Sabemos que el desarrollo y el progreso de las generaciones están ligados a una participación activa de la gente en la toma de decisiones públicas. Esto pasa por que la sociedad tenga un acceso libre a la información y al conocimiento para que puedan fundamentar lo mejor posible sus opiniones y decisiones.

Hablar de esa ‘democratización’ del conocimiento en la denominada sociedad de la información actual pasa por reconocer el papel principal que tienen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Hablar de una difusión universal del conocimiento sería imposible hace algunas décadas, sin embargo, la llegada de Internet supuso un cambio revolucionario en este aspecto. El potencial disruptivo de este hecho se ha debido siempre a la naturaleza de esta red, descentralizada, horizontal, donde no se puede distinguir entre quiénes son los productores y los consumidores de información, de conocimiento. Es decir, tenemos acceso al contenido ajeno y, al mismo tiempo, podemos compartir el nuestro.

El último informe Digital 2018 presentado por We Are Social y Hootsuite reveló que ya se ha superado la barrera de los 4.000 millones de personas utilizando Internet, lo que supone más de la mitad de la población mundial.

En este estudio se incluyó un ranking de los países en los que Internet tiene una mayor penetración, encabezado por los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, que han logrado un 99% de población conectada. También cuentan con una tasa de penetración superior al 97% países como Noruega, Andorra, Luxemburgo y Dinamarca. La mayor parte de estos países cuentan a su vez con un índice de alfabetización superior al 90% de su población, por lo que la relación entre ambas variables no parece casual.

Uno de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas busca “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. En este sentido, está claro que para conseguirlo, el uso de Internet es fundamental, siendo una puerta de entrada hacia una gran cantidad de información, conocimiento y recursos educativos. Por otro lado, la gran oferta que ofrece - que amplía las opciones económicas- también ha permitido avanzar en la democratización de la educación haciéndola accesible a sectores de la sociedad con diferentes poderes adquisitivos.

Sin embargo, estos beneficios aún no están garantizados en todas las regiones del planeta. Existen algunos puntos a los que hay que hacer frente para que el uso de Internet en la educación sea una realidad global.

En primer lugar, se requiere la infraestructura y el acceso a los recursos adecuados. Hoy en día, el acceso a banda ancha es desigual entre los países, siendo mucho más accesible en países desarrollados. Muchas zonas rurales en países en vías de desarrollo aún carecen de redes de banda ancha o conectividad asequible, por lo que es acuciante que se fomente la inversión en este punto para superar esta primera barrera. Además, los centros educativos necesitan ordenadores, tablets y otros dispositivos TIC que optimicen el proceso educativo.

Por otro lado, que la tecnología beneficie a estudiantes repercutirá directamente en el desarrollo de los países. Para avanzar en esto, es necesario que en los países en vías de desarrollo los poderes legisladores diseñen políticas que integren los TIC en estrategias nacionales para el desarrollo sostenible, incluyendo sectores como la educación.

El éxito en el mercado laboral de la era digital requiere manejarse bien con habilidades digitales. La alfabetización digital es fundamental para vivir en la sociedad actual, ya que Internet puede ayudar a cualquier persona, en cualquier etapa de su vida, a mejorar sus logros educativos y oportunidades laborales. Esto nos lleva a hablar de la necesidad de inclusión y capacitación. Estudiantes, docentes, adultos y jóvenes deben aprender a usar las TIC para sus actividades del día a día. Por todo ello, las políticas deben promover mayor igualdad de acceso a los recursos educativos para grupos en desventaja, y deben abordar especialmente las desigualdades de género. En muchos países, todavía se da el desafortunado hecho de que las niñas y mujeres tienen un acceso a la educación más limitado que los niños, por causas de índole social y cultural.

En general, podemos decir que Internet ha abierto las puertas a la democratización del conocimiento y la educación en el planeta, ahora queda en nuestra mano dar el último paso y crear el marco propicio para que llegue a ser una realidad.

Denisse Halm es directora general para Hispanoamérica y España en UDEMY.