llamada Gran Alianza Nacional Renovadora (GANAR) para intentar sacar al Partido Colorado (ANR) del poder.

Finalmente, Venezuela permanece en un limbo político. La oposición ha decidido abstenerse de las próximas elecciones y un desertor, ex miembro de la coalición chavista y ex opositor, Henri Falcon, ha decidido postularse. Pero incluso existe incertidumbre sobre si las elecciones se llevarán a cabo.

Todo esto tiene lugar mientras se lleva a cabo un diálogo en la República Dominicana.

El punto de inflexión

Un punto de inflexión es un momento en que algunos elementos se unen para ayudar a una idea a llegar al punto de masa crítica cuando sus efectos virales son imparables. América Latina parece estar llegando a este punto ya que experimenta un profundo descontento con las ineficiencias del giro a la izquierda de la última década, las crecientes percepciones de corrupción, una economía mediocre y la naturaleza volátil de la administración Trump.

Para convertir las ideas en movimiento, la gente necesita de estos puntos que los inclinan hacia la viralidad. Por primera vez, la cantidad de personas de clase media en América Latina ha superado a los que viven en la pobreza. Este puede ser finalmente el momento en que el futuro de la región estará en manos de una mayoría próspera y pragmática en lugar de ideológica. Situada principalmente en la política de centro, la clase media puede finalmente tener la autoridad para liderar desde el centro y lograr que se imponga un liderazgo ético. De ellos depende la decisión de elegir más de lo mismo o provocar un cambio drástico y muy atrasado en la política latinoamericana.