¿Por qué personas a la que se considera inteligentes hacen cosas realmente tontas? ¿Cómo es posible que individuos probadamente obtusas triunfen en la vida cuando no saben hacer la o con un canuto?

Para responder a estas preguntas es necesario definir, antes de nada, qué se entiende por una persona inteligente.

La opinión más extendida es que una persona inteligente es aquella que tiene ciertos conocimientos que le sirven para tomar ciertas decisiones. Sin embargo, esta definición no concuerda demasiado con el método que los científicos utilizan para medir la inteligencia.

Habitualmente, la inteligencia se determina a través del cociente intelectual. Ese valor se obtiene mediante una serie de test en los que se somete a la persona a problemas de lógica, de vocabulario, a puzles, organización espacial, etc.

La mayor o menor inteligencia puede influir y determinar el éxito académico de una persona. Incluso puede ayudar a que su proyección profesional sea más prometedora. Sin embargo, el hecho de ser más inteligente no tiene que ir unido con su bienestar o su felicidad. De hecho, en ocasiones está bastante reñido porque las personas inteligentes realizan comportamientos impropios de individuos con ese talento con más frecuencia de lo que pudiera imaginarse.

Ante semejante situación, los expertos han intentado averiguar cuál es la razón por la cual las personas inteligentes hacen cosas que complican su vida. El motivo principal es que esas pruebas que se utilizan para determinar la capacidad intelectual no tienen en cuenta otras variables, como la capacidad para tomar decisiones en la vida real, interactuar con otras personas, poner en cuestión los conocimientos que se poseen o la capacidad para empatizar con otros.

En la sociedad actual, el objetivo de bienestar o éxito vital está mucho más relacionado con el pensamiento crítico que con la inteligencia. ¿Pero qué es eso del pensamiento crítico? Según los expertos, sería una serie de habilidades destinadas a pensar de manera racional y con un objetivo concreto, algo para lo cual no es imprescindible la inteligencia.

Las personas que utilizan ese pensamiento crítico suelen caracterizarse por ser escépticas. Una actitud que permite analizar mejor la información de la que disponen y desconfiar de aquellas afirmaciones que no estén basadas en hechos verdaderos. Algo bastante importante para sobrevivir en la sociedad actual.

Esto hace que, a largo plazo, las personas con pensamiento crítico eviten problemas y tengan una vida más placentera. Sencillamente porque, con independencia de su inteligencia, analizan mejor la situación tanto de cara al presente como al futuro. Ante estos resultados, los científicos se plantean qué es más útil en la vida cotidiana ¿ser inteligente o tener un pensamiento crítico? La respuesta es clara: el pensamiento crítico.

A pesar de ello, no es necesario que los más listos de la clase se depriman ante semejante situación: mientras que la inteligencia es algo que está determinado en buena parte por cuestiones genéticas, el pensamiento crítico se puede aprender. De hecho, a los más inteligentes, tal vez hasta les resulte más sencillo adquirir esa habilidad.