América Latina enfrenta una grave escasez de capacidades. Alrededor del 50 % de las empresas latinoamericanas formales no pueden encontrar candidatos con las capacidades que necesitan, en comparación con el 36 % de las empresas de los países de la OCDE, según Manpower. Este es un problema particularmente serio en Perú, Brasil y México.

Un hecho menos conocido es que los sectores con la mayor brecha de capacidades en América Latina son los más beneficiosos para el desarrollo y la modernización industrial, como los vehículos de motor y la maquinaria avanzada.

Al mismo tiempo que América Latina tiene la mayor escasez de competencias del mundo en la economía formal, dos de cada cinco jóvenes no estudian ni trabajan, y 55 % de los trabajadores en la región trabajan en la economía informal. Los trabajadores claramente no tienen las capacidades que las empresas necesitan, y las empresas tienen grandes dificultades para encontrar el talento que necesitan para hacer crecer sus negocios.

Escasez de capacidades en América Latina y países de la OCDE (porcentaje de empresas formales que tienen dificultades para llenar empleos, 2015). Imagen: Grupo Manpower

La buena noticia es que la mayoría de los gobiernos son conscientes de esta prioridad y entienden que las habilidades se han convertido en la moneda mundial de las economías del siglo XXI. La falta de un grupo adecuado de trabajadores calificados evita la aparición de nuevos motores de crecimiento. Además, la creciente complejidad de las habilidades necesarias para tener éxito en la economía mundial de hoy y la rápida velocidad con la que cambian las necesidades, afectan la capacidad de los sistemas educativos formales para proporcionar soluciones oportunas. Por lo tanto, invertir en las habilidades adecuadas es uno de los elementos clave para una agenda de crecimiento inclusivo, que aumente la productividad y permita a las personas integrarse plenamente en la sociedad.

Invertir en las habilidades adecuadas es uno de los elementos clave para una agenda de crecimiento inclusivo, que aumente la productividad y permita a las personas integrarse plenamente en la sociedad.

Resolver este problema de capacidades requiere una reforma política valiente. Ampliar la cobertura de la educación no es suficiente; en cambio, los responsables políticos también deben centrarse en elevar la calidad de la educación.

También, mucho menos enfatizado, pero en nuestra opinión, igualmente importante, es la necesidad de mejorar los programas de estudio y compartir información sobre las capacidades que se encuentran en alta demanda.

Además, las reformas deben apuntar no solo a las competencias de la población en edad escolar, sino también a la capacitación de la mano de obra. La capacitación de la fuerza de trabajo de la actualidad que será la que impulse las economías en los próximos 30 años. Esto implica invertir en sistemas de formación más eficaces y pertinentes, y adaptar la educación formal a las necesidades de las personas que trabajan. Esto incluye, por ejemplo, hacer la educación más modular o ampliar el alcance del aprendizaje en el trabajo para que las personas puedan obtener certificaciones mientras trabajan.

Para lograr estos objetivos, los gobiernos deben invertir en capacitación que se anticipe a las habilidades necesarias y detecte el desequilibrio existente. También necesitan implicar a los empleadores en los sistemas de desarrollo de las capacidades. Estas estrategias ayudarán a hacer posible que la educación, en particular la educación técnica, y los sistemas de formación se adapten más a las necesidades de los empleadores en materia de habilidades. Además, se deberían implementar mecanismos de evaluación rigurosos para identificar qué es mejor para las empresas así como para los trabajadores, en particular, en términos de calidad de ingresos y seguridad en el mercado de trabajo.

Algunas industrias están creando consejos de habilidades por sectores para identificar las competencias que requieren los trabajadores en diferentes funciones y en diferentes niveles de complejidad

Algunos ejemplos de estos cambios ya se pueden ver en la región. Varios países, como Chile y Brasil, están comenzando a invertir en sistemas de información laboral para detectar y anticipar la escasez de mano de obra. Algunas industrias están creando consejos de habilidades por sectores para identificar las competencias que requieren los trabajadores en diferentes funciones y en diferentes niveles de complejidad. Esto se está llevando a cabo en Chile, por ejemplo, en el consejo de habilidades de minería y en la industria vitivinícola.

Varios países también han empezado a experimentar con programas de aprendizaje y sistemas de educación dual, con fuerte apoyo de los empleadores, proporcionando a las personas tanto un empleo como un camino para el aprendizaje y la certificación. Los ejemplos incluyen el modelo de educación dual en México, el próximo programa de aprendizaje en las Bahamas y las iniciativas que está desarrollando la Red Global de Aprendizaje.

La región de América Latina y el Caribe no se puede permitir quedarse atrás. Ahora, más que nunca, se necesitan mejores y más relevantes habilidades. Para lograr esto, necesitamos esfuerzos conjuntos de gobiernos, empresas y ciudadanos.