¿Qué reflejan las estadísticas criminales más recientes de Suiza que el primero de agosto celebró sus 726 años de existencia? La imagen de un país muy tranquilo en el contexto mundial, acorde con las familiares barras de chocolate, las vacas gordas y las montañas nevadas. La evidencia estadística es cierta: las tasas de delito este año, como en los años anteriores, están bajando. Mientras en 2012 se presentaron 612.000 delitos, esta cifra bajó a 448.000 en el 2016.

Sin embargo, en las estadísticas criminales de Suiza se conserva un indicador que desde hace años sigue al mismo nivel y no se logra erradicar: la tasa de homicidios de 0.6 por 100.000 habitantes. Se trata de un indicador bajo que solamente logran tener Japón, Singapur Hong-Kong, Indonesia, Bahréin y la Polinesia Francesa, que está muy por debajo de los Estados Unidos (4,7), o Rusia (9,2). De los 45 homicidios en los hogares, 22 corresponden a mujeres y víctimas de violencia doméstica o victimas de feminicidio. Igual, son 22 mujeres, lo que implica que en Suiza cada 3 semanas una mujer fallece como consecuencia de la violencia doméstica.

Según la PAHO, globalmente la violencia doméstica afecta a una de cada tres mujeres en el mundo, y el 40% de las mujeres asesinadas mundialmente fueron víctimas de su esposo o de su pareja. Adicionalmente, más de 600 millones de mujeres viven en países en los cuales el abuso doméstico y la violencia no son consideradas como un crimen.

América Latina y el Caribe presentan un desafío especial, donde existen tensiones políticas, económicas y sociales infinitamente más fuertes que en Suiza, y donde la cultura social tiene características más pasivas que cívicas. El promedio de la población femenina que está afectada por la violencia doméstica en América Latina y el Caribe es del 30%. Cada día mueren en promedio al menos 12 latinoamericanas y caribeñas por el solo hecho de ser “mujer”. Esta estadística la difundió, en octubre de 2016, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal. Honduras es el país de la región con el mayor número total de feminicidios (531 en 2014), lo cual representa 13,3 por cada 100.000 mujeres. En términos absolutos, Argentina y Guatemala se ubican en segundo y tercer lugar, con más de 200 feminicidios cada uno. Aparte de las muertes causadas por heridas físicas, la violencia doméstica también resulta en daños de largo plazo a nivel emocional, mental y en materia de salud reproductiva, incluyendo un mayor riesgo de contraer el virus VIH.

Un reto mayor en América Latina y el Caribe, como en otras partes del mundo, es lograr que se denuncien los casos de violencia doméstica, al igual que conseguir que las autoridades tomen en serio las agresiones que a la comunidad LGTB. Una posible explicación al bajo nivel de reporte de los incidentes de violencia doméstica, es el hecho de que cuando el victimario es la pareja, la víctima percibe esas agresiones físicas o sexuales menos como un crimen, que cuando las mismas agresiones provienen de una persona externa a su círculo íntimo familiar.

En este contexto, las encuestas de victimización, que el Banco junto con socios locales ha apoyado en muchos países de la región, se vuelven claves. Es importante que los mecanismos de prevención de la violencia doméstica se alimenten de fuentes de información con diversos orígenes. Pero esto trae otro desafío: es casi imposible contar los casos de forma estandarizada para América Latina y el Caribe, dado que no existe una única definición del feminicidio en la región. Aunque existen datos que ayudan a identificar algunas tendencias, las cifras no son comparables y las fuentes de información difieren de un país a otro.

Regresando a Suiza, a la par con las felicitaciones por los 726 años de su existencia exitosa, y se observa lo difícil que resulta para un país como Suiza y sus instituciones sólidas, erradicar por completo la tasa (aún baja) de feminicidios. Que desafiante entonces uno debe ser en América Latina y el Caribe. Pero al final, no importa que un país tenga 22 casos de feminicidios como Suiza o 531 como Honduras.[1] El feminicidio marca en forma dramática las sociedades por el dolor y el sufrimiento que entraña, por la mortalidad prematura que involucra, por los gastos para el servicio de salud que conlleva, así como por el impacto en la productividad de los países. Y al final, lo que pesa es que cada caso causa el mismo dolor y tristeza.