Actualmente, el tema de la división inunda los medios: división entre personas, entre naciones y entre ideologías. Y es cierto que el mundo avanza en direcciones nuevas, muchas veces inesperadas, y que se perturba el orden existente. Sin embargo, debemos recordar que el intercambio de ideas puede ser una fuerza que nos una, en lugar de dividirnos.

La mayoría de las innovaciones reales de la humanidad no provienen de individuos que trabajan de forma aislada o incluso de “golpes de genialidad”, sino del trabajo en conjunto. El tema de la Reunión Anual de este año, “liderazgo responsable y receptivo”, destaca el papel vital que debe jugar la colaboración para que podamos afrontar el futuro de la mejor manera posible.

Este año BT (British Telecom) celebrará 180 años desde que se presentó la patente original del telégrafo eléctrico de cinco agujas, una innovación que sentó las primeras bases para el mundo interconectado en el que vivimos, que sienta las bases de la Cuarta Revolución Industrial.

Los inventores de ese dispositivo, el científico Charles Wheatstone y el emprendedor William Fothersgill Cooke, trabajaron juntos para transformar una gran idea en algo que llegaría a convertirse en una industria de escala mundial.

Cuando pienso en las innovaciones de la historia de BT, casi todas fueron esfuerzos colaborativos. Desde la primera transmisión de televisión en vivo a través del Atlántico —una colaboración entre Bell Labs de AT&T y BT Labs— hasta nuestro trabajo actual en la próxima generación de tecnologías de banda ancha ultrarrápidas, los mayores éxitos se debieron al trabajo conjunto de expertos de diferentes áreas en pos de un objetivo común.

Por eso, cada vez son más las empresas que adoptan un enfoque internacional de “innovación abierta”. Uno de los riesgos más importantes para las organizaciones grandes, incluso aquellas que invierten mucho en I+D como la nuestra, es el síndrome “no se inventó aquí”: la posibilidad de que una tecnología disruptiva se ignore por el simple hecho de no haber sido inventada en laboratorios de la empresa. Tenemos equipos de búsqueda y asociaciones con universidades del Reino Unido, Silicon Valley, Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por las iniciales en inglés), Abu Dabi, China y otras ubicaciones estratégicas de todo el mundo para tener una perspectiva global. La colaboración entre las empresas y la academia es un componente clave de la “innovación abierta”.

Del Gran Colisionador de Hadrones a Davos

Ya que nos preparamos para la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, tomemos un ejemplo suizo de colaboración: el CERN, que cuenta con 2500 empleados de 22 estados miembro. El CERN, que fue la cuna de la World Wide Web, brinda a una comunidad internacional de científicos acceso a potentes instalaciones de experimentación, investigación, procesamiento de datos y análisis. En 2013, la combinación de estas grandes mentes e instalaciones de punta en túneles no muy lejos de Davos demostraron la existencia del bosón de Higgs o la “partícula de Dios”, una de las partículas elementales que componen el universo.

Hay una cantidad considerable de científicos británicos que trabajan en el CERN. El Reino Unido es un caldo de cultivo para la ciencia y la industria y, luego del Brexit, deberá capitalizar sus universidades de primer nivel y construir una economía liderada por la innovaciones que siente bases sólidas para el crecimiento futuro.

Cada vez es más urgente que las empresas afronten el desafío de ayudar a las universidades a enfocar su investigación y su enorme capital intelectual en diferentes áreas. El crecimiento futuro sostenible requiere innovación que tenga sentido práctico y relevancia social y comercial.

Colaboración en la Tierra... y en el espacio

A nivel mundial, vemos que iniciativas como las Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París logran trascender las fronteras nacionales y políticas a través de un enfoque colaborativo y abierto. Los grandes problemas internacionales de nuestro tiempo —la desigualdad, la pobreza y el cambio climático— no son para menos.

Y cada día vemos ejemplos del poder colectivo de las personas que utilizan las redes sociales. Si se usan responsablemente, las redes sociales pueden convertirse en una herramienta de bien que ayude a los necesitados y mejore la situación mundial. Las primeras redes sociales nacieron de algunas mentes creativas y colaborativas hace menos de una década. Desde entonces, fueron adoptadas por miles de millones de personas, y su forma y función n o han dejado de evolucionar hasta el día de hoy.

En 2016, el Comandante Tim Peake, que fue el primer astronauta británico durante 25 años, usó las redes sociales para acercar la enormidad del espacio a millones de niños en edad escolar en el Reino Unido y el resto del mundo. La Estación Espacial Internacional (ISS) que visitó es una de las colaboraciones internacionales más ambiciosas de la historia y es parte del programa de exploración espacial de mayor complejidad política jamás abordado. La ISS es la estación espacial más grande que se haya construido y hasta el día de hoy se sigue ensamblando en órbita. Hasta la fecha, la han visitado astronautas de aproximadamente 20 nacionalidades que utilizan sus laboratorios de investigación para mejorar nuestra comprensión del mundo que nos rodea.

Así, sea en la oscuridad inmensa del espacio o en un lugar más terrenal, vemos una y otra vez el poder del intercambio de ideas y de trabajar juntos sin importar las fronteras.

La fortuna favorece a los valientes... y las probabilidades favorecen a las mentes conectadas. En el mundo post-Brexit, necesitamos líderes empresariales responsables, receptivos y que creen entornos donde las grandes ideas puedan coexistir y las personas puedan colaborar.