El aumento de las protestas en el mundo tiene mĂșltiples significados

People gather to participate in a protest rally against Bolivian President Evo Morales' bid for re-election in 2019, in La Paz, Bolivia October 10, 2017. REUTERS/David Mercado - RC1AD1619B80
Image: REUTERS/David Mercado - RC1AD1619B80

ÂżQuĂ© tendencias podemos descifrar ante las protestas modernas? ÂżExiste un patrĂłn comĂșn en los agravios que explique el actual estallido de protestas? ÂżY quĂ© encontramos cuando comparamos sus dinĂĄmicas organizativas?

En los Ășltimos años, las protestas a gran escala se han hecho mĂĄs numerosas y se han generalizado geogrĂĄficamente. Si bien el debate entre los expertos en relaciones internacionales se ha centrado en el desplazamiento de poder del Occidente hacia las economĂ­as emergentes, el aumento de la movilizaciĂłn ciudadana es algo igualmente significativo.

Los perĂ­odos anteriores, por supuesto, han sido testigos de olas de protesta. Sin embargo, la ola de protestas de hoy en dĂ­a es relativamente singular en el sentido de que afecta a todas las regiones del mundo, con patrones similares de revuelta que abarcan diversos contextos nacionales y culturales. La ubicuidad y la frecuencia de las movilizaciones a gran escala es suficiente para indicar un cambio estructural en la forma en que los ciudadanos se enfrentan al poder y en la forma en que la sociedad civil global se organiza para atender sus preocupaciones.

No existe un corpus Ășnico de estadĂ­sticas que puedan utilizarse para cuantificar el aumento de las protestas, en parte porque lo que constituye una "protesta" se define de maneras distintas. Sin embargo, varias encuestas y bases de datos muestran un marcado aumento en las protestas en 2011-2012, seguido por una pausa, y luego por una renovada intensificaciĂłn de las revueltas ciudadanas entre 2015 y 2016 (OIT, Gdelt y Acled). En 2016, nuevas protestas sacudieron a Armenia, la RepĂșblica DemocrĂĄtica del Congo, EtiopĂ­a, Indonesia, Iraq, KazajstĂĄn, Moldavia, Tailandia, Yemen y Zimbabwe. En 2017, se han producido notables protestas en Argentina, BelarĂșs, EtiopĂ­a, Gambia, HungrĂ­a, Corea, KirguistĂĄn, MĂ©xico, Marruecos, Paraguay, Rumania, Rusia y Venezuela, por mencionar sĂłlo algunos ejemplos.

Cuestiones, agravios e inquietudes

Es posible identificar una serie de rasgos generales de la actual oleada de protesta global.

Una caracterĂ­stica clave es que las protestas de hoy son impulsadas por una diversidad de temas, agravios y preocupaciones populares. Algunas protestas apuntan muy directamente a expulsar a un gobierno o rĂ©gimen del poder – como las revueltas en curso en Venezuela, que buscan un "referendo revocatorio" sobre la continuaciĂłn del presidente NicolĂĄs Maduro en el cargo. Algunas revueltas impulsan otros tipos de reformas democrĂĄticas menos dramĂĄticas – como las protestas en Irak en 2016 que presionaron por una democracia mĂĄs justa de poder compartido o aquellas en AmĂ©rica Latina que buscan derechos mĂĄs amplios para las minorĂ­as indĂ­genas. Algunos se centran mĂĄs en los casos de corrupciĂłn – las recientes protestas brasileñas e indias son dos de los ejemplos mĂĄs conocidos. Muchas protestas en el Occidente han sido principalmente contra los recortes de austeridad – los de Grecia y España son emblemĂĄticos de este tipo de movilizaciĂłn. Otras son menos precisas y mĂĄs genĂ©ricamente contra el capitalismo y el neoliberalismo, como las distintas versiones nacionales de los movimientos “Indignados” o “Occupy”. Por el contrario, algunas protestas son respuestas a quejas muy especĂ­ficas, locales y tienen objetivos relativamente modestos – las crecientes protestas en Rusia encajan en esta categorĂ­a, por ejemplo.

La mayorĂ­a de las movilizaciones se componen de diversos elementos, involucrando aliados improbables cuyas agendas y modos operativos difieren significativamente.

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Sigue habiendo una tendencia entre los activistas y analistas a ver las protestas a través del prisma de su propio conjunto particular de preocupaciones. Para los que trabajan o estudian la corrupción, la oleada de protesta actual representa una lucha global contra la corrupción. Para los activistas de la democracia y los expertos, es un nuevo levantamiento a favor de la democracia. Para los críticos del capitalismo y del neoliberalismo, es parte de una creciente revuelta anticapitalista. Para los ambientalistas, tiende a ser interpretada como una consecuencia de las campañas sobre la explotación de los recursos naturales y los derechos mineros. Los activistas de la justicia social enfatizan la idea de los manifestantes exigiendo una mayor justicia social. La misma protesta termina siendo retratada de diferentes maneras por diferentes partes de los medios de comunicación o comunidades de expertos.

De hecho, la mayorĂ­a de las protestas combinan una serie de caracterĂ­sticas diferentes. La mayorĂ­a de las movilizaciones se componen de diversos elementos, involucrando aliados improbables cuyas agendas y modos operativos difieren significativamente. A menudo, por ejemplo, las fuerzas progresistas comienzan protestas a las que luego se suman activistas con identidades iliberales o nacionalistas-nativistas. La relaciĂłn entre la nueva ciudadanĂ­a activa y la actual ola de populismo es muy compleja, a menudo inquietante, pero significativa. El activismo reciente en Ucrania – que ha involucrado tanto a los demĂłcratas progresistas como a grupos mĂĄs derechistas-nacionalistas – proporciona un ejemplo particularmente notable de parejas improbables que se combinan en una revuelta comĂșn.

Objetivos, demandas y agravios: una era definida por el eclecticismo

En general, el actual aumento de las protestas contiene algunos elementos que son radicales, algunos conservadores, algunos moderadamente «liberales» reformistas y algunos que son aparentemente mås pråcticos que abiertamente ideológicos. Describir las protestas de hoy en términos de sólo una de estas formas sería demasiado simplista y demasiado aséptico analíticamente.

Es indiscutible que el rasgo que define las protestas modernas es su eclecticismo. Generalmente, las protestas contienen una mezcla de demandas relacionadas con el sistema y agravios especĂ­ficos de la polĂ­tica. Pueden ser muy especĂ­ficos (presionar para bajar las tarifas de los autobuses o contra un nuevo centro comercial) y expandirse en agravios extremadamente genĂ©ricos ('Todo el sistema debe cambiar!'; o : 'Toda la polĂ­tica estĂĄ podrida!'). Distintas protestas muestran un equilibrio diferente entre las dimensiones sistĂ©micas y especĂ­ficas. Los motivos tambiĂ©n pueden superponerse – por ejemplo, los manifestantes antiausteridad a menudo tambiĂ©n emplean el lenguaje de la democracia como una forma de construcciĂłn de la comunidad y justicia social.

Casi todas las protestas se activan por una causa cercana: un caso de corrupciĂłn particularmente emblemĂĄtico, un nuevo proyecto de una empresa minera, un desastre que mata a muchas personas y que puede ser vinculado a la negligencia del gobierno. Pero tambiĂ©n, invariablemente, surgen de los agravios sufridos durante años – una lenta disminuciĂłn de las libertades polĂ­ticas, el desempeño econĂłmico deficiente
 Como regla general, las protestas estallan de manera dramĂĄtica cuando tanto un desencadenante inmediato como frustraciones a mĂĄs largo plazo estĂĄn poderosamente presentes y se fusionan.

Una paradoja sorprendente es que muchas protestas son impulsadas tanto por aquellos que se han beneficiado de la globalizaciĂłn como por aquellos que han sido perjudicados por ella.

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AquĂ­ encaja la forma en que las protestas en TurquĂ­a pasaron de su objetivo especĂ­fico de detener un proyecto de reurbanizaciĂłn en la plaza central de Estambul a un conjunto mĂĄs amplio de derechos y cuestiones de gobernanza. TambiĂ©n en la forma en que las protestas en Brasil se centraron inicialmente en el tema especĂ­fico de las tarifas de los autobuses, luego en los casos de corrupciĂłn de alto nivel y despuĂ©s en la situaciĂłn polĂ­tica mĂĄs amplia del paĂ­s – y al hacerlo, involucraron grupos comunitarios de base, radicales izquierdistas, ONG orientadas a los derechos humanos, asĂ­ como movimientos conservadores de derechas. En EE. UU., Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) ha respondido a asesinatos especĂ­ficos y, a continuaciĂłn, tambiĂ©n ha aprovechado un conjunto mĂĄs amplio de agravios sobre los derechos derogados de las comunidades negras.

Las protestas también dependen cada vez mås de su jornada, es decir, evolucionan dependiendo de su fortuna contrastante y de las respuestas gubernamentales. Muchos comienzan con preocupaciones relativamente modestas pero adoptan objetivos mås ambiciosos y radicales cuando su ímpetu crece y cuando los regímenes intentan poner fin a una protesta con violencia. Egipto es un ejemplo de esta tendencia: en 2011, los manifestantes originalmente buscaban cambios de política bastante específicos, pero ampliaron la apuesta después de que el régimen de Mubarak reaccionase de manera tan brutal e intransigente. Las razones por las cuales muchas protestas se convierten en noticia no son a menudo las mismas que las originaron.

Una paradoja sorprendente es que muchas protestas son impulsadas tanto por aquellos que se han beneficiado del globalismo como por aquellos que han sido perjudicados por él. Estos dos campos se apoyan en muchas protestas, a menudo empleando el mismo tipo de lenguaje y adoptando agendas similares, pero procedentes de perspectivas muy diferentes. Un ejemplo de esto fue la Revolución de los Paraguas en Hong Kong. Las protestas en México han sido impulsadas por comunidades marginadas que sufrieron un duro golpe por las subidas en los precios del combustible instituidas por el gobierno, pero también por una creciente clase media preocupada por el incremento explonencial de los niveles de violencia. El mismo grupo o clase de personas puede estar motivado por contrastes agudos en diferentes regiones. En algunas protestas, los ciudadanos salen a las calles porque su calidad de vida estå disminuyendo, en otros estados, porque se sienten empoderados con su mejora.

En este sentido, los patrones de protesta bien documentados reflejan la tendencia de las clases medias que estĂĄn creciendo en los paĂ­ses en desarrollo, pero que estĂĄn siendo exprimidas en economĂ­as ricas. Ambos conjuntos de cambios estĂĄn desencadenando formas de activismo similarmente contenciosos, por razones diametralmente opuestas. AdemĂĄs, si en los estados occidentales ricos muchas protestas recientes se han enfocado en cĂłmo algunos ciudadanos pueden conservar derechos adquiridos a la vista de recortes en el gasto de asistencia social, en los estados en desarrollo giran mĂĄs en torno a subidas de precios, que hacen que la supervivencia bĂĄsica sea mĂĄs ardua.

El desplazamiento hacia manifestaciones a nivel comunitario

Si existe una tendencia general – mĂĄs allĂĄ de este eclecticismo – probablemente no sea la de las protestas globales en cumbres internacionales de alto perfil dirigidas mĂĄs a cuestiones a nivel de sistema de justicia global. Este tipo de protestas ciertamente aĂșn existen, como se vio, por ejemplo, en la cumbre del G20 en Hamburgo en junio de 2017. Pero la tendencia mĂĄs amplia es hacia protestas a nivel comunitario, que se movilizan por objetivos mĂĄs definidos, especĂ­ficos del contexto local.

Esta tendencia es, en parte, una respuesta a la represiĂłn draconiana que llevan a cabo los regĂ­menes contra la nueva ola de activismo cĂ­vico altamente polĂ­tico. Los activistas se ajustan a medida que las manifestaciones abiertamente anti-rĂ©gimen son aplastadas con creciente brutalidad en muchos paĂ­ses. Muchos señalan objetivos mĂĄs modestos y alcanzables, relacionados con la prestaciĂłn de servicios cotidianos y asuntos similares. Sobre estas cuestiones, las comunidades locales continĂșan organizĂĄndose aun cuando los regĂ­menes hayan logrado sofocar las protestas de la oposiciĂłn polĂ­tica. En estos casos, el propio hecho de que los ciudadanos continĂșen reuniĂ©ndose es visto como valioso en sĂ­ mismo, manteniendo viva al menos alguna identidad de contestaciĂłn en circunstancias difĂ­ciles. Ejemplos de esta tendencia se pueden encontrar en paĂ­ses como EtiopĂ­a, Kenia y Uganda.

Mientras que la protesta masiva es una tendencia global, no estå orquestada globalmente en términos organizacionales.

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Este desplazamiento incipiente hacia una protesta menos politizada a nivel local tiene ramificaciones analĂ­ticas. Una crĂ­tica comĂșn a la nueva ola de manifestantes es que no definen claramente sus objetivos, e invariablemente caen en una anti-polĂ­tica visceral y no constructiva. Sin embargo, algunas de las protestas mĂĄs tĂ­picas de hoy hacen exactamente lo contrario, centrĂĄndose, al menos inicialmente, en cuestiones muy especĂ­ficas y estrechamente definidas de relevancia para una comunidad particular: el cierre de una escuela u hospital, el efecto corrosivo de las redes locales de clientelismo o una degradaciĂłn ambiental muy tangible.

En resumen, una serie de demandas sustantivas alimenta las protestas de hoy, y esta variación advierte contra cualquier afirmación unívoca y uniforme de lo que estas revueltas realmente son. Una implicación clave es que, mientras que la protesta masiva es una tendencia global, no estå orquestada globalmente en términos organizacionales. Mientras que, ciertamente, los activistas se acercan entre sí a atravesando las fronteras, las movilizaciones son cada vez mås específicas a nivel local o nacional, y forman cada vez menos parte integral de las agendas globales que abogan por el cambio sistémico del orden.

DinĂĄmicas organizacionales nuevas y viejas

También parece haber mås variación en los patrones de organización que se encuentran detrås de estas protestas. Por supuesto, la observación mås conocida es que la protesta moderna es organizacionalmente minimalista, incluso "sin líderes", fuertemente dependiente de las redes sociales y desconfiada de cualquier alianza con formas "antiguas" de organización cívica y política. De hecho, la mayor parte de los estudios analíticos se centra en estas supuestas nuevas dinåmicas organizacionales y son éstas las que suscitan el comentario mås general sobre las "revoluciones de Twitter" y similares.

Sin embargo, aunque estas descripciones – ya convertidas en estĂĄndar – captan caracterĂ­sticas esenciales de muchas protestas, no son universalmente aplicables. Muchos movimientos de protesta han comenzado a comprometerse con los principales canales polĂ­ticos como las ONG y los partidos polĂ­ticos. Si bien es cierto que hay un grado de espontaneidad en la mayorĂ­a de las protestas, muchos actores "antiguos" han sido prominentes en su organizaciĂłn – actores como ONG, partidos y sindicatos. TĂșnez post 2011 ofrece un ejemplo de un matrimonio aparentemente efectivo entre actores cĂ­vicos nuevos y viejos. Otro caso fue la coordinaciĂłn entre activistas comunitarios y la campaña polĂ­tica de Bernie Sanders en Estados Unidos. Con el tiempo, muchos movimientos de protesta han introducido estructuras organizativas mĂĄs formales y jerĂĄrquicas de las que originalmente pretendĂ­an, y algunos han renunciado a su renuencia inicial a entrar en la polĂ­tica partidaria formal normalizada.

En algunos casos, la nueva ola de protesta "sin organizaciĂłn" ha sido mĂĄs conciliadora, mĂĄs matizada desde el punto de vista polĂ­tico y mĂĄs constructiva de lo que se suele suponer. El cuadro estĂĄndar de una protesta indisciplinada, desenfocada en sus objetivos, absolutista en su hostilidad a la polĂ­tica formal y desprovista de un liderazgo coherente se ha convertido en algo parecido a una caricatura. La mayorĂ­a de las protestas en todo el mundo no se lanzan bajo el mismo patrĂłn que los movimientos “Occupy”, que generaron tanto interĂ©s en los estados occidentales afectados por la recesiĂłn. Algunos estĂĄn indudablemente preocupados principalmente por la disrupciĂłn; por priorizar la identidad de grupo sobre las ideas de polĂ­ticas concretas; y por retener procesos de toma de decisiones internos "planos" e informales. Pero otros son la antĂ­tesis de esta descripciĂłn rutinaria: algunos ejemplos incluyen a protestas recientes y bien enfocadas sobre los precios de la electricidad en Armenia, la reforma educativa en Chile, la recogida de basuras en LĂ­bano y las pensiones en Singapur.

Resultados de la protesta

Los resultados de la actual ola de protestas han sido mixtos. Algunos han conseguido expulsar a los presidentes o los ministros corruptos del poder, o que los gobiernos desbloqueen reformas polĂ­ticas, sociales o econĂłmicas – como han conseguido las protestas contra los presidentes en Burkina Faso, Gambia y Senegal, y en Guatemala y Corea. Por el contrario, algunos han fracasado mĂĄs o menos completamente en el cumplimiento de sus objetivos declarados y simplemente han invitado a la represiĂłn mĂĄs severa de los gobiernos y una restricciĂłn del derecho a la asamblea, como en Bahrein y Camboya. Probablemente el resultado mĂĄs comĂșn es que las protestas obtengan algunas concesiones de los gobiernos, pero sin provocar un cambio profundo y subyacente, ya sea a los patrones de gobernanza o a las relaciones econĂłmicas de los desequilibrios de poder. Las revueltas recientes en Bosnia y Herzegovina, CamerĂșn, Islandia, Jordania, Moldavia y Marruecos han obtenido algunas respuestas positivas de los gobiernos, pero muy lejos de las demandas de los manifestantes y sin avances sistĂ©micos en la gobernanza polĂ­tica o econĂłmica.

No hay una explicaciĂłn fĂĄcil de por quĂ© algunas protestas tienen Ă©xito y otras fracasan – habitualmente estĂĄ en juego una combinaciĂłn compleja de factores. La evidencia cuestiona una afirmaciĂłn que se hace a menudo sobre el hecho de que ciertas caracterĂ­sticas del contexto polĂ­tico de un paĂ­s determinan si se produce o no la contestaciĂłn y cuĂĄn eficaz es. En los Ășltimos años, las protestas han estallado en estados altamente autocrĂĄticos, en democracias bien establecidas, en estados conflictivos a punto de la implosiĂłn y en regĂ­menes ascendentes semi-autoritarios aparentemente bien manejados. Los Ă©xitos estĂĄn dispersos entre todos estos tipos de rĂ©gimen – pero tambiĂ©n estĂĄn dispersos los fracasos. El contexto y las estructuras polĂ­ticas importan, pero de una manera mĂĄs contingente y de ajuste fino, y necesitan ser combinadas con la dependencia de la dinĂĄmica interna de cada caso, como hemos mencionado arriba, para que podamos construir un marco explicativo adecuado a las protestas de hoy.

En suma, si bien la ola de protesta global representa una tendencia importante en la polĂ­tica internacional, debemos tener cuidado para no describir esta tendencia de forma demasiado simplista o generalizada. La variaciĂłn entre las protestas es al menos tan significativa como las caracterĂ­sticas comunes que las unen. Gran parte del conocimiento acumulado acerca de la ola de protestas de hoy estĂĄ bien fundamentado, pero sĂłlo parcialmente. Es necesaria una mayor comprensiĂłn de los objetivos, formas e impactos de las protestas a medida que se va desarrollando nuestra "era de la ira".

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