La productividad total de factores en América Latina relativa a países de renta alta, como Estados Unidos, no ha hecho sino disminuir desde 1975.

A pesar de acumulación positiva de factores de producción con inversión en aumento jalonada por inversión local e inversión extranjera directa, la renta relativa, y el crecimiento ha sido insuficiente para lograr convergencia con países industrializados. Cerrar brechas de producto, continuar reduciendo la pobreza y consolidar la clase media, requiere tasas de crecimiento mucho más altas y consistentes. Este objetivo solo se puede lograr aumentando la productividad como lo han mostrado varios estudios recientes: sólo los países que han logrado aumentar su productividad han visto aumentos en renta relativa.

Image: Fernández-Arias E. 2014. “Productivity and Factor Accumulation in Latin America and the Caribbean: A Database (2014 Update).”

¿Cuales son los factores que explican la caída de la productividad en América Latina? El Indice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial monitorea 114 indicadores agrupados en 12 pilares. El primer pilar monitorea las características institucionales, tanto públicas como privadas, que influyen en la productividad.

El sub-pilar de instituciones públicas que incluye protección de la propiedad privada, ética y corrupción, influencia indebida, eficiencia gubernamental, y seguridad, mide indicadores que han estado en primera página con escándalos de corrupción que han afectado a toda la región. Más allá de los escándalos coyunturales, ¿que podemos aprender de la evolución y del análisis de corte transversal de los indicadores de este sub-pilar?

De acuerdo a la última edición del Informe Global de Competitividad, ningún país de la región se encuentra entre los primeros 20 países en este pilar.

Dentro de la región, el país mejor posicionado es Uruguay en el 31 lugar seguido de Chile en el 36. La mayoría de los países de la región sin embargo, se encuentra por debajo del puesto 100 entre 138 países incluidos en el ranking, en la cola del mundial en estos temas.

La brecha con relación a la OCDE, a la cual varios países Latinoamericanos aspiran a pertenecer, también es marcada:

Analizando los indicadores de ética y de corrupción, vemos que en todos hay brechas grandes con la OCDE:

La confianza en la clase política es baja, los sobornos y pagos irregulares y la desviación de recursos públicos son percibidos como persistentes.

En términos porcentuales, cerrar la brecha con relación a la OCDE, y más aun con relación al país líder en transparencia y calidad de las instituciones públicas representa un esfuerzo enorme:

Más allá de la comparación con otros países en el ranking del año pasado, si observamos la evolución de los puntajes desde que se produce el índice en su versión actual, constatamos un deterioro de la calidad de las instituciones públicas:

Los indicadores relacionados con corrupción han sufrido una caída particularmente fuerte:

Las instituciones públicas, además de proveer bienes públicos complementarios a la inversión privada y conducentes a una mayor productividad de factores, garantizan unas reglas del juego que pueden cambiar los equilibrios observados. Pueden crear puntos focales hacia donde convergen los actores privados logrando mejores equilibrios de los que habría en su ausencia.

El deterioro de la relación público-privada, y la prevalencia de corrupción y falta de transparencia, aumentan costos de transacción y hacen más difícil que el sector privado opere eficientemente.

Uno de los grandes retos que enfrenta la región, y uno de los temas que se explorarán en la reunión del Foro Económico Mundial en America latina, es entender los factores que inciden en la prevalencia de corrupción y que han llevado al deterioro de las instituciones públicas.

Un buen diagnóstico, entendiendo las causas de la corrupción, contribuirá a encontrar políticas efectivas contra este flagelo. Una de las iniciativas más antiguas del Foro, PACI, busca soluciones público-privadas contra la corrupción.

Avanzar en este tema no será suficiente para aumentar significativamente la productividad y el crecimiento en la región, pero si es una condición necesaria y elemento crítico en una agenda efectiva de competitividad para la región.