El cohousing no tiene por qué estar relacionado con la edad o situación económica. En la actualidad puede ser una opción de vida acorde con el respeto al medio ambiente, contraria a la sociedad de consumo y destinada a establecer vínculos vecinales más satisfactorios. Bienvenidos al cohousing.

El libro Cohousing. Esperienze internazionali di abitare condiviso de Jacopo Gresleri, por ejemplo, repasa la evolución de esa forma de vida a lo largo de la historia y en diversos lugares del mundo.

¿Qué sentido tiene que haya una lavadora en cada casa si es posible construir una lavandería de uso común en el edificio? ¿Por qué tener un jardín privado cuando se puede disfrutar de espacios más amplios compartidos con el resto de la comunidad? ¿Por qué no contar con un servicio de asistencia sanitaria en el condominio si la edad de sus moradores lo requiere? ¿Por qué no disponer de un lugar de juegos cuando hay niños pequeños en el edificio?

El cohousing responde a muchas de esas preguntas. Su objetivo no es otro que encontrar un nuevo modo de construir, planificar la ciudad y habitar los edificios para optimizar los recursos y aumentar la comodidad de los vecinos.

Aunque esta forma de vida es todavía reciente en España, su origen se remonta a los años 60 en los países nórdicos, de donde pasó a Estados unidos en los 80. A medio camino entre la contracultura y la Nueva Era, el cohousing es, según sus promotores, una experiencia vital que comienza en el momento mismo de planificar el espacio común.

El primer paso sería la creación del grupo de personas que, por compartir unas mismas necesidades o un estilo de vida, deciden vivir juntas. Posteriormente se desarrollaría el diseño de las viviendas y de los espacios compartidos según las necesidades colectivas e individuales. Por último, es imprescindible que los vecinos se impliquen en la gestión de los servicios comunes.

Entre otros casos estudiados en Cohousing. Esperienze internazionali di abitare condiviso se encuentra la comunidad de Champlain Valley. Un pequeño pueblo cohousing construido en Vermont, Estados Unidos. Esta comunidad cuenta con doce casas construidas alrededor de un gran parque central.

Tienen un sistema de autogobierno a través del cual deciden cosas como que una importante extensión de terreno sea no urbanizable. La razón es respetar la vida salvaje y los corredores ecológicos. También han decidido que los automóviles no puedan aparcarse dentro de la zona residencial e incluso organizan las tareas colectivas. Las tierras, explotadas en régimen de cooperativa, producen alimentos que son compartidos por la comunidad, que también se encarga del cuidado de los ancianos y los niños.

Más cerca que Vermont está el edificio de la Calle navas de Tolosa 310-312 de Barcelona, también construido según la filosofía cohousing a iniciativa del Patronat Municipal de l’Habitatge de Barcelona. Diseñado por el estudio Onl, el edificio de ocho plantas tiene viviendas de unos 40 metros cuadrados para jóvenes y ancianos. Además de una lavandería y una terraza común con huertos urbanos, el edificio cuenta con un centro cívico abierto tanto a los residentes como a los vecinos de la zona.

En el ámbito privado opera LivingCohousing. Una empresa que se dedica a construir complejos de cohousing según tres perfiles de moradores: senior, familias y salud. El primero está destinado a personas de edad avanzada; el segundo, a familias que busquen un buen entorno para la crianza de sus hijos; el tercero, para personas que sufren algún tipo de dependencia o enfermedad.

En este momento, LivingCohousing está desarrollando sus proyectos en la Comunidad de Madrid, Valencia, Murcia y Castilla la Mancha. Todos son familias y senior. Ninguno de salud.

En Cohousing. Esperienze internazionali di abitare condiviso de Jacopo Gresleri se afirma que esta nueva forma de vida tiene todavía un alcance muy limitado. Por ahora no ha aportado nuevas soluciones a la arquitectura o al urbanismo y la organización espacial de la ciudad, sin embargo, «no se sabe cuánto se puede extender en el futuro».

Por esa razón, el estudio afirma que, el hecho de sea un fenómeno «minoritario, no quiere decir que no deba prestarle atención y ayudarle a desarrollarse. Al fin y al cabo, el cohousing da respuesta a los problemas de la sociedad contemporánea y a la necesidad de conseguir alojamientos adecuados».