Con frecuencia se piensa que, al menos en el mundo occidental, la igualdad de género es un hecho consumado. Las mujeres lideran algunos de los países más ricos, están superando a los hombres en la obtención de títulos de licenciatura y tres cuartas partes de los directores ejecutivos consideran la diversidad de género en el lugar de trabajo como una prioridad.

Así que les voy a contar un pequeño secreto: ni un solo país del mundo tiene en realidad igualdad de género. Tampoco ninguno de ellos va en camino de lograr la plena igualdad de género en la próxima década.

Aquí hay una lista que confeccionamos en Plan International con diez de los países con mayor igualdad de género a nivel mundial: Noruega, Bélgica, Australia, Finlandia, Suiza, Alemania, Suecia, Dinamarca, Canadá y los Estados Unidos.

Elegimos estos países porque trabajamos en cada uno de ellos, así como en más de 50 países del mundo en desarrollo, y conocemos a fondo sus leyes y políticas contra la discriminación excepcionalmente buenas y la gran participación de la fuerza laboral femenina.

Incluso en estos países, la verdadera igualdad de género puede ser solo una utopía, ya que las actitudes y los comportamientos nocivos hacia las niñas y las mujeres siguen siendo preocupantes.

Ahí es donde el sector privado tiene un papel fundamental que desempeñar. Una cantidad cada vez mayor de empresas está abordando la brecha de género en la alfabetización digital mediante la inversión en iniciativas que ofrecen a las niñas las habilidades que tanto necesitan. En Vietnam, Mojang, el creador del juego informático Minecraft, se asoció con Plan International Vietnam para enseñar a las niñas a codificar, mientras que en Delhi, India, una asociación entre Plan India y Ericsson creó centros digitales de aprendizaje para llevar las matemáticas, las ciencias y otros temas a las comunidades marginadas.

El último Informe Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial predijo que tomará 217 años cerrar la brecha de género al ritmo de progreso actual.

Paralelamente, otras empresas están utilizando innovaciones tecnológicas para crear conciencia sobre los estereotipos de género. Mediante su trabajo con Plan International Finlandia, Samsung ha creado Sheboard, una aplicación de texto predictivo que cuestiona la manera en que las personas hablan con las niñas y acerca de ellas, y busca fomentar la sensibilización en torno a los efectos del lenguaje sexista.

En los Estados Unidos, nuestro socio corporativo, Nickelodeon, puso en marcha Together We Rock (Juntos somos un éxito), un juego en línea que enseña a las niñas a programar y les recuerda que cualquier persona, independientemente de su género, puede ser un líder. Este mensaje también fue claramente visible en el increíble set de Women of Nasa, que lanzó Lego en 2017 para celebrar a las mujeres científicas.

El sector privado también está realizando grandes avances para eliminar los prejuicios de género de sus procesos de contratación y ascensos, y una vez más, la tecnología juega un papel importante. Tal como lo señala Simona Scarpaleggia, directora ejecutiva de Ikea Suiza, la primera empresa en alcanzar el más alto nivel de certificación de igualdad de género: "Definitivamente, no basta con solo contratar mujeres. Es importante abordar los prejuicios explícitos e implícitos en la contratación y los ascensos".

Una manera eficaz en que las empresas pueden hacer esto es a través de la inteligencia artificial. Cada vez más plataformas y aplicaciones digitales que les ayudan a eliminar el prejuicio inconsciente de sus procesos de contratación. El sistema de factores de éxito de SAP, por ejemplo, ha creado una serie de avisos en su tecnología que interrumpen las decisiones para que los gerentes sean más conscientes de dónde el prejuicio inconsciente puede estar afectando las decisiones sobre contratación y ascensos.

Si bien estas empresas están a la vanguardia, es preciso hacer mucho más en los países con mayor igualdad de género del mundo, y mucho menos en los países más pobres, en los que Plan concentra la mayoría de sus recursos. Esto se debe a que las normas de género definen lo que significa ser una niña o una mujer y fijan las expectativas sobre cómo deben comportarse las mujeres y las medidas que deben adoptar.

Tomemos el ejemplo de Alemania. Si bien la líder femenina del país, la canciller Merkel, tiene uno de los cargos más poderosos en la escena mundial, las normas de género perjudiciales persisten. Una quinta parte de los hombres alemanes siguen creyendo que, cuando escasea el empleo, tienen más derecho a un trabajo que las mujeres.

Tales actitudes no pueden pasarse por alto. En los países en los que se supone que los hombres tienen más derecho al trabajo que las mujeres, existen mayores brechas de género en las tasas de empleo. Si bien este no es el caso de Alemania, sería ingenuo pensar que dichas opiniones no tendrán un efecto nocivo en los procesos de contratación o en las ambiciones de las jóvenes aún en edad escolar.

En Finlandia, solo el 23 % de los estudiantes de STEM son mujeres, y en Suecia las mujeres ocupan menos de la cuarta parte de las cargos en los sectores de tecnología de la información, telecomunicaciones y STEM.

Otra norma de género muy frecuente en todas partes es la creencia de que los quehaceres domésticos y el cuidado de la familia son responsabilidad exclusiva de las mujeres. En Bélgica, el segundo país con mayor igualdad de género del mundo, el 81 % de las mujeres cocina o realiza otras tareas del hogar a diario, en comparación con solo el 33 % de los hombres.

En general, cuanto más tiempo pasan las mujeres en las labores domésticas no remuneradas, menos tiempo pasan en el trabajo remunerado, lo que significa que la carga doméstica desigual presenta un gran costo financiero para las familias y la economía en general. También perpetúa el estereotipo de niñas y mujeres como ciudadanas de segunda clase.

Y en un área clave eso es exactamente en lo que están en riesgo de convertirse. Los estereotipos dañinos sobre las aptitudes y las funciones de las mujeres han significado que su preparación para la llamada Cuarta Revolución Industrial —que verá un aumento de los empleos digitales y la inteligencia artificial— es sumamente insuficiente. En casi todos los países del mundo, las niñas están por detrás de los niños en cuanto a conocimientos digitales; además, es menos probable que estudien ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (Science, Technology, Engineering and Mathematics, STEM).

En Finlandia, solo el 23 % de los estudiantes de STEM son mujeres, y en Suecia las mujeres ocupan menos de la cuarta parte de las cargos en los sectores de tecnología de la información, telecomunicaciones y STEM.

Ciertamente, se debe elogiar los esfuerzos que han hecho los 10 primeros países para dominar la tabla de líderes de la igualdad de género. Sin embargo, queda claro que un enfoque limitado a fortalecer las leyes y políticas y a aumentar la participación económica de las mujeres no es suficiente. Cerrar estas brechas de género depende de que cada país desafíe las ideas profundamente arraigadas de lo que las mujeres pueden y deben hacer. Si no se abordan estas actitudes y comportamientos, no será posible alcanzar la igualdad de género en ninguna parte.

Por lo tanto, todavía es necesario hacer mucho más. El último Informe Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial predijo que tomará 217 años cerrar la brecha de género al ritmo de progreso actual. Sin abordar las normas de género, creo que en realidad llevará mucho más tiempo.

Para alcanzar la verdadera igualdad de género en cualquier país, se requieren esfuerzos comparables a una revolución. Lo invito a ser pionero de su sector y unirse a Plan International, a los gobiernos, a la sociedad civil y a los medios de comunicación para abordar las normas que defienden a las niñas y mujeres. Juntos podemos cerrar la brecha de género más pronto.