Muchas personas sienten que el sistema internacional de comercio es injusto o no es responsable. Algunos lo culpan por la pérdida de puestos de trabajo; otros por presionar a las industrias locales o degradar las normas laborales.

Ciertamente, la globalización de la economía no ha beneficiado a todos. La desigualdad de los ingresos y de la distribución de la riqueza está en aumento en las economías desarrolladas. Significativamente, el 42% de los países clasificados en el Índice de desarrollo inclusivo del Foro Económico Mundial vieron disminuir su puntuación en los últimos cinco años, a pesar de que el PIB per cápita aumentó, y esto se debió principalmente a la desigualdad en la distribución de la riqueza. Las pequeñas empresas sufren graves consecuencias por las crisis en los mercados mundiales. La participación de los países más pobres del mundo en las exportaciones globales apenas se ha incrementado en poco más del 1% en la última década.

Frente a estos desafíos, existe una necesidad urgente de que se hagan esfuerzos para que los beneficios del comercio se distribuyan de manera más equitativa. Pero los gobiernos también deberían reconocer el valor fundamental del sistema mundial de comercio como base para el desarrollo. Cinco razones por las que se debería reconocer su valor:

1. Crecimiento y desarrollo

El comercio se expandió más del 7 % por año entre las décadas de 1990 y de 2000, lo que contribuyó a la actividad económica y sacó a millones de personas de la pobreza. Los recortes de las tarifas, la apertura de los servicios, el transporte más económico y una mayor conectividad han reducido los costos comerciales e impulsado la expansión de las redes de producción internacionales, donde los insumos de los productos provienen de todo el mundo.

Las cadenas de valor transfronterizas permiten a los países especializarse en lo que son buenos y vender productos a más mercados. Esto también hace posible producir bienes y servicios sin depender exclusivamente de los insumos que se encuentran dentro de las fronteras nacionales.

2. Resultados para los consumidores

Para los consumidores, el comercio amplía la oferta de nuevos productos y servicios, y a un precio más bajo. Esto es de gran importante para los más pobres, para quienes cada dólar cuenta. Una estimación de 40 economías considera que el comercio abierto impulsó el poder adquisitivo de los hogares de bajos ingresos en alrededor de dos tercios, ya que los pobres tienden a gastar más en los productos que más se comercializan, como alimentos y ropa. El estudio también sugiere que este efecto se siente más profundamente en las economías avanzadas, en las que las voces contra la globalización se oyen cada vez más fuertes.

El proteccionismo selectivo de un país es un mercado bloqueado para otro y, en general, afecta al crecimiento global. La prohibición de las importaciones podría mantener abiertas algunas fábricas en el corto plazo; pero esto se logra a costa de precios internos más altos y de un menor crecimiento de la productividad debido a la disminución de la especialización, la competencia y la escala, sin mencionar la falta de divulgación de los conocimientos técnicos.

3. Resultados para los negocios

Cuando las mercancías atraviesan fronteras varias veces, se suman incluso pequeñas fricciones comerciales, ya sean aranceles o sistemas fronterizos ineficientes. Los mayores costos de importación también pueden significar exportaciones menos competitivas, lo que puede resultar en menos ingresos y, por lo tanto, en menos empleos locales. En Alemania, el 50 % de las importaciones son de materias primas, en los Estados Unidos la cantidad es de alrededor del 40 %.

Las restricciones a los proveedores de servicios extranjeros, o los requisitos de licencias velados, crean barreras para las compañías que están en el último peldaño de la cadena de suministro y que necesitan utilizar servicios extranjeros para competir en el mercado internacional.

Las regulaciones comerciales, y en particular las normas comerciales multilaterales, minimizan la fragmentación, la ineficacia y la falta de transparencia, que reducen los ingresos de las empresas grandes y pequeñas. Solo el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio de la OMC, diseñado para facilitar los procedimientos aduaneros, podría reducir los costos del comercio en hasta un 15 % y crear hasta 20 millones de nuevos empleos en la economía global. Imagine cuáles serían los beneficios de un enfoque similar que pudiera facilitar los servicios y las inversiones.

El libro de normas de comercio también les proporciona a las empresas la certeza de que los mercados no se cerrarán de repente y de manera inesperada.

4. ¿Le gustan las manzanas?

Un mundo sin directrices internacionales mínimas para las normas que los países utilizan para la salud y la seguridad públicas sería un caos para los exportadores e importadores. Un productor de manzanas en Australia tendría que asegurarse de que el fruto de su huerta cumple con criterios arbitrarios diferentes a los basados ​​en la ciencia para los niveles de residuos de pesticidas en todos y cada uno de los mercados. Todos terminaríamos comiendo menos manzanas.

Los estándares inconsistentes de los productos y los mayores costos comerciales son, por lo general, más difíciles de resistir para las empresas más pequeñas. Debido a que las Pymes ocupan más del 50 % de los empleos formales en todo el mundo, impulsar su acceso a nuevos clientes en el extranjero puede traer aparejado un gran beneficio.

5. El poder en números

La colaboración internacional en asuntos relacionados con el comercio también puede ayudar a lidiar con la tragedia de los bienes comunes. Muchos gobiernos de todo el mundo subsidian la expansión de sus flotas pesqueras domésticas o el combustible que utilizan, a pesar de que poco menos del 70 % de las poblaciones marinas se pesca hasta el límite y el 31 % está sobreexplotada.

Uno o dos gobiernos actúan por su cuenta para poner fin a estos subsidios y, si bien su esfuerzo es encomiable, no es suficiente para resolver el problema, ya que los peces nadan en todos los océanos. Es necesario actuar a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que cuenta con un marco general para la colaboración en materia de subvenciones, y ordenar que se combata a estos subsidios a la pesca tan perjudiciales.

No destruir sino mejorar el comercio global

El sistema mundial de comercio está lejos de ser perfecto. Las normas de la OMC, escritas hace más de dos décadas, están a la zaga de las realidades empresariales actuales. Su función de supervisión y vigilancia podría ser más eficaz para garantizar que todos se atengan a las normas acordadas y que se restrinjan las prácticas comerciales desleales. A pesar de que los servicios constituyen aproximadamente dos tercios del PIB mundial, subsisten importantes obstáculos a la política sobre la comercialización de servicios.

Pero igualmente importante, en casa, se debe prestar mucha más atención a los tipos de políticas que aseguran que las oportunidades y los beneficios del comercio se expandan más, sin olvidarse de quienes pierden sus puestos de trabajo, y reconociendo que no habrá un solo enfoque que pueda beneficiar a todos. Las deficiencias en áreas como la educación, la capacitación continua, las redes de seguridad social y la infraestructura perjudican la capacidad de las personas para beneficiarse de los mercados abiertos y dejan a los trabajadores desamparados.

Alejarse del sistema de comercio actual tendría consecuencias profundas en un mundo conectado, frágil y en rápida evolución. Un mundo de muros y barreras sería más pobre y aburrido. Si se hiciera bien, se obtendrían muchas ganancias para todos con el comercio global.

El Consejo Mundial Futuro sobre el Comercio Internacional y la Inversión del Foro Mundial Económico ha emitido un llamado a la acción para que los líderes del G20 mantengan y mejoren la legitimidad del sistema mundial de comercio. La lista completa de los miembros del Consejo está disponible aquí.