La tecnología ha cambiado drásticamente muchas industrias en apenas unos pocos años; sectores como las telecomunicaciones, la televisión, el transporte privado, entre otros, no son los mismos. La revolución de las tecnologías financieras está transformando el mundo y los países emergentes como México no son ajenos a ellas.

En las últimas semanas se han publicado diversas columnas y artículos en medios mexicanos e internacionales, en los cuales se asegura que pronto el Ministerio de Finanzas mexicano lanzará una reforma al marco jurídico que regula el sector financiero, especialmente en materia tecnológica. La llamada Ley FinTech buscará regular un sector casi desconocido en México, pero con un panorama prometedor.

Ante ello vale preguntarse, ¿qué es FinTech y qué beneficios traería una ley sobre el tema? ¿Qué aspectos tendría que considerar? ¿Cuáles son algunos ejemplos de los cambios que ésta traería?

FinTech y la tierra fértil mexicana

De acuerdo con materiales de la Universidad de Wharton, FinTech o las tecnologías aplicadas al sector financiero, es la industria económica compuesta por compañías que usan la tecnología para hacer sistemas financieros más eficientes y menos costosos. Tiene diferentes ramas, entre las que se encuentran términos como crowdfunding, préstamos entre pares, gestión algorítmica de activos, recolección de datos, calificación crediticia, monedas digitales, entre otras.

México es de los países emergentes que por sus particularidades, son terreno fértil para mayor desarrollo de fintech. De acuerdo con Citi, entre dichas características se encuentra:

Alta Penetración de Internet Fijo y Móvil: Al cierre del año pasado, en México había 65 millones de usuarios de Internet, por lo que la penetración pasó del 43% en 2012 al 59% en 2016. El 87% lo usa en su hogar, el 52% a través de dispositivos móviles y el 38% en sus lugares de trabajo. El 84% es a través de WiFi contratado, el 27% a través de plan de datos contratados, y el 26% a través de WiFi público.

Ecosistema Comercial de Comercio Electrónico con compañías enfocadas en pagos: En 2012, el valor del mercado de comercio electrónico en México era de $85 mil millones de pesos (mmdp), mismo que se incrementó a $162.1 mmdp al cierre de 2014. Tres cuartas partes de los internautas mexicanos realizaron una compra online durante el primer trimestre de 2015, aunque su principal preocupación sigue siendo la seguridad en transacciones. Los medios de pago dominantes fueron tarjetas de crédito y débito, PayPal, MercadoPago, SafetyPay, depósito bancario o en tienda de conveniencia y transferencia bancaria. (AMIPCI, 2015)

Banca de consumo poco sofisticada: De acuerdo con una evaluación reciente de Condusef, los bancos mexicanos tienen un promedio reprobatorio en los créditos al consumo que ofrecen. De acuerdo con la “Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2015, casi 30% de los adultos en México contaba con crédito al consumo (22.1 millones de personas)… De la cartera, los créditos de personal, nómina y automotriz representan el 56% del total colocado”, al tiempo que cada vez más mexicanos se endeudan con tarjetas y créditos para financiar su consumo.

Regulaciones adaptables: En los últimos años se han realizado todo tipo de reformas a sectores medulares y adyacentes del sector financiero. Cabe destacar la Reforma Financiera de 2013-2015 y la Política Nacional de Inclusión Financiera, así como la futura Ley Fintech. El reto es que se incremente el 68% actual de la población de adultos que participan en el sistema financiero formal.

Ejemplos de la situación actual de las tecnologías financieras en México

A pesar de los aparentes cambios en los últimos siglos y la intensa regulación de las últimas décadas, los bancos son hoy por hoy, de las empresas más tradicionales en el mercado. Por ejemplo, siguen usando tasas de interés, concepto milenario; y el sistema crediticio está basado en la confianza, lo cual fue empujado por los Médici. Sin embargo, el poder de los smartphones se está haciendo sentir, y de acuerdo con Farhad Irani, “las tecnologías móviles pueden ser la mayor revolución económica que veremos en nuestras vidas.”

En ideas de Chris Myers, la primera ola de FinTech fue el enfoque de los emprendimientos en ser respuestas a la crisis de 2008. La segunda ola está terminando, que fue cuando los grandes jugadores se dieron cuenta del fenómeno y comenzaron a destinar recursos para continuar competitivos. Y la tercera ola está comenzando: el trabajo conjunto entre los actores –reguladores, emprendedores tecnológicos, grandes instituciones e inversionistas- para construir un mejor mañana en el sistema financiero.

Ejemplo de esta tendencia es que cada día hay más emprendedores con experiencia en Silicon Valley y exejecutivos bancarios que están comenzando emprendimientos en México. Además, bancos tradicionales están creando centros de innovación e invirtiendo en emprendimientos mexicanos tan rápido como pueden.

“Se está viendo el resultado de esta ola de optimismo, no sólo para la etapa de capital semilla, sino también para la Serie A, donde los ejecutivos de capital de riesgo han llevado a cabo grandes rondas, donde destacan Kueski, Konfio y PayClip, que cerraron respectivas rondas de $10, 8 y 8 millones de dólares.”

Justo en octubre, BITSO, una de las primeras casas de cambio de Bitcoin en México, levantó una ronda de 2.5 millones de dólares. Dentro de los inversionistas se encuentra Monex, uno de los bancos y transmisores de dinero con mayor volumen en México. Por otro lado, el BBVA Open Talent que concluyó en septiembre pasado, tuvo como ganadores a emprendimientos de la Ciudad de México y Medellín, que fueron seleccionados entre 1217 proyectos de 77 países. Esto es una clara señal de que los bancos mexicanos podrían adoptar estas tecnologías.

¿Qué aspectos tendría que considerar?

Con México como tierra fértil, una Ley Fintech vendría a transparentar y dar certeza jurídica a una actividad que hoy en día se realiza en una zona gris de la ley. Legislaciones mexicanas como han sido completamente rebasadas por tecnologías que crecen a un ritmo exponencial en comparación con la velocidad en la que el marco normativo se adecúa para darles cabida. La mayoría de las veces la tecnología va por delante de la ley.

Las instituciones reguladoras han dado largas al tema, aduciendo inmediatamente que les inquieta que las tecnologías financieras disparen el lavado de dinero, la evasión fiscal, la volatilidad monetaria y el fraude. Particularmente para México, han señalado que les preocupa la capacidad que tendrán la el Ministerio de Finanzas y la Comisión Nacional Bancaria y del Mercado de Valores para hacer cumplir la ley.

Una regulación con visión de futuro que potencialice el sector FinTech en México deberá de ir en el siguiente sentido:

1. Debe incluir las consultas por parte de los encargados de la redacción de la ley a diferentes jugadores de la industria. Hasta ahora ha habido diferentes acercamientos que han resultado en el mejor entendimiento del sector y las tecnologías. Además, se requiere aumentar la base mínima de conocimiento del funcionamiento de estas tecnologías para poder conocer e interpretar esta Ley.

2. Debe definir con precisión qué se quiere regular. Por ejemplo, el bitcoin (activo digital y sistema de pagos respaldado por blockchain) se podría legislar como divisa, criptomoneda o activo. Esto tendría profundas consecuencias en el tratamiento fiscal, que podrían ser la diferencia entre la supervivencia o no del sector.

3. Debe asegurarse que el Banco de México entienda y garantice que los beneficios del FinTech fluyan a los usuarios en mayor medida que a los bancos, y que apoye la modernización de las regulaciones existentes.

4. Debe establecer las reglas del juego (legales, fiscales, propiedad intelectual, transferencia tecnológica, canales, tecnológicos, entre otros) para el esquema de coopetition (cooperación-competencia) que tendrán que tener los bancos actuales (quienes tienen a los clientes) y los emprendimientos (quienes tienen la innovación).

5. Debe establecer las prioridades y su orden jerárquico, tales como la inclusión financiera, innovación, recaudación tributaria, mejora de eficiencia, beneficio a usuarios, creación de valor, monetización de activos, entre otras.

6. Debe dar pasos sólidos para ampliar el mercado de servicios financieros y permitir mayor competencia e innovación en el sector, de forma que se conecte en mejor forma a los proveedores de los mejores productos con clientes desatendidos.

7. Debe poner tanta atención en la mejora del contacto con clientes y experiencia de usuario –sectores altamente desarrollados- que en el espacio de PyMEs –sector extensamente desatendido-, especialmente en las áreas de procesamiento de pagos y préstamos.

8. Debe facilitar el intercambio de experiencias con países que cuentan hubs de innovación en FinTech. Según el Ranking de EY, destacan los polos de Londres, Inglaterra; Nueva York y San Francisco, EUA; Berlín, Alemania; Sídney, Australia; Hong-Kong y Singapur (países homónimos, respectivamente).

9. Debe establecer un rango a la baja de las tasas de interés por transacciones, debido a que México es la joya de la corona por los intereses que cobran ciertos bancos internacionales, pero principalmente porque la aplicación de la tecnología disminuirá los costos de las transacciones.

10. Debe armonizar el resto de las leyes que regulan las autoridades bancarias, financieras y antilavado de dinero existentes, competentes en la materia, para que vean a FinTech como una ventaja y no como una amenaza. Se trata de innovación responsable, sin que los diferentes actores abandonen sus principios de garantía de legalidad y regulación.

Sabemos de antemano que las políticas gubernamentales mexicanas pueden incentivar la innovación o pueden apagarla. Como se ha visto aquí, el gran efecto de la revolución del FinTech será forzar que se mueva el status-quo: los grandes bancos mexicanos tendrán que salir de su zona de confort, las autoridades del país tendrán que modernizar el marco de un sistema bancario casi anacrónico y los emprendedores tecnológicos tendrán que trabajar con los grandes tiburones que detestan en mayor o menor forma.

Jean Tirole, Nobel de Economía en 2014, decía que la regulación debe ser lo suficientemente ligera para no matar el emprendimiento. Es por ello que el principal reto de esta reforma FinTech será, por un lado, proteger los recursos de los usuarios y cuidar la industria para prevenir que sirva a intereses perversos como lavado de dinero. Por el otro, deberá potenciar un ecosistema de emprendedores que está apostándole a México, y generar los incentivos para vigorizar a una industria con mayor competencia, generando costos más bajos para beneficiar a los que más los necesitan: los ciudadanos.