Oprah Winfrey triunfó. No solo se llevó uno de los mayores galardones de la industria del cine, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, sino que, en la pasada edición de los Globos de Oro, dio uno de los discursos más memorables que se recuerdan en estos premios. Desde la forma en la que recordó cómo le impactó ver en directo a Sidney Poitier convertirse en el primer actor de color en ganar un premio Oscar a la reinvindicación de la lucha contra el machismo. Sus palabras no solo hicieron estallar (de alegría) a internet, sino que hasta movieron mercados bursátiles y crearon hordas de tuiteras clamando por que la presentadora se postule como candidata a la presidencia de su país. Pero, aunque memorable, no es la primera vez que un discurso de una estrella de cine llega cargado de reivindicaciones políticas o sociales y provoca reacciones intensas entre el público.

Ocurrió el año pasado cuando Meryl Streep recibió el mismo premio que este año se ha llevado Winfrey. Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones, Estados Unidos estaba a punto de estrenar presidente en el momento de la gala. Y la actriz más respetada de Hollywood (y, por extensión, del mundo) quiso aprovechar la ocasión para hablar de la actuación que más le había llamado la atención de todo el año. “Ha habido una actuación este año que ha dejado aturdida. Ha hundido sus garras en mi corazón. No porque fuera buena: no tenía nada de bueno. Pero fue efectiva e hizo su trabajo. Hizo a su público objetivo reír y enseñar los dientes. Fue ese momento en el que la persona llamada a ocupar el asiento más respetado de nuestro país imitó a un periodista con discapacidad, alguien a quien superaba en privilegios, poder y capacidad de devolver un golpe. De algún modo me rompió el corazón cuando lo vi”.

Pero la calma que mostró la ganadora de tres Oscar contrasta con el entusiasmo que había mostrado solo dos años antes en la ceremonia de los Oscar en aplaudió con vehemencia el discurso de Patricia Arquette, ganadora del galardón a la mejor actriz de reparto. “A cada mujer que ha dado a luz, a cada pagadora de impuestos y ciudadana de esta nación. Hemos luchado por la igualdad de derechos de todos los demás. Es momento de que tengamos igualdad de sueldos de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América”.

Antibelicismo

Donald Trump no fue el primer presidente vapuleado en el discurso de una personalidad del mundo del cine. Le ocurrió a George Bush, hijo, cuando, en 2003, el director Michael Moore ganó el Oscar al mejor documental y decidió no callarse su opinión sobre la Guerra de Irak. “Nos gusta la no ficción pero vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en un tiempo en el que tenemos resultados electorales ficticios que eligen a un presidente ficticio. Vivimos en un tiempo en el que tenemos a un hombre enviándonos a la guerra por razones ficticias”. Moore no solo no se topó con la acogida que sí recibieron Winfrey, Streep y Arquette, sino que recibió abucheos de los asistentes.

A quien no abucheó el público fue a Halle Berry cuando en 2002 se convirtió en la primera actriz afroamericana en recibir un Oscar. “Este momento es mucho más grande que yo”, dijo al recibir su galardón. “Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. es para las mujeres que hay a mi lado, Jada Pinkett, Angela Basset, Vivica Fox. Y es para cada mujer de color sin nombre y sin cara que ahora tiene una oportunidad porque esta puerta se ha abierto esta noche”.

Y otra puerta se abrió cuando Lena Waithe se convirtió en la primera mujer afroamericana en lograr el Emmy al mejor guion de una serie cómica por Master of None. Después de, en primer lugar, dar las gracias a Dios, dio un discurso que ocupó la atención de la prensa al día siguiente: “A mi familia LGBQTIA [lesbianas, gays, bisexuales, queer -un término paraguas que hace referencia a todas las minorías sexuales-, transexuales, intersexuales y asexuales]. Os veo a todos y cada uno de vosotros. Las cosas que nos hacen diferentes son superpoderes. Cada día, cuando salgáis por la puerta, poneos vuestra capa imaginaria y conquistad el mundo porque el mundo no sería tan bonito como es si vosotros no estuvierais en él”.

También sobre el colectivo LGTB se pronunció Sean Penn cuando, en 2009, ganó su segundo Oscar por interpretar al icónico activista gay Harvey Milk. “Creo que es buen momento para que aquellos que votaron para prohibir el matrimonio gay se sienten y reflexionen y anticipen su gran vergüenza y la vergüenza a ojos de sus nietos si continúan con esos apoyos. Tenemos que tener igualdad de derechos para todo el mundo”.

Quien puso un tinte político a una gala de los Oscar sin hacer alusión a nadie fue Leonardo DiCaprio. Cuando en 2016 se llevó el premio al mejor actor no habló de presidentes, ni de mujeres. Ni de afroamericanos, ni de lesbianas. Ni falta que le hizo: habló del planeta. “El renacido iba sobre la relación del hombre con el mundo natural. Un mundo que colectivamente sentimos en 2015 como el año más caluroso desde que hay datos. Nuestra producción tuvo que mudarse a la punta Sur de este planeta solo para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestro planeta”. Mientras DiCaprio hablaba, Kate Winslet, en su asiento, estaba al borde de la lágrima.