Miluska Pérez sabía que algo estaba mal con su bebé, Pierina, cuando mostró signos que no oía bien a una corta edad. “Empecé a preguntarme si ella podía escucharme o no”, cuenta Miluska.

© Daniel Silva Yoshisato

Tras varios exámenes, Miluska se enteró que su hija sufría de una “sordera grave” y que un audífono no resolvería el problema. Los doctores le dijeron que la única solución sería un implante coclear. Para Miluska, que trabaja en turnos de noche como conserje en un restaurante de lujo en Lima (la capital del Perú), estas noticias fueron devastadoras. “Fue como un balde de agua fría”, dice. “No supe qué decir o hacer”.

Buscó ayuda en organizaciones y hospitales. Durante su búsqueda, Miluska conoció a otra madre que había podido hacerle un implante coclear a su hijo a través del Seguro Integral de Salud (SIS), un programa peruano similar a Medicaid. Por fortuna, Pierina, de 6 años ahora, ya tenía un certificado de nacimiento y un carné de identidad, conocido como DNI. Ambos documentos permiten tener acceso a una serie de servicios públicos, incluidos los beneficios de salud proporcionados por SIS. Repentinamente, el objetivo de Miluska de conseguir un implante coclear para su hija no parecía tan distante.

Perú ha experimentado un gran crecimiento económico en los últimos 15 años. Para que estos avances económicos beneficiaran a los pobres, el Gobierno puso en marcha una serie de programas sociales a inicios de los años 2000, que abarcaron sectores como la educación, la salud y las pensiones y que estuvieron dirigidos a quienes se encontraban en los peldaños más bajos de la escala económica.

Desde que el Gobierno promulgó una ley en 2009 para proporcionar acceso universal a los servicios de salud, los indicadores de desarrollo han mejorado notablemente en algunas partes del Perú. La malnutrición crónica bajó del 28 % al 13 % entre 2008 y 2016 debido, en gran parte, a una estrategia pública intersectorial que incluyó programas de desarrollo en la primera infancia, entrega de suplementos nutricionales y transferencias monetarias condicionadas, entre otras iniciativas. Las tasas de mortalidad materna e infantil también han disminuido.

El éxito de este esfuerzo se debe en parte a que la prestación de mejores servicios sanitarios depende de que los recién nacidos sean inscritos al nacer. En las décadas pasadas, la mayoría de los bebés no tenían documentos de nacimiento, en particular en los asentamientos rurales. Pero hoy en día, todos los bebés nacidos en un hospital o centro de salud urbano reciben una partida de nacimiento y el Documento Nacional de Identidad (DNI) inmediatamente después del parto. La huella del pulgar de la madre se asocia a su bebé y se asigna de manera digital un número de identificación de ocho dígitos. Los bebés nacidos en familias cuyos padres cumplen con los requisitos para recibir asistencia son inscritos de manera automática en el SIS.

En la actualidad, el 80 % de la población del Perú tiene seguro de salud y el Ministerio de Salud espera que el país consiga la cobertura sanitaria universal antes de finales de 2021

En la actualidad, el 80 % de la población del Perú —que supera los 31 millones de habitantes— tiene seguro de salud y el Ministerio de Salud espera que el país consiga la cobertura sanitaria universal antes de finales de 2021.

La vida de Miluska ha cambiado en los últimos dos años. Tras obtener el seguro de salud a través del SIS, llevó a su hija a un hospital local para que fuera operada en enero pasado. Dos meses después, los doctores activaron el implante. Miluska recuerda que se emocionó mucho cuando su hija movió su cabeza de un lado a otro luego que el implante fuera encendido. Al comienzo, dice, Pierina se asustaba incluso con el ruido más mínimo, pero cuando Miluska le habló a su hija algo cambió de golpe.

“Ella me miró”, dice Miluska. “Supe que había oído mi voz. Supe por sus ojos que ella había escuchado”.

Desde la operación, la vida de Pierina también ha cambiado considerablemente. Antes de la intervención, la niña solía permanecer en posición fetal con su mirada ausente, cuenta Miluska. Pierina usaba pañales y parecía perdida y asustada. “No podía entenderla y ella se frustraba mucho”, dice Miluska. “Me sentía mal que no podía comunicarme con mi propia hija”.

Las cosas son muy diferentes ahora. Cada mañana, Pierina asiste a la escuela y es una estudiante más en la clase con otros niños peruanos. Dos veces a la semana, ve a un especialista en el Centro Peruano de Audición, Lenguaje y Aprendizaje. Miluska dice que su hija nunca falta a clases y que su comportamiento ha cambiado por completo. “El implante ha sido una bendición”, señala.

Miluska agrega que su hija “está feliz y animada”. “Le encanta su escuela, le encanta aprender. Es una niña totalmente distinta”.